ACCIONES ANTE LA DEFORESTACIÓN EN PUERTO GUZMÁN: LA APUESTA POR REPARAR EL BOSQUE

  • Vecinos de la vereda El Trébol, aledaña al casco urbano de Puerto Guzmán en Putumayo,  se han organizado para sembrar árboles y restaurar los suelos degradados por los cultivos de coca.
  • Este reportaje es producto de una alianza entre Rutas del Conflicto y el proyecto de investigación de la Universidad del Rosario "Reconciliando la paz y el medio ambiente. Una caja de herramientas de política integral para combatir la deforestación en la Amazonía colombiana".

Por: Catalina Sanabria Devia

 

Pedro Pablo Mutumbajoy, campesino, tecnólogo en gestión de empresas agropecuarias y presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda,  ha contribuido durante casi una década a restaurar ecosistemas de la Amazonía. Esta región, donde se concentra el bosque natural del país, ha sido la más afectada por la deforestación. Según reportes del Instituto de Hidrología y Estudios Ambientales (Ideam), en 2017 se presentó el pico de esta problemática en Colombia.

Aunque las cifras variaron los años siguientes, el panorama sería igual de desalentador. Tan solo en 2020 se deforestaron 109.302 hectáreas de la Amazonía, lo que equivale a más del doble del suelo urbano y rural de Medellín. De acuerdo con el Ideam, la construcción de vías no planificadas, las malas prácticas de ganadería extensiva y los cultivos de uso ilícito son algunas de las razones por las que se da la tala y quema de árboles.

En su más reciente boletín, del primer trimestre de 2021, la entidad indicó que Puerto Guzmán ha sido el municipio con tasas más altas de deforestación en el Putumayo. Ante estas situaciones de violencia y los  cultivos de uso ilícito, habitantes de la zona han buscado alternativas económicas y legales que no sean destructivas con la selva, sino que sirvan para su cuidado, como la silvicultura. Esta consiste en la gestión del bosque para producir bienes y servicios garantizando su sostenibilidad. Pedro Pablo es una de las personas que en la actualidad se dedica a esta actividad.

Proceso de reforestación en la vereda El Trébol. Imagen cortesía de Jorge Luis Guzmán


Re valorizar el bosque

La labor de reforestación de Pedro Pablo se ha dividido en cinco etapas y al día de hoy, ha sembrado poco más de 9 mil árboles a lo largo de 10 hectáreas de territorio que era usado para cultivos de coca. Según cuenta, no ha sido tarea fácil. Inició en 2013 con capital propio, sin ninguna inversión por parte del Estado: “El trabajo lo hacía yo, no pagaba mano de obra sino únicamente mi alimentación y los materiales que necesitaba”. Además, agrega, se enfrentó a lo que él llama un cambio de mentalidad, pues la producción no es inmediata sino que se da a largo plazo. 

Pedro Pablo siembra distintas especies nativas que pueden tardar 20 años (tara y achapo) o hasta 40 (roble, amarillo y ahumado) en alcanzar su edad maderable. “La gente viene de otra cultura del trabajo. Es duro adaptarse, pero es lo que a uno le nace. Yo me siento satisfecho al ver la tierra ya cubierta, los suelos descansados, y saber que van a aportar al sostenimiento de mi familia. Es como una pensión y una herencia que les quedará a mis hijos”, expresa el silvicultor, ya que cuando los árboles alcanzan una edad apropiada, puede darle uso a la madera y servirle de sustento.

Jorge Luis Guzmán, especialista en asentamientos humanos y medio ambiente, se dio cuenta de que tras muchos años de trabajo de sus padres, la ganadería no les dejaba mayores beneficios y no era una actividad apta para los suelos amazónicos. Entonces, junto a sus hermanas, creó la Fundación ItarKa, la cual busca mejorar la calidad de vida de la gente en Puerto Guzmán y contribuir a su gestión sostenible. Igual que Pedro Pablo, él ha adelantado procesos de reforestación en la región y concuerda en que esto genera un cambio en la cultura, pues sugiere que se deja un poco de lado la mirada extractivista y el bosque empieza a ser valorado como un patrimonio con el que se podrá contar en la vejez. 

"Las personas que cultivan un árbol, lo cuidan, observan su comportamiento y que es un centro de vida. Así comienzan a conectar y relacionarse con él”, sostiene Jorge Luis. Alrededor de Puerto Guzmán hay 60 hectáreas de árboles. Según él, es la única cabecera municipal de la Amazonia colombiana que tiene áreas de bosque inmediatas. Su propuesta ante el concejo y la alcaldía es darle a esta área el carácter de parque amazónico: “Estaríamos dispuestos a ceder unos terrenos para que Guzmán tenga un parque que lo identifique”, dice.

La siembra de árboles en la vereda el Trébol y zonas aledañas se ha dado, en su mayoría, por iniciativa ciudadana, por eso desde la fundación ItarKa se sigue invitando a indígenas y campesinos a que se organicen y se sumen al proyecto. Jorge Luis comenta que su idea es vincular a máximo 10 familias en 2022 y que los fondos para que puedan reforestar vengan de las compensaciones a la huella de carbono por parte de distintas empresas francesas. Pedro Pablo, por su parte, está cada vez más cerca de cumplir su meta: sembrar 10 mil árboles maderables.

Proceso de reforestación en la vereda El Trébol. Imagen cortesía de Jorge Luis Guzmán


Un amplio espectro

Jorge Luis entiende la reforestación como una rehabilitación de estas tierras que se terminan destinando a actividades como la ganadería o el cultivo de hoja de coca. Según él, muchos de los conflictos socioambientales de su municipio se deben al uso que las personas dan al suelo, el cual no siempre es lo que este tiene por ofrecer. “La ganadería, por ejemplo, impacta los suelos, los compacta. El agua permanece menos tiempo en el lugar y se afecta su ciclo, su calidad y cantidad”, menciona.

De acuerdo con Jorge Luis, a largo plazo, la silvicultura podría traer más beneficios y rentabilidad que la ganadería. “Después de 30 años de tener una tierra sometida al pastoreo y al pisoteo del ganado, esta se va deteriorando y su capacidad para alimentar a las vacas es cada vez menor. Si uno quisiera cambiar esa situación, debería empezar a fertilizar las áreas, lo cual requiere mayor inversión”, menciona. Así argumenta que la reforestación no solo aporta a la recuperación del suelo, sino también a la regulación de aguas y la conservación de la biodiversidad.

Según él, los suelos que fueron compactados se empiezan a recuperar y retoman su funcionamiento natural. La materia orgánica, la hojarasca y las ramas que caen sirven de alimento para la vegetación. Además, la cubierta forestal garantiza que el agua perdure, pues protege su superficie del sol y evita que se evapore tan rápido. Esto es vital, como explica Jorge Luis, para el Río Mandur, del cual se abastecen habitantes y animales de Puerto Guzmán. Estos bosques también sirven de hogar y refugio para distintas especies: osos perezosos, tigrillos, y particularmente las hormigas que son indicadores de biodiversidad muy sensibles a la deforestación. 

Sin embargo, la ganadería es una actividad de la que depende gran parte de la sociedad y la economía nacional. Javier Revelo Rebolledo, profesor de la Universidad del Rosario que ha investigado la dimensión ambiental en las políticas de desarrollo, explica que una apuesta importante sería cambiar las lógicas del desarrollo regional. “Pero eso no se puede hacer de la noche a la mañana. El gran problema es que mucha gente, desposeídos de la tierra, grandes y pequeños propietarios viven de la ganadería. Si uno quiere contener el avance de la deforestación en la Amazonía habría que re pensar la importancia de sostener esta actividad incorporando criterios de justicia y transformando las dinámicas agresivas”, dice.

Violencia en el territorio

El último reporte de la organización Global Witness, la cual desde 2012 ha recopilado datos sobre asesinatos a líderes ambientales, indicó que Colombia es el lugar más peligroso para defender a la naturaleza. En 2020 por segundo año consecutivo, la lista estuvo encabezada por el país, donde 65 defensores del medio ambiente fueron víctimas de homicidio. Así, ejercer liderazgo ambiental en Colombia es una labor de alto riesgo, mucho más si se considera que la presencia del Estado en el territorio es diferenciada. 

Jorge Luis cuenta que la fundación ItarKa, en asociación con la Universidad de Pensilvania, llevó a cabo un proyecto ecológico en la vereda Buena Esperanza. Allí pretendían acompañar a la comunidad en un ejercicio de gestión de su territorio para recuperar áreas de bosque, cuidar las aguas y hacer uso responsable de los recursos. Sin embargo, no pudieron concluir actividades porque se empezaron a presentar asesinatos en el municipio y hubo un atentado contra un líder que promovía actividades medioambientales de este tipo.

Varias familias se terminaron desplazando y, como cuenta el director de la fundación, en la región siguen haciendo presencia organizaciones armadas que se disputan las rentas del narcotráfico. Por un lado está el Frente No. 1 de las disidencias de las Farc, llamado Carolina Ramírez, y por el otro el grupo criminal Los Sinaloa y sus comandos de frontera. En 2021 el defensor del pueblo Carlos Camargo entregó a las autoridades locales y nacionales una alerta temprana en la que se denunció amenazas a población,  reclutamiento de menores, control de vacunas y hasta la mal llamada 'limpieza social' principalmente en Putumayo, Cauca y Caquetá.

Los procesos de reforestación por sí mismos no han puesto en mayor peligro a la comunidad. Por un lado, esta actividad tiene un horizonte que trasciende décadas y, según Jorge Luis, esos grupos se mueven dentro de la lógica de lo inmediato. La silvicultura tampoco ocupa un área muy grande, pues para un proyecto de una familia como la de Pedro Pablo con 10 hectáreas es suficiente. Entonces, los grupos armados realmente no han percibido la re siembra de árboles como una amenaza. 

Proceso de reforestación en la vereda El Trébol. Imagen cortesía de Jorge Luis Guzmán


Ante el abandono, dignificarse

Jorge Luis explica que la reforestación puede aportar a un cambio a favor de la paz. Unirse a estos proyectos garantiza que las personas se mantengan en el territorio por un largo periodo de tiempo. “Si estás pensando que esta es una inversión en un proceso que durará 20 años, lo que tienes que hacer es quedarte en el lugar y eso implica un buen relacionamiento con los vecinos”.

Además, en la medida en que se rehabilitan los bosques y esto pueda contribuir a soluciones ante la deforestación, la gente se dignifica. La satisfacción es aún mayor si el trabajo es reconocido y remunerado. Pedro Pablo, por ejemplo, gracias a ItarKa y la fundación Selva Viva de Francia, recibe fondos que le sirven para la administración de sus 10 hectáreas de terreno. “Eso ha generado que se sienta como alguien de provecho que aporta y hace algo frente al cambio climático. Es una persona digna”, dice Jorge Luis. 

No obstante, Pedro Pablo reclama que el gobierno podría apostarle más a estas iniciativas. “Debería ir a las comunidades que tienen voluntad para reforestar y brindarles un apoyo, pero se limita a entregarle a uno 10 bultos de tierra y 500 árboles. No es así de fácil mantener una plantación”, afirma. El silvicultor también menciona que las instituciones deberían asegurarse de que el capital que entregan vaya directamente a los campesinos y así puedan sostenerse de manera justa y con un trato digno. 

Javier, por su parte, explica que con el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (Pnis) “se diseñó un plan en el que la gente se comprometía a erradicar las plantaciones a cambio de una mensualidad. Sin embargo, lo realmente importante era la apuesta de desarrollo territorial para transformar las dinámicas productivas y contribuir a la satisfacción necesidades sin recaer en el cultivo de coca”.

No hay mayores acciones del gobierno para atenuar la deforestación y sus conflictos asociados. El profesor asegura que el Estado se limita a dos grandes estrategias. “En primer lugar, se está impulsando operaciones militares que son una medida arriesgada. Más que trabajar con la gente, estas operaciones van en contra de ella. En segundo lugar, el Estado le apunta a acuerdos individuales. Lo único que se ve son unos acuerdos de conservación con familias, pero nunca se piensa en transformaciones más macro” , sostiene Javier.

Actualizado el: Lun, 05/09/2022 - 08:16