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Yo Sobreviví

“He aprendido a vivir en medio de la guerra”

El 4 de julio de 2001, paramilitares de los bloques Norte, Mineros y Noroccidental Antioqueño llegaron al municipio de Peque, Antioquia. Los ‘paras’ golpearon de casa en casa para citar a la comunidad a la plaza, donde escogieron al azar a 30 habitantes. Otros pequenses fueron víctimas de hurto y desplazamiento forzado. El siguiente testimonio es de una víctima que atestiguó tanto el dolor causado por el conflicto como el renacer que vivió la región.



Nunca había visto tanta gente mala como el día de la masacre. Recuerdo que los 'paras' estaban regados por todo el municipio.

Dos días antes, los paramilitares se dedicaron a robar todo lo que querían, ¿qué no se llevaban?, es que imagínese usted a esa gente toda armada, amenazando a las personas para poder llevarse todo lo que podían de fincas, casas y tiendas.

Ellos nos hicieron mucho daño: unos perdieron a sus seres queridos y otros todo por lo que habían trabajado durante muchos años. A nosotros nos robaron todo lo que teníamos en la tienda, además de 150 cabezas de ganado de la finca. Los mismos paramilitares fueron quienes nos llamaron a avisarnos que nos habían robado.

El día de la masacre yo estaba en el pueblo con mi esposo y mis cuatro hijos, como a eso de las 10:00 de la mañana los paramilitares entraron al municipio por el camino que conduce a Buriticá. Recuerdo a toda la gente preguntándose quiénes podían ser, algunos pensábamos que era el Ejército, otros que era la guerrilla y luego, cuando empezaron a regarse por todo el pueblo diciendo que bajáramos a la plaza, nos dimos cuenta de que eran paramilitares.

Nos hicieron bajar a todos. Solo pensé en esconder a mis dos hijos hombres, porque sabía que si no me los mataban, se los llevaban, como a otros muchachos, para que les ayudaran a cargar todo lo que se habían robado.

Cuando estábamos todos reunidos en el parque, los ‘paras’ tenían lista en mano y empezaron a llamar a las personas que según ellos estaban ´tenían relación con las Farc´. Fue impresionante: todos en algún momento habíamos tenido que colaborarles, por eso todos creíamos que podíamos estar en la lista.

Fue una tortura, los paramilitares hicieron pasar a las personas por un pasillo que había en la plaza y allí los escogían. Al que querían sacar lo sacaban. Las mismas personas decían que estaban pasando por el "túnel de la muerte".

Todo el mundo lloraba, los niños al ver a sus papás llorando, y los adultos de miedo y de impotencia porque uno nunca sabe qué hacer en una situación de esas. Además, recuerdo que fue muy doloroso para los ancianos porque recordaban parte de sus vivencias.

Yo no sé de qué frentes eran ni nada de eso, lo único que sé es que estaban armados. Recuerdo que a mí me tocó hablar con uno de ellos, ni siquiera me importó saber quién era, pero tuve que hablar porque habían cogido a uno de los mayordomos de la finca. Él era un muchacho muy juicioso, pero según ellos era colaborador de la guerrilla. Al final nos lo entregaron todo aporreado, pero lo importante es que lo dejaron libre.

Era mentira eso de que éramos colaboradores de la guerrilla. Y si era cierto, entonces todos colaborábamos, porque aquí el que entraba armado, fuera quien fuera, guerrilla o paramilitares, era el que mandaba en el municipio. Era horrible, a nosotros no nos gustaba atenderles y colaborarles de a mucho, pero a veces uno tiene que sonreír cuando el alma llora y sufre de miedo.

No conocía al resto de las personas que mataron, solo sé que la mayoría eran muchachos del campo. Recuerdo que los tuvieron encerrados en las oficinas de palacio municipal y como a las seis de la tarde los sacaron en un carro, de ahí en adelante empezaron a matarlos en diferentes corregimientos.

Cuando terminaron nos dijeron que teníamos que irnos para Dabeiba. Eso fue terrible, tal vez ellos pensaban que éramos poquitos los que vivíamos en el municipio, pero cuando empezó a bajar toda esa gente de todas las veredas, se dieron cuenta que era imposible.

No entiendo por qué nos querían sacar, solo dijeron que ahí no podíamos estar. Yo les dije que por favor entendieran que Dabeiba era muy lejos. Además, para nosotros era muy difícil irnos. Sentí que había algunos de ellos conscientes de lo que representaba para nosotros tener que dejar nuestros hogares y nuestras cosas, pero a otros no les importaba nada.

Cuando todo terminó estábamos muy desorientados, algunos terminaron desplazándose hacia Medellín, otros vivían con miedo y la mayoría terminó en una pobreza terrible porque se nos llevaron casi todo lo que teníamos. Lo que nos pasó fue muy duro, en especial para todas las personas que en ese momento ya eran víctimas y venían como desplazados de otros municipios.

Créame que a pesar de todo, para mí no es fácil salir de aquí. He construido mi vida, tengo mis cosas, así que siempre he tenido la esperanza de poder quedarme y hasta ahora así ha sido. Los pequenses hemos trabajado muy duro, hemos sido personas muy echadas para adelante en medio de situaciones difíciles pero todos seguimos con el ánimo de seguir adelante.

Ahorita todo está bien en el municipio, con la ayuda del señor los que quedamos aquí hemos salido adelante, Dios nos ha protegido, nos ha bendecido, pero igual todo el trabajo de mucho tiempo ellos nos lo arrebataron.

Uno acá se queda con mucho temor, pero con el propósito de salir adelante porque nosotros como padres de familia solo queremos luchar por el futuro de nuestros hijos.

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