Memorias de un volcán que fue glaciar

POR: Marcela Vallejo Quintero, Valentina Muñoz Zuñiga, Isabella Rendón Barros, Alejandra Cardona Mayorga / MEDIATÓN #TIERRAPODEROSA CHICAS PODEROSAS.

En el siglo XX desaparecieron en Colombia 8 glaciares. El primero de ellos fue el del volcán Puracé. En nuestro país aún quedan seis nevados, pero se prevé que también desaparezcan. Esta es la historia del volcán  que surtió de hielo el Cauca.

 

 


Los glaciares
  Mónica Quevedo Hernández.

Crédito:  Mónica Quevedo Hernández.

Lo más probable es que cuando usted escucha la palabra glaciar piensa en casquetes de hielo en los polos. Grandes masas de agua congeladas. Paisajes con muchas tonalidades de blancos y azules. Icebergs que se están fragmentando. Quizás hasta lleguen a su mente imágenes de pingüinos y osos polares.

En ese caso, le sorprenderá saber que en un país como Colombia, tan lejos de los polos, tan tropical, hay glaciares. Y no solo eso, en Colombia han desaparecido glaciares. Es posible que usted aún no salga de su estupor ¿glaciares en Colombia? Sí, en la alta montaña de varios países del mundo hay glaciares. Se trata de masas de hielo en movimiento ubicadas en las partes más altas de sistemas montañosos de gran altitud. Dependen de manera directa de las condiciones climáticas y atmosféricas, y eso hace que esas masas de hielo tengan comportamientos muy dinámicos en el tiempo.

Los glaciares tropicales, también conocidos como ecuatoriales por su ubicación geográfica, son muy raros y especiales. En el mundo solo se encuentran en Suramérica: en Colombia, Ecuador y Venezuela; en África: en Tanzania, Uganda y la República del Congo, y en Oceanía: en Nueva Guinea. En nuestro país aún quedan seis glaciares en las sierras nevadas de Santa Marta y del Cocuy, y en los volcanes nevados Ruíz, Santa Isabel, Huila y Tolima.

 

Según diversos investigadores, gracias a los glaciares los científicos han podido monitorear e identificar de manera más clara el avance del calentamiento global. La noticia, sin embargo, es triste, porque eso ha podido saberse por el derretimiento de las masas de hielo que los conforman. En el caso de los glaciares ecuatoriales, esto ha sucedido a una velocidad mucho más rápida. Y es preocupante porque ellos tienen un papel muy importante en la regulación del clima, pero también y, sobre todo, son fundamentales en su aporte hídrico a los ríos que nacen en la alta montaña. 

El movimiento y la dinámica que viven los glaciares consiste en un, ideal, estado de equilibrio entre el congelamiento del agua y su descongelamiento. Esto hace que ellos estén en movimiento alterando los paisajes en los que están asentados, pero también alimentando con las aguas que los conforman lagunas y ríos de alta montaña. Además, son el límite natural de los páramos en su parte más alta.


Crédito: TOMO XII Páramo de Santa Isabel. Estado del Tolima. 5.100 m. Nevados de Colombia N° - Banco de la República.

 

En Colombia, se prevé que el próximo glaciar extinto será el del volcán Santa Isabel, y que eso tomará aproximadamente 10 años.

 

 

Cuando un glaciar como los nuestro desaparece, se lleva consigo una de las fuentes hídricas de los nacimientos de agua de las montañas. Pero también hace que aparezca el paramillo o súper páramo, una zona de transición entre el páramo y las, también llamadas, nieves perpetuas, que con el descongelamiento van desapareciendo. A medida que aparece este nuevo ecosistema, el páramo va subiendo en altura, y conquistando otros territorios; pero, al mismo tiempo, corre el riesgo de perder área pues la parte más baja se ve expuesta a la colonización agraria que, en últimas, implica talar la vegetación paramuna con el objetivo de ganar terreno para ganadería y agricultura.

Crédito:  Mónica Quevedo Hernández.
 

II
Los desaparecidos
 

Durante el siglo XX en Colombia desaparecieron 8 glaciares. El primero de ellos fue el del volcán Puracé. Son varios los elementos que entran en juego en la desaparición de un glaciar: el aumento de la radiación solar, el cambio de color del hielo, que las masas de hielo estén a una altitud menor a los 5000 metros sobre el nivel del mar y la reducción de la precipitación de lluvias. Probablemente, en el caso del Puracé todas esas causas se unieron haciendo que para 1940, el volcán ya no contará con hielo.

Los glaciares también son importantes porque son elementos particulares y especiales del paisaje tanto físico como cultural. En los alrededores del volcán Puracé, incluyendo a Popayán, así como en otros glaciares, la gente recuerda cuando el hielo se traía de las altas cumbres, llegaba a la ciudad cubierto de hojas de frailejón y paja del páramo para que no se derritiera. Aún hay quienes recuerdan cómo con esos bloques de hielo se preparaban helados de paila, o se raspaba para hacer el famoso salpicón de Baudilia (ver crónica al final de este especial).

Crédito:  Libro Historias y leyendas del Volcán Puracé, Germán Puerta.
 

Es decir, no se trata únicamente de masas de agua congelada, se trata también de componentes importantes del paisaje cultural. 

Crédito:  Mónica Quevedo Hernández.

 

III
El Monstruo de la Cabeza Brillante 
 

En la cosmovisión indígena andina hay también una explicación para la desaparición de los glaciares. Franz Faust, etnólogo alemán radicado en Colombia y experto en cultura andina, desde esta visión de mundo, el cosmos está dividido entre lo manso y lo bravo, entre lo frío y lo caliente. Los glaciares, el hielo, y la zona del páramo y de la parte alta de las montañas, hacen parte de su bravura. Dicen los campesinos e indígenas de la zona, que el glaciar desapareció porque fue amansado, es decir, a medida que las personas subieron, caminaron sobre él, cortaron el hielo, en cuanto más lo habitaban, con su presencia fueron amansando la bravura de la montaña. Y con ese amansamiento el hielo se derritió y desapareció. A largo, plazo, según esta cosmovisión tiene que darse un evento que reajuste el equilibrio entre lo manso y lo bravo. 

Esta idea coincide con el pensamiento científico occidental, pues una parte importante del equilibrio entre congelamiento y descongelamiento tiene que ver con la capacidad del glaciar de reflejar la radiación solar que incide sobre él. En cuanto el hielo logra mantener esa capacidad, llamada albedo, evita que el calor producido por la luz solar derrita la masa congelada. Pero si el hielo cambia de color y se oscurece no puede reflejar la luz y tiende a derretirse más rápidamente. Esto puede deberse a la caída de cenizas volcánicas, en el caso de estar localizado en un volcán, pero también al ‘ensuciar’ el hielo con tierra o barro. 

El amansamiento del que hablan los andinos, también tiene que ver con la presencia y habitación del ser humano en ese tipo de paisajes y el resultado de esa presencia. Para los científicos, esa también es una causa importante de la desaparición de los glaciares y tiene que ver directamente con el calentamiento global. Si bien hay tendencias globales climáticas que hacen parte de la historia natural de nuestro planeta, también es importante saber y reconocer que esas tendencias se han agudizado desde el desarrollo industrial, el aumento de la población global, el consumo de combustibles fósiles y el maltrato de paisajes como los glaciares.

Los glaciares van a desaparecer y eso es inevitable. Podemos desacelerar la desaparición de los glaciares cambiando de hábitos y exigiendo políticas ambientales más coherentes. En algunos lugares, como Suiza, el Estado ha financiado iniciativas como la de cubrir las masas de hielo con telas para evitar que pierdan su albedo y así retrasar su derretimiento. 
También es cierto que cada uno puede poner de su parte, pero si las grandes emisiones de gases no se reducen no habrá mayores cambios. Greta Thunberg en su discurso ante la ONU daba datos concretos basados en estudios de organismos como el Panel Intergubernamental de Cambio Climático, IPCC, el aumento de la temperatura global no solo implica el derretimiento del hielo, sino una extinción masiva de la cual estamos siendo testigos y además, en pocos años, seremos víctimas. 

 

Crédito:  Mónica Quevedo Hernández.

 

IV
El salpicón de Baudilia: los hielos del Puracé
 

Por: Isabella Rendón Barros
 

Pocos saben que la delicia del helado, ese postre congelado capaz de endulzar hasta los días más grises y de refrescar épocas de verano, nació de la nieve de los volcanes, cuando eran aún glaciares y se adornaban en sus cumbres con mantos blancos. El Puracé, que fue glaciar hasta 1940, regaló a los habitantes de Popayán un tesoro gastronómico que permanece en el centro de los recuerdos: el salpicón de Baudilia.

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A don Vicente, uno de los propietarios de Mora Castilla, un restaurante de comida típica payanesa, le contó un señor de más o menos 84 años, cliente del local que solamente se dejaba atender por él, que la botica de Popayán quedaba donde hoy es el almacén Tierra Santa, y que el dueño tenía ahí un cuarto frío, enorme, de paredes blancas, “la nevera de Popayán”, le decían. 

Al local  entraban caballos y mulas a descargar los bloques de hielo, cada uno cargaba dos. Vicente cuenta que “Mi suegra era muy allegada a los Valencia y me contaba que eso eran 110 o 120 mulas que llegaban a los portones cargadas con hielo, en la casa del maestro Valencia, el poeta”. Esos hielos se guardaban en el cuarto frío.

La tradición cuenta que en el siglo XVIII, mucho antes de la invención de las neveras actuales, uno de los oficios más prósperos consistía en extraer nieve y hielo para venderlo en la ciudad. Hielo que se transportaba en un habitáculo de madera, recubierto de sal y aserrín y  proveniente del majestuoso Volcán Puracé. 

De raspar este hielo, agregar mora de castilla, guanábana y lulo surgió el “salpicón de Baudilia”, una mulata descendiente de una familia de esclavos. Este manjar llegó al paladar de Simón Bolívar y cuentan en Popayán que se convirtió en su mecato favorito cuando visitaba o visitó la ciudad Blanca.

“Existe un verso de la historia, cuyo protagonista, de apellido Alvarado, era un hombre poco trabajador, bebedor empedernido y dependiente del producido de su mujer con los helados batidos en paila de cobre. Como el hielo lo bajaban enruanado del volcán Puracé, entonces el verso decía ‘mientras el volcán neve, Alvarado bebe’”. Historias como estas se cuentan alrededor de esas nieves que caían del volcán.

La receta del salpicón y de los helados de paila, de mora y leche, pasó por cuatro generaciones de mujeres que la atesoraron hasta llegar doña Zoraida de Lemos, bisnieta de Baudilia, que fundó la “Heladería de Baudilia”, ubicada en el casco urbano de la ciudad, en la carrera 5ª con calle 3ª esquina, donde actualmente funciona el café Madeira.

Don Vicente cuenta que “en esa época la gente salía al parque y pasaba por su salpiconcito, con mi esposa éramos novios y pasábamos por ahí, a uno se le iba volviendo costumbre”. Él es de Pasto, llegó a Popayán a completar sus estudios en Ingeniería Civil trasladado de la Universidad de Nariño que solo tenía hasta quinto semestre, y en ese lugar probó el salpicón.

“Se dice que payanés que se respete, o visitante asiduo de la ciudad, disfrutó de los helados de paila o del salpicón, pues también era el sitio de reencuentro de todos aquellos que algún día salieron del país y que cada dos o tres años regresaban a su natal Popayán. "Vamos donde Baudilia", era una frase recurrente en ellos, que pretendían en una semana, grabar de nuevo en su memoria y en el paladar, el delicioso sabor del salpicón o de las cremas de leche, mora y maracuyá. También de los norteamericanos y europeos que con curiosidad llegaban al pequeño local y se enamoraban del sabor inigualable de los helados”, cuenta Yolanda Ramírez en un artículo para El Liberal.

Doña Zoraida cerró la “Heladería Baudilia” y con ella la tradicional fórmula quedó reservada para siempre como secreto familiar, protagonista de infinitas historias en la vida de la ciudad y de sus habitantes. Muchos creen que aunque los intentos por recuperar el salpicón y los helados sean muchos, "como los de Baudilia nunca habrá otros".

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“Hace 10 años mi esposa quería poner un negocio y vender el salpicón de Baudilia, yo me acordaba cómo era el sabor, pero de ahí a saber cómo hacerlo era diferente. Entonces nos pusimos horas y horas ensayando, sentíamos que le faltaba algo, le subíamos, le bajabámos, llegó un momento en que todo lo anotábamos porque no íbamos a tener una respuesta. En un momento probamos y dijimos ese es”, cuenta el propietario de Mora Castilla.

Los familiares de Vicente y su esposa probaron el experimento producto del ensayo-error, y también su familia y el impacto que produjo les dió la respuesta que buscaban. Así nació Mora Castilla. “En ese momento empezamos a buscar la historia. Lo único que no tiene nuestro salpicón es que Baudilia en épocas de verano, en agosto más o menos, le adicionaba piñuela, pero ya es muy difícil conseguirla, eso lo sabemos por mi suegra que era adicta a los salpicones”.

El antes glaciar Puracé, hoy volcán, brindó a los payaneses el hielo ideal para preparaciones como el salpicón y los helados, un milagro antes de la refrigeración y que endulzó la vida de toda una generación que lo preparó y de quienes lo consumieron. El hielo del Salpicón de Baudilia hoy proviene de las neveras y refrigeradores, pero el recuerdo de los hielos del volcán permanecerá para siempre en la memoria de la ciudad y sus habitantes.

 

Créditos

Ilustraciones: Mónica Queveo Hernández.
Textos, video y audios: Marcela Vallejo Quintero, Valentina Muñoz Zuñiga, Isabella Rendón Barros y  Alejandra Cardona Mayorga.
Ilustraciones antiguas tomadas de: Libro Historias y leyendas del Volcán Puracé, Germán Puerta.

Nota al pie: Este reportaje fue realizado durante el Mediatón #TierraPoderosa de Chicas Poderosas, donde 100 mujeres que trabajan en medios se reunieron en Popayán, Colombia, para crear proyectos colaborativos multimedia, con el apoyo de Open Society Foundations, SIDA, Google News Initiative, Meedan, Check, y el programa de Comunicación Social de la Fundación Universitaria de Popayán. Para ver los otros proyectos creados en la Mediatón, visita este link bit.ly/tierrapoderosa