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La Horqueta: 18 años en busca de la verdad

La violencia que azotaba el país en la década de los noventa era para muchos un simple rumor de radio que no llegaría nunca a las principales ciudades ni a sus municipios aledaños. Sin embargo, el 21 de noviembre de 1997, a tan solo 100 km de Bogotá, cerca de 30 hombres del Bloque Élmer Cárdenas, asesinaron a 14 campesinos en el caserío La Horqueta, en el municipio de Tocaima. Una vez en el pueblo, los paramilitares registraron varias casas, sacaron a sus ocupantes y, después de atarlos y amordazados, les dispararon a quemarropa. Dos víctimas eran menores de edad. A raíz de estos hechos se desplazaron forzosamente cerca de 200 personas hacia Bogotá y municipios cercanos.

La muerte llegó desde Urabá
  • El anuncio de una tragedia

    Como era costumbre, el 21 de noviembre Ángela se levantó muy temprano para comenzar con las labores en su finca, ubicada en la vereda de Zelandia, a cinco minutos de La Horqueta. Eran las 5:30 de la mañana y su perro Wicho empezó a ladrar, como anunciando una tragedia. En ese instante entraron a su finca tres hombres encapuchados que se presentaron como miembros del Ejército Nacional de Colombia. Su esposo salió de la habitación. Después un forcejeo, los hombres lo amarraron como una supuesta medida de prevención.

    "Estaba un poco asustada, pero confiaba en que no eran malas personas. Les ofrecí tinto y me dijeron que si podía hacerles sancocho de almuerzo para aproximadamente 50 personas. Ese día tenía una cita a las ocho de la mañana con mi vecina Magola y su esposo Ricardo. Al ver que yo no llegaba, ellos decidieron subir a la finca. Los supuestos militares amarraron a Ricardo y le preguntaron por su hermano. Como no quiso contestar le pegaron y lo trataron mal, después lo dejaron junto a mi esposo, y a Magola la mandaron a la cocina para que me ayudara. Ya todos sabíamos que no se trataba del Ejército". (Testimonio de sobreviviente, La Horqueta, 2014)

  • La llegada de los 'paras'

    Los paramilitares encerraron a sus tres hijos en la habitación mientras su esposo seguía amarrado y custodiado. Efraín Homero, uno de los ‘paras’ a cargo, vigiló a las mujeres mientras preparaban el almuerzo.

    "En un momento, este hombre, al que le decían ‘Homero’, se sentó en una butaquita, estaba temblando mucho y yo le pregunté que si tenía sed y me dijo que sí. Le pasé un poquito de caldo y le dije que se lo tomara para que la tembladera se le pasara. Solo me miraba y de su boca no salía una palabra". (Testimonio de sobreviviente, La Horqueta, 2014)

    Cuando el sancocho estaba listo un hombre le ordenó a Ángela que sirviera en ollas para que pudieran comer en grupos, en ese momento había aproximadamente 50 paramilitares. Cuando terminaron de comer una parte del grupo se dirigió a la vereda de la Horqueta.

  • El combate

    Los paramilitares que se quedaron, amarraron a Magola y a Ángela y las bajaron a la carretera junto a sus esposos y otros vecinos. Magola comenzó a gritar diciendo que estaba embarazada, los paramilitares la soltaron y la dejaron encerrada con los hijos de Ángela. En ese instante, venían bajando en moto los hermanos Burgos, a ellos también los amarraron. Ellos eran los más pequeños de ese grupo, uno tenía 16 y el otro 18.

    Cerca del Telecom de la vereda había otro grupo de paramilitares señalando a unos habitantes, los amarraron y los tiraron al piso. En ese instante se escuchó un tiroteo. Varios testimonios de desmovilizados y sobrevivientes sugieren que fue un enfrentamiento entre la guerrilla y los paramilitares. En medio del combate murió el jefe paramilitar, Luis Carlos Mercado, alias ‘Pantera’.

    Un ‘para’ del grupo vio el cadáver de ‘Pantera’ subió a Zelandia para anunciar la muerte y dar la orden de asesinar a todas las personas que estaban amarradas. “Hijueputas, hijueputas, mataron a Pantera, maten a todos esos hijueputas. Metan una bomba y acaben con todo”, dijo uno de los paramilitares a cargo, según testimonios de algunos sobrevivientes.

  • La muerte

    "Cuando ese señor dijo eso, yo solo pensaba en mis hijos, no podía hacerme a la idea que se quedaran solos. Por eso tomé la valentía de rogarle a 'Homero' que me dejara libre. Él habló con uno de los comandantes y le explicó la situación. No sé cómo se apiadaron de mí y me soltaron. No alcancé a caminar más de un metro cuando se escuchó otro tiroteo más cerca. El paramilitar me amenazó con matarme si volteaba a mirar, traté de correr, pero las piernas no me daban. Caminé muy despacio mientras escuchaba los gritos y las balas que le quitaron la vida a mi esposo y amigos". (Testimonio de sobreviviente, La Horqueta, 2014)

    Después de la masacre muchas víctimas tuvieron que abandonar sus fincas. Según cuenta Ángela, un camión los transportó hacia Tocaima. De camino todavía se escuchaba un tiroteo intenso, ella trató de ir a donde había dejado a su marido con la esperanza de que estuviera vivo, pero se dio cuenta que todavía había presencia de paramilitares. Un día después de la masacre Ángela, Magola y otras víctimas recibieron el cuerpo de sus seres queridos. Al igual que Magola y Ángela más de 30 familias tuvieron que desplazarse a otras ciudades.

Justicia

A noviembre de 2015, 18 años después de la masacre de La Horqueta, ha habido algunos avances en justicia. A partir de testimonios de desmovilizados se ha logrado esclarecer, en parte, la forma en que sucedieron los hechos y se ha condenado a varios de los responsables. Sin embargo, varios procesos siguen abiertos y las víctimas sienten que la justicia no es suficiente y sigue habiendo impunidad.

En 2014, el Tribunal Superior de Justicia y Paz de Medellín condenó por autoría material a Efraín Homero Hernández Padilla alias ‘Homero’ y por línea de mando a Elkin Jorge Castañeda Naranjo. Fredy Rendón Herrera, alias ‘El Alemán’, quien era el máximo jefe del Bloque Elmer Cárdenas, reconoció los hechos y está a la espera de recibir una condena dentro del proceso de Justicia y Paz por esta masacre y otros crímenes. (Ver sentencia)

No obstante, Alias ‘El Alemán’ ya cumplió la condena máxima de ocho años que estipula la Ley de Justicia y Paz, y aun, cuando el tribunal de Justicia y Paz dicte una nueva sentencia, el exparamilitar seguirá en libertad.

La presunta colaboración de miembros del Ejército Nacional con la que contaron los paramilitares fue uno de los mayores avances que se logró en el proceso. En su testimonio, Efraín Homero Padilla, alias ‘Homero’, afirmó que miembros del comando del Ejército ubicado en La Mesa, Cundinamarca, los transportaron, les dejaron usar parte de las instalaciones, les brindaron uniformes, armamento y hasta les sirvieron de guías para llegar al caserío.

Respecto a la participación de militares, uno de los puntos más polémicos y reveladores fue la investigación que la Fiscalía abrió en contra del general Alejandro Navas Ramos. Esta, pretende establecer una comisión especial dentro de la entidad que se encargue de determinar la posible participación que tuvieron miembros del Ejército a su cargo en la masacre de La Horqueta.

Cabe señalar que por esa época operaba en el municipio de Tocaima la Unidad Militar No. 28, adscrita al Batallón Miguel Antonio Caro, en el que presuntamente se le entregó armamento y uniformes a los paramilitares. Seis meses antes de la masacre, la comandancia de dicho batallón quedó a cargo del entonces coronel Alejandro Navas Ramos, quien fue comandante general de las Fuerzas Militares entre el 2011 y el 2013.

"Lo que pedimos es que se nos diga la verdad, que se investigue al General Navas, porque si él era el comandante, él debe saber por qué se mandó a hacer esta masacre". (Testimonio de sobreviviente, La Horqueta, 2014)

Además de la investigación en contra el general Navas, este proceso arrojó una larga compulsa de copias en contra de miembros del Ejército y civiles sobre las que la justicia militar y la justicia ordinaria no ha tomado decisiones. “Ojala la justicia ordinaria no duerma el sueño eterno y tome decisiones jurídicas que lleven a la resolución de este caso”, señaló Juan Guillermo Cárdenas, magistrado ponente de esta sentencia de Justicia y Paz.

A la fecha no se conoce decisión judicial contra militares, pese a la gestión del tribunal de Justicia y Paz. No obstante, en la sentencia se enuncia “hemos de recordar que las Fuerzas Militares son las llamadas a proteger, salvaguardar la vida, honra y bienes de los ciudadanos, contrario a lo ocurrido en dicho municipio, donde ayudaron a masacrar la población civil. Indica igualmente la togada que, aun no se conoce con certeza los motivos de este desplegar ilícito,[...] que desintegró vidas y familias, sin protección alguna por parte del Estado y tan sólo después de 16 años, las víctimas exigen el reconocimiento de sus derechos, dignidad, investigación pronta, seria y eficaz”.

Actualmente, el Tribunal Superior de Justicia y Paz de Medellín se encuentra trabajando en una segunda sentencia con la que pretende aclarar las circunstancias por las que un grupo de por lo menos 22 paramilitares se desplazó más de 850 kilómetros desde Necoclí hasta La Horqueta para cometer una masacre, y luego abandonar la zona. Por otra parte, dicho Tribunal busca esclarecer el por qué presuntamente los paramilitares recibieron armas y apoyo logístico en un batallón a cargo del actual general Navas Ramos.

Una verdad incompleta

Gracias a los testimonios de las víctimas y de los desmovilizados que testificaron sobre la masacre de La Horqueta se ha podido establecer, en parte, cómo sucedieron los hechos.

Según lo declarado por el exparamiltiar Hernandez Padilla la masacre de la Horqueta fue ordenada desde la ‘Casa Castaño’ en el Urabá antioqueño a través de Fredy Rendón Herrera, alias ‘El Alemán’ y José Abel Bermúdez Murillo, alias ‘El negro Andrés’.

Hernandez Padilla cuenta que a finales de 1997, mientras que se encontraba en Necoclí, Antioquia, recibió la orden de enviar un grupo de combatientes a Medellín. El traslado se hizo por tierra en cuadrillas de cuatro a cinco personas, primero hasta Montería y luego a hasta la capital antioqueña. Cuando llegaron a la terminal de transportes, un hombre les entregó dinero y los remitió en bus inmediatamente a Bogotá donde se instalaron en unas residencias en el centro de la ciudad.

Luego de cinco días en la capital, el 20 de noviembre de 1997 los paramilitares fueron enviados a la Mesa, Cundinamarca donde los recibió Luis Carlos Ramírez Mercado, alias ‘Pantera’. Les informó que el objetivo de la ‘misión’ consistía en “neutralizar un supuesto accionar guerrillero” asentado en el caserío de la Horqueta.

Esa noche, un camión del Ejercito Nacional recogió a los paramilitares y los llevó a una base militar, presuntamente la misma que comandaba el entonces coronel Navas, ubicada en el municipio de La Mesa. Allí les fueron entregados camuflados militares sin distintivos y armamento, granadas de fragmentación, fusiles AK47, M16 y M7, transportados presuntamente desde Urabá. Hernandez Padilla afirma que para pasar desapercibidos en el cantón militar se indicó que eran miembros de las fuerzas especiales.

"Cuando nos embarcan en el camión no nos dicen para dónde vamos, y salimos de La Mesa, hicimos un recorrido de 15 minutos aproximadamente y llegamos a unas instalaciones del Ejército, parecido a un batallón. El comandante de guardia le pregunta al chofer ¿quiénes van? Y él contestó que todos éramos del Ejército, ‘Pantera’ venía con él en la parte de adelante. Ya en el batallón de La Mesa, nos formaron en una especie de plaza de armas. Luego entró un carro tanque con insignias de ‘Proleche’ y nos entregaron fusiles, un lanzagranadas M79, granadas de fragmentación. Pues uno conoce el don de mando, porque yo fui reservista de la infantería de marina, y sé que los que estaban ahí eran comandantes, pero no vi los grados, ni los apellidos, porque no tenían insignias puestas en ese momento". (Testimonio de Efraín Homero Hernández Padilla, Sala de Justicia y Paz, 2013)

Luego de uniformarse y armarse los paramilitares fueron guiados por varios soldados hasta una finca ubicada a diez minutos del Corregimiento de La Horqueta, que fue el punto de partida del mayor acto de violencia que ha sufrido esta comunidad.

La llegada de Pantera a La Horqueta

Momentos antes de que se perpetrara la masacre, Luis Carlos Mercado, alias ‘Pantera’, murió en extrañas circunstancias. En el momento de su asesinato se encontró en su pantalón dos cédulas y una lista de nombres de las personas que fueron amordazadas ese día.

Aún no existe una verdad absoluta sobre la llegada de ‘Pantera’ a La Horqueta. Sin embargo, algunas víctimas afirman que vieron a Mercado dos meses atrás de que ocurriera la masacre. Según el testimonio de un habitante, Mercado siempre se presentó como Pedro Palomeque y afirmaba que era administrador de una hacienda en la vereda.

Otro punto que aún sigue sin aclarar, es que dentro del proceso de Justicia y Paz no se ha tomado en cuenta una sentencia de la justicia ordinaria, del año 2001, en la que el Juzgado Primero Especializado de Cundinamarca condenó en primera instancia a un hacendado de la zona y uno de sus empleados, por ser supuesto coautor intelectual de la masacre. Según el juez que falló esta condena, el grupo paramilitar fue contratado como “medida de retaliación por las extorsiones que ganaderos estaban recibiendo por parte del frente 42 de las Farc”.

La Fiscalía, en su momento, acusó a este hacendado de ser un narcotraficante antioqueño que había llegado a esta región de Cundinamarca comprando tierras para su negocio de cría de caballos. En un correo electrónico, la Embajada de los Estados Unidos envió información de esta investigación al departamento de Estado, en la que advertía de la presunta relación con el acusado en el negocio de tráfico de droga. (Ver documento)

Según un reporte de prensa del año 2000, Hugo Carbonó, juez que condenó al hacendado y a su empleado, denunció ante la Fiscalía persecuciones por parte de los condenados. Carbonó temió por su seguridad después de dictar el fallo condenatorio en contra de estos dos hombres.

Uno de los hechos más inusuales, es que los paramilitares dejaron la zona inmediatamente después de cometer la masacre, cuando la mayoría de estos crímenes estaban ligados a la expansión y al control territorial. Los paramilitares llegaban, atacaban y se asentaban en la zona.

“Para entender un caso tan extraño como el de La Horqueta hay que entender que las masacres y sus finalidades cambiaron en el tiempo del conflicto armado. En los 90 la guerra paramilitar fue una guerra por el control del territorio; los ‘paras’ perpetraban la masacre como el acto inaugural de la llegada a una zona. Siendo esta una incursión paramilitar que vino desde el Urabá es muy extraño que no haya habido un intento de consolidación en el territorio. Que atacaran y no se quedaran era muy raro. Cuando sucedía era porque en ese entorno ya había un dominio paramilitar y en este caso no parece haber ninguno. Otra hipótesis, es que al haber caído ‘Pantera’, la cabeza de esta operación, el resto de ‘paras’ se pudieron haber echado para atrás al ver que las redes que este había formado se intimidaron y con esto quedaban muy desprotegidos”. Señaló Andrés Suárez, investigador del Centro de Memoria Histórica.

Según los hechos narrados en la sentencia, Luis Carlos Mercado alias ‘Pantera’ llegó a la hacienda haciéndose pasar como administrador e inseminador de toros. Sin embargo, en el tiempo que estuvo allí otros trabajadores de la hacienda dijeron que no lo vieron realizando estas actividades. El dueño de la finca se defendió, afirmando que nunca lo había visto ni tenía un control de sus trabajadores.

Otro argumento que tenía el hacendado y su colaborador era que el cuerpo encontrado en la vereda no pertenecía a su trabajador. Sin embargo, Medicina Legal confirmó que sí se trataba del cuerpo de Mercado. De los antecedentes más relevantes que se conocen de Mercado es que fue representante legal de la Convivir La Palma, en San José de Urabá. Empresas de seguridad creadas a mediados de los noventas que fueron el comienzo de la expansión paramilitar en el país. Muchos integrantes y representantes de estas organizaciones pasaron a formar parte de los bloques paramilitares como el Elmer Cárdenas.

Después de que se condenó al hacendado y su trabajador por coautoría en la masacre, los imputados apelaron, y en segunda instancia el Tribunal Superior de Cundinamarca los absolvió de la pena de 53 años a los dos acusados. Rutas del Conflicto solicitó en repetidas ocasiones al Tribunal y al Juzgado una copia de dicha sentencia para indagar sobre las razones por las que fueron absueltos, pero nunca les fue entregada.

Reparación

El día siguiente a la masacre, Ángela y el resto de los sobrevivientes recibieron los cuerpos de sus familiares. La Cruz Roja les entregó un mercados, colchones y cobijas. Dos años más tarde, varias de las víctimas recibieron dinero de la Red de Solidaridad. Sin embargo, fue solo 16 años después de los hechos que comenzó un proceso legal para la reparación de las víctimas.

En 2014, el Tribunal Superior de Justicia y Paz de Medellín dictó una sentencia en la que se condenaba a los excombatientes del desmovilizado Bloque Elmer Cárdenas a reparar a las víctimas directas e indirectas de la masacre de La Horqueta, con una indemnización superior a mil millones de pesos.

Varias personas ya recibieron su indemnización, sin embargo, Ángela junto con otras víctimas solo han recibido una cuarta parte, a lo que el Fondo para la Reparación de las Víctimas argumenta que ya pagó hasta los límites establecidos por la Ley.

La representante legal de estas víctimas interpuso un recurso de reposición de resolución de pago y se encuentran a la espera de una respuesta.

Otra de las medidas de reparación que ordenó la sentencia fue la creación de una placa conmemorativa con los nombres de las víctimas de la masacre de La Horqueta, con el fin de restablecer su dignidad frente a la comunidad. El pasado 15 de noviembre, en la plaza principal de Tocaima se inauguró y se leyó públicamente esta placa. “La reparación llegó demasiado tarde pero bueno, cumplió. La Gobernación y Justicia y Paz hicieron su parte”. Dijo Miriam Burgos, hermana de dos de las víctimas.