Datos principales

Municipio y departamento: Barrancabermeja , Santander

Vereda y corregimiento: -

Grupo Armado: Paramilitares,

Fecha: 1999-02-28

LISTADO DE VÍCTIMAS

Luis Miguel Cifuentes

Israel Ariza Ochoa

Helio Mejía

Orlando Forero Tarazona

José Darío Sánchez Aguirre

Jesús Daniel Gil Mosquera

César Manuel Barroso

William Rojas Zuleta

Leonardo Guzmán Martínez

Edgar Alfonso Sirra Sidray

 


**Líderes sociales y población vulnerable: Mostrará las masacresen las que murieron líderes de las comunidades, funcionariospúblicos, profesores, sacerdotes, políticos, indígenas, menores de edad y mujeres en estado de embarazo.

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Masacre de Barrancabermeja, febrero de 1999

Alix Vélez, esposa de una víctima.
Foto por: Alix Vélez, esposa de una víctima.

Actualizado el: Lun, 10/14/2019 - 21:42

El 28 de febrero de 1999 un grupo de paramilitares de las Autodefensas de Santander y el Sur del Cesar, Ausac, asesinaron a ocho personas y desaparecieron a otras dos en varios barrios de Barrancabermeja, Santander.

Los ‘paras’ entraron por el nororiente de la ciudad y se dirigieron a un bazar que se realizaba en el barrio Provivienda, donde dispararon indiscriminadamente matando a tres personas.  Luego el grupo armado se dirigió al Club Náutico de Ecopetrol, en el que asesinaron a un taxista y a un vendedor de lotería. Las tres últimas víctimas fueron dos comerciantes y el gerente de una entidad bancaria en otro sector de la ciudad, además de un joven y un taxista que fueron secuestrados y no se volvió a saber de ellos.

Desde 1997, los paramilitares de las Ausac cometieron varias masacres en Barrancabermeja contra supuestos colaboradores del Eln.  Testimonios de desmovilizados que pertenecieron a este grupo han reconocido que casi todas sus víctimas fueron escogidas al azar para demostrar su poder en la zona.  El principal jefe de las Ausac, Guillermo Cristancho Acosta, alias ‘Camilo Morantes’, quien ordenó directamente las masacres, fue asesinado por orden de Carlos Castaño en noviembre de 1999.  Mario Jaimes Peña, alias ‘Panadero’, otro de los ex jefes, se encuentra en el proceso de Justicia y Paz.

  • Historia complementaria aportada por un usuario

"Si Miguel estuviera aquí"

Mi nombre es Alix Vélez Arriaga, transcurría el año de 1999 y llevaba 14 años de estar casada con mi esposo Luis Miguel Cifuentes Díaz. Nosotros teníamos tres hijos que estaban muy pequeños todavía: Paola tenía 11 años, Jesús tenía dos años y medio, y el otro niño tenía cinco meses de nacido. En esa época nosotros teníamos muchos sueños y un hogar muy tranquilo: mi esposo deseaba construirnos una casa de material, porque en la que vivíamos era de tabla.

Todo cambió el 28 de febrero del 99. Ese día se truncaron nuestros sueños y nuestras vidas se partieron en dos, ya no fue fácil. Él manejaba taxi y se había ido a las 12, después de almorzar, porque tenía que recoger el carro a la 1. Antes de irse me dijo: —negra, no tengo ganas de trabajar—, yo le dije que si no quería, no fuera, pero él me respondió: —no, mejor me voy porque tengo que pagar la máquina de escribir de Paola y si no trabajo hoy, me descuadro. ¡Chao negra!—. Se despidió de los “pelaos” y se fue.

Yo estaba en la casa cambiando al niño más pequeño y como a eso de las 5 o 6 de la tarde llegaron dos jóvenes del barrio que querían mucho a mi esposo y me dijeron: —¡Doña Alix, se llevaron a Miguel!—. Yo no les puse atención porque pensaba que era en recocha, hasta que los miré a ellos y estaban llorando. Cuando los vi así me preocupé y les pregunté: —bueno, y ¿quiénes se llevaron a Miguel?— y ellos me dijeron que los paracos.

Yo lo que hice fue correr para un barrio que queda más abajo, donde vivía la hermana de él y ya eso estaba desolado, estaban pasando tantas cosas que nosotros no entendíamos. Llamé a mi suegro y él me dijo: —Sí mija, ya sé—. Ahí comenzó mi angustia, comenzaron las noticias que habían matado un poco de gente y en ese momento sentí desolación por completo.

Mi suegro me decía: —No se preocupe que él regresa, debe ser que lo están investigando—. Y pasaron ocho días y él nada que regresaba, entonces me comencé a desesperar más. Un vecino me dijo que lo habían encontrado en Sabana de Torres y cuando llamé a la Fiscalía me dijeron que todo coincidía: alto, delgado, pelo churco, la misma edad. Decidí irme para Sabana de Torres con un taxista amigo de él, yo por esa carretera lloraba. Cuando ya íbamos para allá me llamaron otra vez y me dijeron —no es Miguel—.

En esos momentos solo rezaba para que estuviera vivo. Gracias a mi Dios no era él. Cada vez que nos llamaban a decirnos que lo habían encontrado, mi suegro corría a toda parte a ver si era Miguel. Yo nunca iba porque me tenía que encargar de los pelaos.

En esa época me dedicaba a los muchachos y cuando él desapareció me tocaron oficios varios: lavar, planchar y hacer aseo en casas del pueblo. Fue muy duro pasar de vivir del diario que traía Miguel, a trabajar en lo que saliera porque no tenía que darle de comer a mis hijos. Para nosotros la vida se convirtió en un caos porque yo dependía de él: mi hija de 11 años fue la que tomó las riendas del hogar para que yo pudiera trabajar.

Años después, estuve en una audiencia de Justicia y Paz frente a ‘El Panadero’, el paramilitar que confesó haber asesinado a Miguel. Él dijo que a Miguel lo mataron por órdenes de ‘Camilo Morantes’ y que el cuerpo lo botaron a un río. ‘El Panadero’ dijo que menos mal ese día ‘Camilo’ no estaba borracho, porque si no, lo hubiera mandado a torturar antes de matarlo.

Hoy en día, 16 años después de la desaparición de Miguel, Paola, mi hija mayor ya es profesional en ingeniería química, Jesús quiere estudiar trompeta y el menor está terminando el colegio. Con la ayuda de mi hermanita, de muchos amigos y de organizaciones sociales, finalmente pude construir la casa, que era el sueño de Miguel. Yo solo le pido a Dios que mis hijos sean hombres de bien, que sigan adelante porque la vida continúa. Aunque yo sé que él nos lleva siempre en su corazón, a nosotros nos mataron en vida. Si Miguel estuviera aquí, nuestra vida sería distinta y no hubiéramos tenido que pasar por todo lo que pasamos.