Amazonía, la nueva frontera mundial del petróleo
En cinco décadas, la actividad petrolera en la región ha deforestado el bosque, contaminado el agua, arrojado gases contaminantes a la atmósfera, avanzado sobre tierras indígenas y profundizado las desigualdades. Ahora, una nueva oleada de proyectos amenaza con repetir esa historia.
Por:Flávia Milhorance y Renata Hirota
* con contribuciones de Fábio Bispo, Isabela Ponce, Emilia Paz y Miño, Pilar Puentes y Aramís Castro
Buque petrolero Anrietta descarga productos derivados del petróleo en Georgetown, Guyana. Foto: Victor Moriyama/InfoAmazonia
La Amazonía concentra gran parte de los recientes descubrimientos de petróleo y gas alrededor del mundo, consolidándose como una nueva frontera global para la industria de combustibles fósiles.
Casi una quinta parte de las reservas mundiales halladas entre el 2022 y 2024 se encuentran en la región, principalmente frente a las costas del norte de Sudamérica, entre Guyana y Surinam. Esta riqueza ha despertado un creciente interés internacional, tanto por parte de las empresas de la cadena petrolera como de países vecinos; Brasil, por ejemplo, ya tiene planes para explotar su propia costa norte.
En total, la región amazónica tiene alrededor de 5.300 millones de barriles de petróleo equivalente (BPE) de los casi 25.000 millones descubiertos globalmente en el periodo, según nuestro análisis basado en información de Monitor de Energía Global, que recolecta datos sobre infraestructuras energéticas en todo el mundo.
“La Amazonía y los bloques offshore cercanos representan una gran parte de los recientes descubrimientos de petróleo y gas en el mundo”, afirmó Gregor Clark, coordinador del Portal Energético para América Latina, una plataforma vinculada al Monitor de Energía Global. Para él, este avance, sin embargo, “es incompatible con las metas internacionales de reducción de emisiones y conlleva consecuencias ambientales y sociales significativas, tanto a nivel global como local”.
Además de las reservas ya identificadas, la Amazonía concentra una gran proporción de zonas aún subexploradas en Sudamérica. La región concentra 794 bloques de petróleo y gas, que son áreas delimitadas oficialmente para la exploración, pero sin garantía de la existencia de recursos. Casi el 70% de estos bloques en la Amazonía están en fase de estudio u oferta al mercado; en otras palabras, aún son improductivos.
Por el contrario, el 60% de los cerca de 2.250 bloques sudamericanos fuera de la región amazónica ya tiene concesiones —permisos para la exploración y explotación de recursos— consolidando la Amazonía como una vía bastante promisoria para la expansión de la industria petrolera. Esto es lo que revela nuestro análisis basado en datos de los países amazónicos compilados hasta julio de 2024 por el Instituto Internacional Arayara, que monitorea las actividades petroleras en la región. De todo el territorio amazónico, apenas la Guayana Francesa no tiene bloques petroleros, porque los contratos están prohibidos por ley desde 2017.
La nueva oleada del petróleo pone en peligro un ecosistema esencial para el equilibrio climático global y las personas que viven en él, justo cuando el mundo intensifica su debate sobre la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles.
“No sirve de nada hablar de desarrollo sostenible si seguimos explotando petróleo”, afirmó el líder indígena guyanés Mario Hastings. “Necesitamos un cambio real que incluya a las comunidades indígenas y respete nuestros derechos”.
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En el primer capítulo de esta serie periodística, el proyecto transfronterizo Hasta la Última Gota investiga la nueva ofensiva petrolera en la Amazonía. El trabajo de reportería conducido por InfoAmazonia, en colaboración con GK, Ojo Público y Rutas del Conflicto, exigió un gran análisis de datos, decenas de entrevistas y trabajo de campo en cinco países: Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana y Perú, que representan más del 80% de la región amazónica.
A lo largo del último año, este amplio esfuerzo periodístico ha mapeado los daños socioambientales causados por más de 50 años de actividad petrolera en la Amazonía y los riesgos de nuevas operaciones. La investigación también ha explorado los engranajes económicos y políticos que alimentan las expectativas en torno al sector petrolero.
Abundante en recursos naturales, la Amazonía difícilmente ve los beneficios de su explotación. Al contrario: la serie demuestra que, al paso que la mitad del petróleo sudamericano se destina a economías extranjeras y las regalías generan más desigualdad que progreso local, lo que queda en la región es apenas deforestación y aguas contaminadas.
Mientras las petroleras planean extraer hasta la última gota de petróleo de la selva tropical y su zona costera, el sector sobrepasa áreas de conservación y territorios indígenas. En la Amazonía, 81 bloques con concesiones están dentro de 441 tierras ancestrales, y otros 38 cruzan el límite de 61 áreas de conservación. Además, sumando los bloques aún en oferta o estudio, 114 se encuentran en tierras indígenas y 58 en áreas naturales protegidas, según el análisis del proyecto.
Bloques con concesiones en la Amazonía invaden los límites de
441 tierras indígenas
61 áreas de conservación
totalizando casi 50.000 km² afectados en áreas protegidas
Este movimiento expansionista —que mantiene el modelo extractivista que reina desde la colonización europea de América— se vale de acuerdos desfavorables para las poblaciones locales, provoca conflictos internos en las comunidades afectadas y atrae a grupos armados a zonas ricas en recursos naturales que carecen de servicios y asistencia estatal.
Costa amazónica: la nueva fiebre del petróleo
Guyana, una pequeña y hasta ahora discreta nación sudamericana, se ha convertido en el epicentro de los recientes descubrimientos mundiales de petróleo, erigiéndose en la “nueva Dubai” del petróleo, expresión utilizada sobre todo por representantes de empresas extranjeras recién llegadas al país.
El petróleo ha llevado a su población a ser testigo de un boom económico, pero también a enfrentarse a retos como el aumento de la inflación y de la desigualdad. Al mismo tiempo, las operaciones de la cadena petrolera amenazan el 90% del territorio guyanés aún cubierto por la Amazonía.
“El mundo avanza hacia un futuro sin combustibles fósiles, pero Guyana se abre al petróleo y al gas”, afirmó la ecologista guyanesa Sherlina Nagger. “Nuestros dirigentes están en el lado equivocado de la historia”.
Además de Guyana, los recientes y también llamativos descubrimientos en el vecino Surinam han resucitado el interés por el margen ecuatorial, una franja costera de miles de kilómetros ocupada casi totalmente por el bosque amazónico.
En la región, Venezuela ha renovado su interés de anexar la región de Esequibo: el territorio guyanés disputado por los imperios español y británico en el siglo 19 ha vuelto a convertirse en foco de tensiones por su potencial petrolero.
Brasil, por su parte, que alberga la mayor parte de esa zona estratégica, se enfrenta a obstáculos para explorarla. Eso incluye un historial de perforaciones nada exitosas desde la década de 1970 y, más recientemente, los rechazos de la agencia ambiental brasileña a los pedidos de la estatal Petrobras para explorar el bloque 59, ubicado en la desembocadura del río Amazonas.
Mapa del margen ecuatorial brasileño
Más del 92%de los bloques amazónicos offshore
están en fase de estudio u oferta al mercado
En mayo de 2023, el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama) rechazó la solicitud de Petrobras para explorar el bloque. El dictamen del organismo, firmado por 26 analistas y otra vez confirmado en febrero de 2025, señalaba fallas en los planes de emergencia de la empresa, lo que supondrían riesgos para los sensibles ecosistemas amazónicos. Esta región alberga la mayor superficie continua de manglares del mundo y un gran sistema de arrecifes con un importante potencial científico y ecológico.
Los investigadores también advierten sobre las graves amenazas para el clima. “Abrir nuevas áreas para la exploración de petróleo en la Amazonía va en contra de las recomendaciones del Acuerdo de París para limitar el calentamiento global”, criticó Philip Fearnside, científico del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonía de Brasil. “Además, los riesgos de derrames de petróleo en esa región serían catastróficos”.
A pesar de los riesgos, el interés de Petrobras por explorar el margen ecuatorial no ha cambiado. A inicios de 2024, el entonces presidente de la petrolera, Jean Paul Prates, afirmó que la compañía extraería “hasta la última gota de petróleo” del país.
Tras una serie de conflictos internos en el gobierno brasileño, Prates fue sustituido en mayo de 2024 por Magda Chambriard, que fue durante cinco años directora general de la Agencia Nacional del Petróleo. Cuando asumió el puesto, Chambriard demostró que la empresa seguía decidida a seguir adelante con su plan estratégico. “No podemos renunciar al margen ecuatorial”, afirmó.
Haciéndose eco de la postura de Chambriard, las principales autoridades del gobierno brasileño han expresado su apoyo a la explotación petrolera. Fernando Haddad, ministro de Hacienda, pide “toda la prudencia posible” para garantizar una exploración segura, mientras que Alexandre Silveira, ministro de Minas y Energía, ha sugerido que Guyana está “chupando el petróleo” de la región ante la posición inerte de Brasil.
A pesar de los diferentes tonos entre las autoridades, la defensa de la explotación de la zona usa un argumento en común: el desarrollo de la economía local a través de regalías, cánones y creación de empleo. En suma, la explotación petrolera ya se considera un camino inevitable.
“Vamos a explorar el margen ecuatorial, no hay razón [para no hacerlo]”, dijo el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en una entrevista en junio de 2024.
Bajo presión política, la ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático, Marina Silva, ha reafirmado que la decisión de Ibama, vinculado a su ministerio, debe ser “técnica”. La ministra también resaltó la importancia de seguir los expedientes de la agencia para evitar daños medioambientales “irreparables” en la región.
El margen ecuatorial brasileño ya está completamente delimitado por bloques petroleros, aunque sigan inexplorados, según nuestro análisis. Además de eso, el 92% de los bloques offshore (en alta mar) de la Amazonía aún están en fase de estudio u oferta.
El petróleo latinoamericano es fuertemente destinado al mercado externo, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep). Actualmente, al menos la mitad de la producción se exporta, principalmente a Estados Unidos y China, y se espera que las exportaciones aumenten progresivamente en las próximas décadas.
Los datos de la Opep no incluyen la producción en la región amazónica. Sin embargo, el hecho de que tenga muchas reservas sin explotar sugiere que el ecosistema también podría desempeñar un papel creciente en el suministro internacional de petróleo.
Ecuador y Perú: un legado de explotación y daños
Mientras la exploración petrolera da sus primeros pasos en la costa norte sudamericana, países como Ecuador, Perú y Colombia ya llevan décadas extrayendo petróleo en el interior de la Amazonía. Aunque la actividad ha contribuido con sus economías durante muchos años, también ha profundizado la destrucción de ese gran ecosistema.
En Ecuador, el petróleo representa más del 7% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, pero su explotación ha presentado un promedio de dos derrames semanales en los últimos años. Entre el 1 de enero de 2020 y el 30 de abril de 2022, se registraron 630 derrames, de los cuales 97% fueron causados por empresas estatales del país.
En la Amazonía ecuatoriana, los accidentes se repiten desde los años 1970, cuando la empresa estadounidense Texaco (ahora Chevron) abrió la primera gran frontera del petróleo en la selva amazónica. En aquel momento, la petrolera provocó graves derrames y eliminó residuos tóxicos de forma inadecuada, contaminando ríos y suelos y afectando a las comunidades. Ese caso se ha convertido en uno de los más emblemáticos sobre daños medioambientales asociados a la industria petrolera en el mundo.
A pesar de afirmar que ha reparado sus impactos, Texaco sigue siendo demandada ante tribunales por grupos indígenas. Cuando la concesión de la empresa estadounidense se acabó en la década de 1990, la estatal Petroecuador se hizo cargo de sus operaciones, ampliando la producción y perpetuando los impactos.
Gráfico de bloques por petrolera en Ecuador comparado con otros países amazónicos
En la actualidad, Petroecuador es la principal responsable por el desarrollo de áreas petroleras en la Amazonía ecuatoriana. Nuestro análisis muestra que la empresa gestiona 24 bloques de petróleo y gas, el mayor número dentro de Ecuador y el segundo entre los países amazónicos, apenas por detrás de la empresa brasileña de gas natural Eneva.
Entre las operaciones de Petroecuador se encuentra el polémico Bloque 43 en el Parque Nacional Yasuní, con una de las regiones con mayor biodiversidad del mundo y presencia de pueblos indígenas en aislamiento. En agosto de 2023, un referéndum histórico determinó el fin de la actividad petrolera en el parque. Al gobierno ecuatoriano se le dio el plazo de un año para poner fin a las actividades, pero durante este tiempo casi no avanzó, limitándose a crear una comisión para supervisar las acciones aprobadas en la consulta popular.
“Están violando lo más importante que tiene cualquier sistema democrático: la voluntad de los ciudadanos”, criticó Alex Rivas Toledo, antropólogo y autor de un libro sobre los pueblos aislados del Yasuní.
La explotación petrolera en el parque nacional no es una excepción, sino más bien una tendencia preocupante en Ecuador. En total, ya se han concedido 21 bloques dentro de áreas de conservación de la Amazonía ecuatoriana, lo que suma más de 7.000 km², la mayor superficie superpuesta entre los países analizados.
Gráfico con clasificación de bloques petroleros dentro de áreas protegidas en la Amazonía
De las 15 nacionalidades indígenas de Ecuador, 11 se encuentran en la Amazonía, donde sus territorios también entran en conflicto con los proyectos petroleros. Los bloques concedidos en el país afectan a 207 territorios indígenas, de nuevo el mayor número entre los países analizados, con una superposición de casi 21.000 km² en la Amazonía.
Perú ocupa el segundo lugar, con casi 14.000 kilómetros cuadrados de bloques petrolíferos que se superponen a 143 tierras indígenas. Esta realidad afecta principalmente a las naciones Kichwa, Waorani y Achuar, presentes en ambos países.
Los Kichwa y los Waorani viven en el Yasuní, mientras que los Achuar están en el estado peruano de Loreto, uno de los mayores productores de petróleo y gas del país. Aunque esta región peruana tiene los mayores ingresos por canon petrolero del país, sus poblaciones, incluidas las indígenas, se enfrentan a la pobreza y a la falta de servicios, como el acceso a asistencia de salud.
Los habitantes de Loreto llevan desde la década de 1970 conviviendo con los impactos de las petroleras. Por su vez, los territorios Achuar se cruzan con los bloques 8 y 192, algunos de los más antiguos del Perú y también con más multas ambientales en la región, según los datos del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (Oefa).
Mapa de localización de los bloques 8 y 192 en la Amazonía peruana
En los últimos 13 años, el bloque 8 ha acumulado 88 multas vinculadas a la actividad petrolera, el mayor número de infracciones en la Amazonía peruana. El bloque 192, que tiene la mayor reserva de petróleo del país, le sigue con 35 multas. Ambos bloques están con operaciones paralizadas por problemas contractuales.
Los dos bloques también son los que tienen más derrames petroleros en años recientes en Perú. En dos décadas, un estudio de la organización Oxfam contabilizó 189 derrames en el bloque 8, seguido del bloque 192, con 155 accidentes.
A diferencia de Brasil, las actividades petroleras en territorios indígenas están permitidas en Ecuador y Perú, siempre que se lleve a cabo una consulta previa con las comunidades afectadas. Pero en la práctica, ese proceso a menudo se lleva a cabo violando la legislación o no se realiza en absoluto.
“El negocio del petróleo apenas parece ser rentable si los cálculos de las empresas descartan el medio ambiente o la vida de las comunidades”, criticó David Díaz Ávalos, asesor de la organización Pueblos Indígenas Amazónicos Unidos en Defensa de sus Territorios.
Quema de gas afecta a los pueblos amazónicos
Además de la extracción de crudo, la quema de gas natural asociada a esa actividad es un problema alarmante en la Amazonía. A menudo visibles a kilómetros de distancia, intensas llamas arden en lo alto de torres metálicas, liberando directamente a la atmósfera el gas excedente de la explotación petrolera. Este proceso produce emisiones de CO₂ y metano, un gas con un potencial de calentamiento global más de 20 veces superior al CO₂.
A pesar de los maleficios que la práctica causa en términos de cambio climático y salud humana, varios países siguen permitiéndola. Además, los mecheros (chimeneas de combustión de gas) son bastante habituales en zonas remotas de la selva amazónica, donde la falta de infraestructura dificulta la captura y el procesamiento del gas.
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En 2023, Ecuador quemó 1.600 millones de metros cúbicos de gas en operaciones de extracción y refinería de petróleo en la Amazonía, lo equivalente a más de tres veces el consumo anual de gas natural del país. Eso también representa el 82% de todo el gas quemado en la región amazónica en ese mismo año, según nuestro análisis con informaciones de SkyTruth Flaring, una plataforma que utiliza imágenes de satélite para detectar la quema de gas asociada a la extracción de petróleo en todo el mundo.
Entre 2012 y 2023, la actividad petrolera arrojó 17.600 millones de metros cúbicos de gas dentro de la Amazonía. Ecuador es el líder en esas emisiones, con el 75% del total, lo que representa 34 millones de toneladas equivalentes de CO₂ lanzadas a la atmósfera.
34 millones de toneladas de CO₂ fueron emitidas por la quema de gas en Ecuador
entre 2012 y 2023
Internamente, Ecuador lucha para reducir esas emisiones. En 2021, un tribunal regional le ordenó al gobierno eliminar parte de los mecheros de la industria petrolera cerca de zonas pobladas en las provincias amazónicas. Sin embargo, la sentencia aún no se ha aplicado en su totalidad.
“Crecimos junto a empresas petroleras que, durante más de medio siglo, han traído muerte, destrucción y pobreza a nuestra Amazonía”, afirma en un manifiesto un grupo de jóvenes amazónicas que, junto a una organización de víctimas de la antigua Texaco, presentaron acciones legales para detener la quema de gas en Ecuador.
1,2 millones de personas afectadas
por la quema de gas en la Amazonía
En toda la Amazonía, la quema de gas afecta a cerca de 1,2 millones de personas que viven a por lo menos cinco kilómetros de distancia de los mecheros, con una situación particularmente grave en Bolivia, Ecuador y Venezuela, respectivamente. Los datos proceden de nuestro análisis, que se basa en las estimaciones de densidad de población de Kontur y en un estudio de Clean Air Task Force que utilizó esa misma distancia para evaluar los riesgos para la salud de las poblaciones.
Colombia: la transición se enfrenta a obstáculos
Desde que asumió el cargo en 2022, el presidente Gustavo Petro ha intentado poner a Colombia en la dirección opuesta a la de otros países de la Amazonía: entre sus medidas ambiciosas, está la prohibición de firmar nuevos contratos de petróleo y gas; el fin de la fracturación hidráulica (conocida como fracking), técnica que utiliza la inyección de fluidos a alta presión para extraer petróleo y gas de una forma más agresiva para el medioambiente; y la paralización de los proyectos de exploración petrolera offshore.
Así mismo, los planes de Petro se chocan con los 381 contratos de petróleo y gas aún vigentes y con la insistencia del sector en explorar nuevas reservas, argumentando que las reservas actuales dejan al país con menos de una década de suministro de petróleo para el consumo interno.
De esta manera, la búsqueda por más petróleo ha avanzado en los últimos años: entre 2022 y 2024, Colombia estuvo entre los 15 países con mayor volumen de reservas descubiertas, según el Monitor de Energía Global. Además, en 2024, la estatal colombiana Ecopetrol y la brasileña Petrobras encontraron nuevas reservas de gas natural en el país.
Los operadores con mayor número de bloques asignados en la región amazónica son Gran Tierra Colombia (filial de la canadiense del mismo nombre), Amerisur Exploración Colombia (filial de la chilena GeoPark) y la estatal Ecopetrol. Los bloques de esas tres empresas están entre los que más acumulan multas ambientales en la Amazonía colombiana, principalmente por derrames de hidrocarburos que contaminan el agua y el suelo, según datos del Ministerio de Defensa.
Muchas de esas operaciones también afectan a la población local. En los últimos años, el pueblo Awá ha exigido ante los tribunales que Ecopetrol repare los daños causados por una serie de derrames en su territorio. En 2022, Gran Tierra Energy fue criticada por violar los derechos del pueblo Inga en relación con un proyecto petrolero. Ese mismo año, Nueva Amerisur enfrentó una demanda internacional por sus impactos sobre el pueblo Siona.
Según nuestro análisis, los bloques petroleros con concesiones en la Amazonía colombiana están dentro de 79 tierras indígenas y 30 áreas de conservación, sumando un total de 2.600 km² dentro de áreas protegidas.
La situación se ve agravada por la presencia de grupos armados en zonas petroleras de la Amazonía colombiana. El Acuerdo de Paz de 2016 pretendía poner fin a décadas de conflicto, pero ha desencadenado disputas entre disidencias guerrilleras y nuevas bandas criminales por el control de zonas ricas en recursos naturales, antes dominadas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).
La Comisión de la Verdad creada tras el acuerdo de paz con las Farc reveló que las empresas petroleras aprovecharon el conflicto para contratar la seguridad de grupos paramilitares y contar con la protección del Estado, mientras las comunidades locales se enfrentaban tanto a la violencia armada como a la exploración petrolera en sus territorios.
Los informes de la comisión y las investigaciones periodísticas también han demostrado que miles de ataques a oleoductos, además del robo de petróleo, se han utilizado como táctica de combate cuando las compañías petroleras no pagan las extorsiones. Estos ataques han dejado daños medioambientales irreversibles, contaminando ríos, poniendo en peligro el acceso al agua potable y amenazando especies en la Amazonía y otras regiones.
Estas prácticas no cesaron tras la firma de los acuerdos con las Farc ni con los compromisos medioambientales de Gustavo Petro, sino todo lo contrario. “El control de estos actores armados sobre los territorios es cada vez más visible y frecuente”, afirma María Espinosa, abogada de la organización Amazon Frontlines, que trabaja con comunidades amazónicas afectadas por la combinación de guerrilla y exploración petrolera. “Cada vez es más violento”.
Pero los impactos del petróleo en la Amazonía son evidentes incluso en contextos menos dramáticos. “No hay explotación de petróleo y gas segura, todos los proyectos tienen derrames”, comentó Luiz Afonso Rosário, de la organización 350.org Brasil.
Rosário señala que, durante décadas, el petróleo se ha presentado como una promesa de desarrollo económico para los países sudamericanos. Sin embargo, la realidad es otra: “Lo que vemos son los problemas sociales que siguen, y apenas unos pocos se han enriquecido”.
Para Rosário, este abismo entre promesas y realidad en la Amazonía hace urgente un debate más amplio y justo sobre el futuro del ecosistema: “Van a destrozar la Amazonía con más infraestructuras para favorecer a la industria fósil. Deberíamos invertir en energías renovables”.
*Este artículo forma parte de la investigación Hasta la última gota, un proyecto periodístico producido con el apoyo de Global Commons Alliance, organización patrocinada por Rockefeller Philanthropy Advisors.
Actualizado el: Mar, 04/01/2025 - 15:42