"Vándalo”: el mito de los universitarios en la protesta

Los estudiantes que protestan son vándalos y terroristas. ¿Mito o realidad? A propósito del paro nacional que inició el pasado 21 de noviembre, en Rutas del Conflicto queremos hacerle un fact checking al tema de cómo llamar a aquellos que marchan.

Los medios de comunicación, las redes sociales y las conversaciones del día a día han puesto en la opinión pública la recurrente cuestión de cómo llamar a aquellos que marchan. Vándalo, terrorista, comunista y hasta guerrillero son algunos de los adjetivos comunes en muchos comentarios, no solo del ciudadano de a pie, sino también de personalidades políticas de gran influencia en Colombia. Al realizar una búsqueda en Twitter con los trinos del último mes que contengan las palabras vándalos, estudiantes y paro nacional juntas, aparecen alrededor de 203 resultados en tan solo el último mes.

¿De dónde sale el mito y cómo se evidencia en el paro actual?


Federico Lenis es un joven que salió a marchar en apoyo al paro agrario en agosto de 2013. Durante una de las protestas, tenía su cámara fotográfica para registrar el evento. De repente, una granada de gas lacrimógeno lanzada por un agente del Escuadrón Móvil Antidisturbios, ESMAD, impactó la parte baja de su rostro. Todo quedó registrado en un video que pronto se viralizó en internet.

 

Federico estaba en primer semestre de Finanzas y Comercio Exterior en la Universidad de La Salle, pero tuvo que retirarse para someterse a un procedimiento de reconstrucción de una parte de su rostro y una incapacidad de más de seis meses. Empezó de nuevo en 2014 estudiando publicidad. Hoy, dice que lo que le sucedió es culpa del mito, del estigma. “Por lo que venden algunos medios y gobernantes, los que no marchan creen que en una protesta todo es vandalismo. Venden ese concepto para hacer olvidar los verdaderos motivos de la protesta. Por eso creen que “vándalo” es todo el mundo, el que camina, el que canta...y no es así, somos jóvenes que queremos un país mejor”, le contó en una entrevista a Rutas del Conflicto.

Para esa misma fecha, la Policía en cabeza del entonces comandante Rodolfo Palomino señaló a varios estudiantes con nombre propio de pertenecer a un “cartel de vándalos”, que coordinaban los disturbios. Uno de los estudiantes señalados fue Jorge Alejandro Ospina Cogua, cuya fotografía apareció expuesta por la Policía junto a la de otros jóvenes en supuesto cartel. Dos meses después, de las protestas del 2013, un juez ordenó a la Policía General retirar las imágenes de los estudiantes y la Fiscalía afirmó que no tenía ninguna orden de captura a nombre de Ospina.

Federico se siente identificado con el caso de Dilan Cruz, el joven de 18 años que falleció el pasado 25 de noviembre luego de recibir el impacto de una recalzada, proyectil de las armas menos letales utilizadas por el ESMAD, pues Lenis estaba a un mes de cumplir 18 años cuando fue herido por la granada de gas. “Somos personas que no le estábamos haciendo daño a nadie, y lo peor de todo es que nos señalan como vándalos. Marchamos por lo que necesita el país. No es cosa de clases sociales, religión, universitario o no”, concluye Federico.

El abogado Óscar Ramírez, de la Campaña Defender la Libertad, red de organizaciones contra la detención arbitraria, abuso policial y criminalización de la protesta social en Colombia, asegura que durante el paro estudiantil de 2018, “le preguntaban a los jóvenes ¿usted es estudiante? Si decía que sí, lo retenían automáticamente, sin verificar nada más” en Bogotá, le afirmó a Rutas del Conflicto.

La Campaña Defender la Libertad publicó un boletín que expone los 27 allanamientos realizados a jóvenes vinculados a colectivos artísticos, medios de comunicación alternativos y movimientos sociales el pasado 19 de noviembre en Bogotá y Soacha, dos días antes de comenzar el paro. Según la Procuraduría General de la Nación, de los 27 allanamientos, 10 fueron declarados ilegales por un juez a causa de vicios en los procedimientos y no tener todos los requerimientos de ley para su desarrollo . Entre los elementos incautados estaban afiches, pinceles y pinturas. La Ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, aseguró en entrevista con La W Radio que los allanamientos se realizaron basados en informes de inteligencia con el fin de evitar hechos de violencia durante las manifestaciones.

Además, desde el 21 de noviembre hasta la fecha, la Campaña ha registrado 914 detenciones a jóvenes, de los cuales 47 han sido judicializados. En un alto porcentaje, 94,3%, fueron detenidos en Centro de Atención Inmediata o en estaciones del Policía sin abrir un proceso jurídico. Según Defender la Libertad en algunos de estos casos se ha informado de situaciones de tratos crueles y degradantes durante la detención.


Fuente: Base de datos del profesor Jorge Wilson Gómez


Según Germán Ortíz, director del Observatorio de Libertad de Expresión de la Universidad del Rosario, Carolina Cepeda,doctora en Ciencia Política, el abogado Óscar Ramírez, de la Campaña Defender la Libertad y el presor de la Universidad del Tolima Jorge Wilson Gómez afirman que, la violencia que sufren los jóvenes en medio de las protestas está relacionada al mito de que el estudiante que protesta es un vándalo.


El héroe del ayer, vándalo del mañana: ¿de dónde viene el mito?

Desde una perspectiva histórica, el profesor de la Universidad del Tolima Jorge Wilson Gómez, quien escrito diversos artículos sobre los estudiantes caídos y es candidato a doctor en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, explica de dónde viene el mito en su artículo Acontecimiento y escucha: revisión de estudios sobre “el estudiante caído” y los movimientos estudiantiles en Colombia, donde documenta que en 1794, el llamado “hecho de los pasquines” fue una de las primeras razones para construir el mito del estudiante “vándalo”. La polémica de este hecho consistía en encontrar a los responsables de fijar letreros satíricos en lugares públicos de Bogotá.

Con mensajes como “La pared y la muralla son el papel del canalla”, aquellos pasquines indignaron a la sociedad de la época, que señaló entonces a los estudiantes del Colegio del Rosario participantes de tertulias literarias que tenían como fuente la ilustración francesa. Tiempo después, el mito tomaría un giro inesperado.

Ya en épocas más recientes, a mediados del siglo pasado, cuando el general Gustavo Rojas Pinilla llegó al poder, su dictadura tuvo una fuerte resistencia en distintos sectores de la sociedad, incluidos los estudiantes universitarios. El 9 de junio de 1954, mientras los estudiantes protestaban en las calles en rechazo a la muerte de un estudiante de la Universidad Nacional, quien recibió un disparo de un policía, una nueva tragedia tuvo lugar. Los soldados del Batallón Colombia dispararon hacia los manifestantes de forma indiscriminada. Fallecieron 11 jóvenes.

Según lo registró el diario El Espectador, luego del hecho, el ministro de Gobierno, Lucio Pabón Núñez, se dirigió al país por medio de la Radio Difusora Nacional afirmando que “grupos de estudiantes, dirigidos por grupos ajenos a ellos, iniciaron una manifestación contra el gobierno (...). Los elementos que dirigen a los estudiantes son conocidos y peligrosos, de quienes se tiene una pista segura”. Así, el mito de los estudiantes como un peligro seguía vigente.

Sin embargo, la sociedad respaldó a los estudiantes, como lo explica el profesor de la Universidad Nacional e investigador del Cinep, Mauricio Archila en su artículo “El movimiento estudiantil en Colombia, una mirada histórica”. Archila afirma que desde ese momento los estudiantes lideraron las jornadas que obligaron a Rojas a entregar el poder en 1957 a una Junta Militar, que como reconocimiento le otorgó terreno a la Universidad Nacional para construir residencias universitarias. Para ese momento, los estudiantes fueron presentados por los partidos políticos tradicionales, que hacían oposición a Rojas Pinilla, como héroes nacionales por lograr la caída del general con el ruido de sus protestas.

Pero luego vino el Frente Nacional, y los paros en contra de aquella división conveniente del poder no se hicieron esperar. Ahora los estudiantes estaban en contra de la autoridad, representada por los partidos Liberal y Conservador, que monopolizaron el control político del país.

En una entrevista con Rutas del Conflicto, el profesor Jorge Wilson Gómez dijo que en ese momento de la historia “para el Estado, los estudiantes pasaron de héroes nacionales que derrocan gobiernos a enemigos internos, vándalos, terroristas, encapuchados, cuerpos virulentos que hay que extirpar”.

Foto: María Paula Acosta Lozada


Las universidades públicas como “cuna de guerrilleros”

La Revolución Cubana se volvió una inspiración para muchos estudiantes en América Latina en la década del 60. A partir de ese momento, Gómez asegura que “el fantasma del comunismo” preocupó tanto a la dirigencia colombiana, como a la clase política del continente.

Figuras como el Che Guevara y Fidel Castro tomaron fuerza entre los estudiantes, y las militancias políticas en diversas universidades públicas fueron vistas como una amenaza. Muchas organizaciones políticas de izquierda creadas desde la época, como la Juventud Comunista JUCO, la UP, A Luchar y otros más conformaron la lista del llamado “fantasma comunista” que llevaron a poner la militancia como estigma en las universidades públicas, de donde salieron miles de estudiantes a marchar.

Entre las décadas de los 60 y 80, se volvió un lugar común decir que las universidades públicas estaban llenas de ‘tirapiedras’, milicianos de las guerrillas. Aunque fue evidente la presencia de los grupos subversivos en los espacios académicos, la gran masa de estudiantes de todas las universidades públicas ni siquiera se acercó a la base política de las guerrillas.

En este contexto, Germán Ortiz, director del Observatorio de Libertad de Expresión de la Universidad del Rosario, asegura que la ideología de la Guerra Fría tuvo gran influencia en el país, pues propuso la normalización de la muerte y desaparición de estudiantes, dentro del discurso del “enemigo interno que está organizado por una estrategia internacional”.

Fuente: Base de datos del profesor Jorge Wilson Gómez


En 1971, el estudiante de la Universidad del Valle Edgar Mejía Vargas murió durante la represión del Ejército Nacional a una marcha en Cali. En el hecho también fueron asesinados en total 20 personas entre estudiantes del SENA y otros manifestantes. Según un artículo de Gómez, entre 1975 y 1990 se registraron cerca de 200 estudiantes asesinados y desaparecidos.


Fuente: base de datos del profesor Jorge Wilson Gómez


Como se refleja en la gráfica, el año con mayor número de registros es 1988, en el que las marchas campesinas recorrieron el país exigiendo el cumplimiento de los acuerdos realizados tras el paro del año anterior, en las que los estudiantes apoyaron dichas movilizaciones. Para la época, el presidente Virgilio Barco expidió el Estatuto para la Defensa de la Democracia, para atacar la “amenaza terrorista” del país, que entre otras cosas, permitía el arresto, allanamiento, registro e intercepción de teléfonos, sin necesidad de orden judicial. Para 1991, las cifras bajaron mientras se discutía la nueva Constitución.

A partir de esa fecha, las cifras no volvieron a mostrar un pico similar. Sin embargo, la violencia hacia los estudiantes en manifestaciones sigue presente, claro ejemplo son la muerte de Dilan Cruz, la agresión contra Federico Lenis, y otros estudiantes que han resultado afectados por la violencia ejercida por agentes de la Fuerza Pública durante las recientes manifestaciones del paro nacional.

El mito hoy

Para el abogado Óscar Ramírez, la idea histórica de que las universidades públicas son cuna de guerrilleros ha perdido fuerza desde la firma del Acuerdo de Paz. Además, para el plebiscito de 2016, la imagen de los jóvenes estudiantes que salieron a marchar a favor del ‘Sí’ fue buena, según Ramírez, debido a que era una figura pro establecimiento.

También explica que los jóvenes son ‘instrumentalizados’ por el gobierno de turno según sus intereses, pues en aquella manifestación a favor del ‘Sí’, no hubo represiones porque se apoyaba la campaña del presidente de entonces. “Hoy, cuando la movilización también es por la paz, pero por una paz que respete los acuerdos de La Habana, que respete la memoria de las víctimas y que no deje en impunidad los crímenes de Estado, pues para este gobierno resulta que los jóvenes ya no son tan buenos”, aclara Ramírez.

En esto coincide la doctora en Ciencia Política Carolina Cepeda, quien se refiere a las manifestaciones del paro que inició el 21 de noviembre diciendo que “quienes protestan usualmente lo hacen en contra del poder establecido, lo hacen en contra del orden que está imperando y que automáticamente les da unos calificativos negativos como ‘vándalo’, que es el término que más se usa en los últimos meses”.

Los calificativos que señala Cepeda han estado presentes en los últimos días en las redes sociales, al buscar en Twitter y en las declaraciones de distintas figuras políticas del país. La senadora Paloma Valencia dijo en la entrevista con Vicky Dávila el 2 de diciembre, que “está mostrado que era un vándalo. Estaba en vandalismo en esas actividades. Eso es lo que se ha probado (...) estaba en la línea de los que les gusta salir a atacar al ESMAD” haciendo referencia a Dilan Cruz, el joven que murió luego de un disparo con arma menos letal por parte de un agente del ESMAD.

La ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, publicó en su cuenta de Twitter “Atacaron a la #FuerzaPública buscando que reaccionaran para acusarlos de violar los Derechos Humanos. #NoPudieron”, refiriéndose a quienes promovieron el paro. Para la doctora en Ciencia Política Carolina Cepeda, estas afirmaciones desde el gobierno refuerzan estigmas que ponen el peligro a los estudiantes, ya que “tienen un papel tan fuerte en las movilizaciones que los convierte en el enemigo”.

Por el lado de las figuras públicas, Faustino “El Tino” Asprilla, publicó también en Twitter que “Ojalá en Navidad descansen los vándalos que incendian el país incitando a la juventud a dañarle la Navidad a la gente honrada de este país”. Estas afirmaciones no se quedan en personalidades públicas y son replicadas por muchos ciudadanos, no solo en las redes sociales, sino también en sus conversaciones diarias.


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A esto es a lo que el profesor Gómez llama una “práctica cultural recurrente que usa el dispositivo del enemigo interno” y que está presente en toda la sociedad colombiana. Por eso, afirma que “el problema no está solo en lo que dicen estas personas, sino en que hay gente que considera que esas declaraciones son acertadas, ese es el verdadero reto”.

“Yo recuerdo las movilizaciones del Paro Agrario en 2013 y todo lo que se cubría era vandalismo y los vándalos van y los vándalos vienen. Uno se pregunta ¿quién es el vándalo? ¿son los jóvenes? ¿son toda la gente que sale a marchar?”, recuerda Carolina Cepeda, para quien los medios de comunicación reproducen la estigmatización y el mito.

Una opinión similar la tiene Germán Ortiz, quien se refiere al cubrimiento del paro actual. “Hemos traído el discurso de Guerra Fría de nuevo. Hay periodistas como Hassan Nassar —nuevo Alto Consejero para las Comunicaciones de Presidencia— que estigmatizan a los jóvenes como amigos del comunismo, castrochavistas, mamertos...y se le echa la culpa al Foro de São Paulo”.

En abril de 2018, miles de estudiantes no pudieron entrar al debate presidencial que se llevaría a cabo en el Teatro Los Fundadores de Manizales, por lo que decidieron bloquear la entrada de los candidatos al mismo, gritando “sin pueblo no hay debate”. Ese día, Nassar publicó en su cuenta de Twitter “Da tristeza ver esos adolescentes comportándose como vándalos que sabotearon la entrada de los candidatos al debate presidencial en Manizales. Púberes anestesiados de populismo barato, carentes de argumentos que por medio de gritos pretenden callar al contradictor”.

Ante este tipo de comentarios, Ortíz comenta que el estigma puede ser peligroso porque hay sectores de opinión que creen que “la única forma de acabar con la amenaza comunista es acabar con todos aquellos que son simpatizantes del movimiento”.

Un ejemplo de peligro de estigmatizar estas manifestaciones son la violencias que han sufrido los maestros sindicalizados en la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación, Fecode. Como ha ocurrido históricamente, durante este, han vuelto los comentarios señalando a los profesores de adoctrinar estudiantes para convertirlos en vándalos que buscan desestabilizar el gobierno de turno.

Previo a una marcha convocada por este sindicato, el 14 de febrero de 2019, se volvió tendencia #FecodeNoEducaAdoctrina creado por el senador Fernando Araújo, que inclusive fue compartido por varios de sus compañeros del Centro Democrático . En ese momento, varias figuras públicas y los directivos de Fecode salieron a negar los señalamientos y defender su derecho a la protesta.

En noviembre de este año, Fecode presentó un informe ante la Jurisdicción Especial para la Paz, llamado ‘La vida por Educar: crímenes de lesa humanidad, persecución y exterminio contra maestros y maestras sindicalistas, miembros de Fecode entre 1986 y 2010‘. En la investigación se pone en evidencia las consecuencias del estigma que han sufrido en su labor como maestros.

Foto: María Paula Acosta Lozada


Desmintiendo el mito

Como lo mencionó el abogado Ramírez, en esta época no es usual ni cotidiano que en las universidades públicas se estén gestando grupos guerrilleros. Por el contrario, los jóvenes que salen a marchar de estas universidades lo han hecho apoyando causas como la refrendación del Acuerdo Final de Paz, el Paro Agrario y la defensa de los líderes sociales del país. Además, en las marchas de hoy día no solo ellos salen a manifestarse. “No son los estudiantes de siempre, siempre salían estudiantes de universidades públicas o del SENA. Ahora, los estudiantes de universidad privada también se suman a esto”, explica la doctora Cepeda.

Además, cuando hay fuertes declaraciones de políticos o personas con gran influencia en el país contra los estudiantes, no necesariamente representa una verdad absoluta, sino una opinión, que según la doctora Cepeda, entre otras cosas lo que hace es “despolitizar la protesta social. Entonces pareciera a veces que la protesta simplemente es gente que sale a rayar paredes y romper vidrios porque les parece chévere hacerlo y pues resulta que no, tiene un trasfondo político muy fuerte”.

Claro está que “no estamos de acuerdo con los encapuchados que generan daños y violencia, pero tampoco lo estamos con quienes justifican las muertes de los marchantes”, asegura el profesor Gómez. Por eso no se debe reducir el carácter político de una marcha a tan solo los desmanes producidos por unos pocos ajenos a los verdaderos intereses del paro.

¿Todavía sigue creyendo que el estudiante que marcha es un vándalo?