Datos principales

Municipio y departamento: ,

Vereda y corregimiento:

Presunto responsable: Se desconocen los responsables

Fecha: / /

LISTADO DE VÍCTIMAS

Jesús David Vallejo y Esteban Riaga


Masacre Tulúa, 24 de mayo de 2021

Actualizado el: Lun, 07/19/2021 - 15:26

Según la ONG Indepaz, el 24 de mayo de 2021, dos jóvenes fueron encontrados en el sector de Los Caimos, y otros dos en el barrio Portales del Río, en Tuluá, Valle del Cauca. Dos de las víctimas fueron identificadas como Jesús David Vallejo de 20 años de edad y Esteban Riaga de 16 años. Los cuatro jóvenes eran oriundos del corregimiento La Marina, de donde salieron en horas de la mañana hacia Tuluá. La comunidad señala que dos de los jóvenes ya habían sido dados por desaparecidos días antes, y tras las movilizaciones producto del Paro Nacional, habían estado circulando panfletos que amenazaban con asesinar a quienes fueran parte de bloqueos en las vías en este municipio. Alli delinquen las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y el grupo residual de las FARC Adan Izquierdo.

Rutas del Conflicto continúa documentando estos hechos.

Datos principales

Municipio y departamento: ,

Vereda y corregimiento: Corregimiento de Villacolombia

Presunto responsable: Se desconocen los responsables

Fecha: / /

LISTADO DE VÍCTIMAS

Ramiro Moreno Delgado, Melba Carreño, José Mestizo


Masacre de Jamundí, 28 de marzo de 2021

Actualizado el: Lun, 07/19/2021 - 15:10

El 28 de marzo de 2021, dos hombres y una mujer fueron encontrados sin vida en el parque central del corregimiento de Villacolombia en Jamundí, con heridas de bala en la cabeza. Una de las víctimas era el líder campesino Ramiro Delgado; el otro hombre, José Mestizo, era un mototaxista, y Melba Carreño, una vendedora de cholados. Las primeras versiones sobre el hecho sostienen que las víctimas fueron obligadas a subir a un vehículo, fueron conducidas hasta el parque central y allí fueron asesinadas.

En la zona rural de Jamundí operan grupos herederos del paramilitarismo y grupos residuales de las FARC. El alcalde de Jamundí, Andrés Felipe Ramírez, hizo un llamado al Gobierno Nacional en su cuenta de Twitter para que dirija su atención hacia el municipio: "Desde el gobierno de los ciudadanos hemos aportado por una inversión social integral en el campo. Donde junto con la gente construyamos una página de las oportunidades y pasemos la página de la violencia. Pero solos no podemos". Según La Silla Vacía, en Jamundí influye mucho lo que sucede en el departamento vecino, el Cauca. Parte de eso se ve reflejado en los cultivos de coca que hay en la zona rural y la presencia del grupo armado residual de las FARC columna Jaime Martínez, afirma el medio de comunicación.

Para comprender los cambios y el recrudecimiento de la violencia en el Valle del Cauca y el Cauca, hay que remontarse a un punto de partida: la oleada de narcotráfico, paramilitarismo y presencia de grupos insurgentes del siglo pasado. En aquella década de los noventas se dieron unas configuraciones donde el conflicto se degradó radicalmente por la entrada del narcotráfico en todas las esferas de la sociedad civil y armada. Tanto la ciudadanía empresaria, terrateniente o desposeída, pasando por los gobiernos representando y manejando las fuerzas armadas, hasta los grupos insurgentes, paraestatales y delincuenciales, la mayor parte de la sociedad se inmiscuyó directa o indirectamente en el negocio del tráfico y producción del clorhidrato de cocaína.

Como lo menciona Nicole Bravo (2021) en su reporte para el medio La Silla Vacía, el norte del Valle era conocido por el cartel de narcotráfico que llevaba el mismo nombre en los 90 y que operó en Cartago, la ciudad más importante de esa subregión. Además, con la llegada del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en varias subregiones del Valle se dio una alianza entre agentes del Estado (de las Fuerzas Armadas o de Inteligencia), capos de este tipo de carteles y paramilitares, que en ese entonces tenía como objetivo eliminar un enemigo en común: los grupos armados que se auto-denominaban revolucionarios.

Existía presencia de grupos armados de distinta vertiente ideológica, desde el M-19 con una presencia más urbana en las laderas y zonas marginadas de la capital vallecaucana y algunas zonas veredales de corredores estratégicos, hasta guerrillas primordialmente rurales y campesinas como FARC, ELN y EPL. Ese escenario con tanta multiplicidad fue el antecedente de lo que muchos teóricos llamaron “la complejización del conflicto”. Al no haber dos bandos claramente identificados, tenían lugar en diversas partes del departamento disputas territoriales en una guerra de todos contra todos, que puede verse de forma más manifiesta en las fronteras del Valle con el departamento del Chocó.

Era un caldo de cultivo y un revuelto armado, ideológico y de lucro delincuencial que preparó y causó un contexto con unos actores y dinámicas que sirven de punto de partida para entender a los fenómenos de violencia a los que ahora asistimos en la actualidad; unas presencias sofisticadas, clandestinas y fragmentadas de grupos como EPL, ELN, bandas criminales que responden a intereses y disputas locales (por ejemplo, las BACRIM de Buenaventura llamadas La Local y La Empresa), Grupos Armados Residuales o disidencias de los dos acuerdos de paz (tanto el de los paramilitares con el gobierno Uribe, como el de las FARC con el gobierno Santos) y actores que completan una cadena a nivel micro y responden a dinámicas de mercados ilícitos de drogas, armas, extorsión y hurto.

Los municipios en los que estos grupos han tenido incidencia principalmente han sido Bolívar, El Dovio, Buga, Tuluá, Florida, Sevilla, Bugalagrande, Cartago, Buenaventura y Cali con su zona metropolitana (Palmira, Candelaria y Jamundí). La historia demostraría que con las disoluciones y capturas, de los cárteles y sus capos, el narcotráfico no acabaría ni entraría en crisis sino que mutaría, dejando de tener tanta influencia en la zona, pero reestructurándose por medio del microtráfico.

Los grandes carteles u oficinas de delincuentes de hace dos décadas dejaron de ser los que definen el mercado de drogas, ahora hay un mercado interno que depende de una oferta local. Así lo explica el experto en crimen organizado Alberto Sánchez (citado por Bravo, 2021). Y es que la violencia ahora es más selectiva pues no conviene que se demuestre su sistematicidad como se hizo en otras épocas con masacres y hechos victimizantes ocurridos en Sevilla, Trujillo, Buga y Buenaventura.

No, lo que aprendieron los nuevos capos y grupos al margen de la ley, es que no se trata de eliminar a todo contrincante o presunto enemigo para conseguir un monopolio del poder local, sino que se debe sobornar autoridades, asesinar de manera graneada y esporádica intentando vincular los hechos violentos con otras causas, establecer alianzas bajo cuerda con sectores formalmente establecidos (empresariado e industria del Valle) y mantener un bajo perfil. De esta forma, se mantiene más el negocio y no se corren riesgos innecesarios que tomaban en otras épocas los reconocidos y afamados capos del narcotráfico en el Valle del Cauca.

Antes de finalizar, es necesario resaltar varias cosas; aunque se haya transformado la forma en la que operan, siguen siendo los mismos fines: el lucro ilícito y la disputa de territorios estratégicamente posicionados por sus recursos y rutas. También, el hecho de que se haya complejizado y degradado el conflicto no quiere decir que los grupos armados, tanto los que nacen ideologizados y con pretensiones de toma del poder así como los que buscan dominar y mantenerse en un mercado ilegal, no cuenten con aceptación y legitimidad provenga de su actuar político o criminal.

Por todo ello es que se puede concluir que las dinámicas son lo único que cambia, ya que los actores son muchas veces los herederos e incluso los mismos de hace dos o tres décadas, solo que aprendieron y se mimetizaron ante el cambio en la permisividad que el Estado profería tan flagrantemente desde antaño. Ahora las redes, internet y muchos cambios tecnológicos que no responden a una lógica nacional influyen en las formas que se trafica, negocia y produce la droga. Sin embargo, de fondo y principalmente, sigue sin tratarse el tema desde la demanda y se ataca con un enfoque a la oferta, todavía se busca eliminar el producto natural con aspersión o fumigación aérea y todavía se ataca al criminal y no al sistema de falta de oportunidades educativas y laborales que lo genera.

Juan Manuel Torres, sociólogo y coordinador de la oficina Pares Pacifico en Buenaventura de la Fundación Paz y Reconciliación, explica que el Valle del Cauca y el Cauca están conectados primero a nivel regional por el grupo Armado Adan Izquierdo que opera en la cordillera occidental, por la zona de Tuluá, Buga e incluso Sevilla.

Además, tienen la conexión del Naya, la conexión de Jamundí con Los Farallones y la conexión con la costa Pacífica caucana. Estas características geográficas favorecen la conexión entre departamentos. También, se debe considerar que Cali, Jamundí y estas zonas del centro del Valle ha sido donde se hacen los grandes negocios del narcotráfico. En el Valle es que viven los grandes capos y además Cali es un corredor importante, no solo para la cocaína, sino que también es un corredor para las armas.

Datos principales

Municipio y departamento: ,

Vereda y corregimiento:

Presunto responsable: Se desconocen los responsables

Fecha: / /

LISTADO DE VÍCTIMAS

Leydi Yohana García, Milagros Hernández, John Denis Aguirre, Julio César Montaño


Masacre de Cartago, 27 de marzo de 2021

Actualizado el: Lun, 07/19/2021 - 15:08

En la tarde del 27 de marzo de 2021, dos hombres vestidos en negro y a bordo de una motocicleta, llegaron a la plaza de mercado de Cartago y dispararon contra cuatro personas que se encontraban en el lugar, dos hombres y dos mujeres.

Luego de la masacre, las autoridades activaron un ‘plan candado’ en el municipio. Sin embargo, no se han conocido capturas. La gobernadora del Valle del Cauca, Clara Luz Roldán, dijo ante el noticiero 90 minutos que las primeras hipótesis sobre el hecho afirman que se trató de “un enfrentamiento entre bandas dedicadas al microtráfico, que tienen injerencia en Risaralda, Quindío y el norte del Valle”.

De acuerdo con el diario El País, una de las víctimas, Julio César Montaño, tendría antecedentes penales por concierto para delinquir y porte y tráfico de estupefacientes. El diario también afirmó que las mujeres asesinadas eran trabajadoras sexuales.

Cartago, municipio del Norte del Valle, ha sido fuertemente golpeado por el conflicto y el narcotráfico. Fue uno de los municipios en donde operó el cartel del norte del Valle entre 1990 hasta 2008. Recientemente, la violencia está más centrada en el microtráfico. Según dijo el secretario de Seguridad del Valle, Camilo Murcia, a La Silla Vacía, actualmente, el EPL y el ELN tienen incidencia entre los municipios de Bolívar y El Dovio, municipios del norte del Valle. Sin embargo, una fuente militar negó la presencia de los ‘elenos’ en el departamento.

Para comprender los cambios y el recrudecimiento de la violencia en el Valle del Cauca y el Cauca, hay que remontarse a un punto de partida: la oleada de narcotráfico, paramilitarismo y presencia de grupos insurgentes del siglo pasado. En aquella década de los noventas se dieron unas configuraciones donde el conflicto se degradó radicalmente por la entrada del narcotráfico en todas las esferas de la sociedad civil y armada. Tanto la ciudadanía empresaria, terrateniente o desposeída, pasando por los gobiernos representando y manejando las fuerzas armadas, hasta los grupos insurgentes, paraestatales y delincuenciales, la mayor parte de la sociedad se inmiscuyó directa o indirectamente en el negocio del tráfico y producción del clorhidrato de cocaína.

Como lo menciona Nicole Bravo (2021) en su reporte para el medio La Silla Vacía, el norte del Valle era conocido por el cartel de narcotráfico que llevaba el mismo nombre en los 90 y que operó en Cartago, la ciudad más importante de esa subregión. Además, con la llegada del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en varias subregiones del Valle se dio una alianza entre agentes del Estado (de las Fuerzas Armadas o de Inteligencia), capos de este tipo de carteles y paramilitares, que en ese entonces tenía como objetivo eliminar un enemigo en común: los grupos armados que se auto-denominaban revolucionarios.

Existía presencia de grupos armados de distinta vertiente ideológica, desde el M-19 con una presencia más urbana en las laderas y zonas marginadas de la capital vallecaucana y algunas zonas veredales de corredores estratégicos, hasta guerrillas primordialmente rurales y campesinas como FARC, ELN y EPL. Ese escenario con tanta multiplicidad fue el antecedente de lo que muchos teóricos llamaron “la complejización del conflicto”. Al no haber dos bandos claramente identificados, tenían lugar en diversas partes del departamento disputas territoriales en una guerra de todos contra todos, que puede verse de forma más manifiesta en las fronteras del Valle con el departamento del Chocó.

Era un caldo de cultivo y un revuelto armado, ideológico y de lucro delincuencial que preparó y causó un contexto con unos actores y dinámicas que sirven de punto de partida para entender a los fenómenos de violencia a los que ahora asistimos en la actualidad; unas presencias sofisticadas, clandestinas y fragmentadas de grupos como EPL, ELN, bandas criminales que responden a intereses y disputas locales (por ejemplo, las BACRIM de Buenaventura llamadas La Local y La Empresa), Grupos Armados Residuales o disidencias de los dos acuerdos de paz (tanto el de los paramilitares con el gobierno Uribe, como el de las FARC con el gobierno Santos) y actores que completan una cadena a nivel micro y responden a dinámicas de mercados ilícitos de drogas, armas, extorsión y hurto.

Los municipios en los que estos grupos han tenido incidencia principalmente han sido Bolívar, El Dovio, Buga, Tuluá, Florida, Sevilla, Bugalagrande, Cartago, Buenaventura y Cali con su zona metropolitana (Palmira, Candelaria y Jamundí). La historia demostraría que con las disoluciones y capturas, de los cárteles y sus capos, el narcotráfico no acabaría ni entraría en crisis sino que mutaría, dejando de tener tanta influencia en la zona, pero reestructurándose por medio del microtráfico.

Los grandes carteles u oficinas de delincuentes de hace dos décadas dejaron de ser los que definen el mercado de drogas, ahora hay un mercado interno que depende de una oferta local. Así lo explica el experto en crimen organizado Alberto Sánchez (citado por Bravo, 2021). Y es que la violencia ahora es más selectiva pues no conviene que se demuestre su sistematicidad como se hizo en otras épocas con masacres y hechos victimizantes ocurridos en Sevilla, Trujillo, Buga y Buenaventura.

No, lo que aprendieron los nuevos capos y grupos al margen de la ley, es que no se trata de eliminar a todo contrincante o presunto enemigo para conseguir un monopolio del poder local, sino que se debe sobornar autoridades, asesinar de manera graneada y esporádica intentando vincular los hechos violentos con otras causas, establecer alianzas bajo cuerda con sectores formalmente establecidos (empresariado e industria del Valle) y mantener un bajo perfil. De esta forma, se mantiene más el negocio y no se corren riesgos innecesarios que tomaban en otras épocas los reconocidos y afamados capos del narcotráfico en el Valle del Cauca.

Antes de finalizar, es necesario resaltar varias cosas; aunque se haya transformado la forma en la que operan, siguen siendo los mismos fines: el lucro ilícito y la disputa de territorios estratégicamente posicionados por sus recursos y rutas. También, el hecho de que se haya complejizado y degradado el conflicto no quiere decir que los grupos armados, tanto los que nacen ideologizados y con pretensiones de toma del poder así como los que buscan dominar y mantenerse en un mercado ilegal, no cuenten con aceptación y legitimidad provenga de su actuar político o criminal.

Por todo ello es que se puede concluir que las dinámicas son lo único que cambia, ya que los actores son muchas veces los herederos e incluso los mismos de hace dos o tres décadas, solo que aprendieron y se mimetizaron ante el cambio en la permisividad que el Estado profería tan flagrantemente desde antaño. Ahora las redes, internet y muchos cambios tecnológicos que no responden a una lógica nacional influyen en las formas que se trafica, negocia y produce la droga. Sin embargo, de fondo y principalmente, sigue sin tratarse el tema desde la demanda y se ataca con un enfoque a la oferta, todavía se busca eliminar el producto natural con aspersión o fumigación aérea y todavía se ataca al criminal y no al sistema de falta de oportunidades educativas y laborales que lo genera.

Juan Manuel Torres, sociólogo y coordinador de la oficina Pares Pacifico en Buenaventura de la Fundación Paz y Reconciliación, explica que el Valle del Cauca y el Cauca están conectados primero a nivel regional por el grupo Armado Adan Izquierdo que opera en la cordillera occidental, por la zona de Tuluá, Buga e incluso Sevilla. Además, tienen la conexión del Naya, la conexión de Jamundí con Los Farallones y la conexión con la costa Pacífica caucana. Estas características geográficas favorecen la conexión entre departamentos. También, se debe considerar que Cali, Jamundí y estas zonas del centro del Valle ha sido donde se hacen los grandes negocios del narcotráfico. En el Valle es que viven los grandes capos y además Cali es un corredor importante, no solo para la cocaína, sino que también es un corredor para las armas.

Datos principales

Municipio y departamento: ,

Vereda y corregimiento: Vereda de Cerro Rico

Presunto responsable: Grupo armado residual de FARC Adán Izquierdo

Fecha: / /

LISTADO DE VÍCTIMAS

Juan Jacobo Pérez Juan Pablo Marín Nicolás Suárez Sara García Valentina Arias


Masacre de Buga, 24 de enero de 2021

Actualizado el: Lun, 07/19/2021 - 15:06

Hacia las 3 de la mañana del 24 de enero de 2021, tres hombres armados irrumpieron en una celebración de jóvenes en la finca Santa Marta en la vereda Cerro Rico de Buga. Los sujetos que llegaron al lugar preguntaban por Jacobo Peréz Vasquez, hijo del ingeniero civil Wilson Alberto Pérez, dueño de la finca donde ocurrió la masacre. Ingresaron y dispararon contra los ocupantes de la finca, causando la muerte de Jacobo Pérez Vasquez, de 18 años de edad, y sus amigos con quienes compartía en el lugar: Juan Pablo Marín, Nicolás Suárez y Sara García, de 18 años; y Valentina Arias, de 17 años.

En primera medida, las investigaciones de la Fiscalía, tras la pista de un celular de uno de los victimarios que fue encontrado en el lugar, señalaron como presuntos responsables al grupo residual de las FARC Adán Izquierdo, cuyo principal accionar delictivo se concentra en el municipio de Sevilla (Valle del Cauca). También expusieron la hipótesis de que la masacre fue resultado de un intento de secuestro de Juan Jacobo Pérez, hijo del dueño de la finca, el ingeniero civil Wilson Alberto Pérez, por presuntamente no haber pagado una extorsión.

Según un artículo publicado por El Tiempo el 23 de marzo, el ministro de Defensa, Diego Molano, en una cumbre de seguridad en el Valle del Cauca, que tuvo lugar en Cali el 20 de marzo, confirmó las primeras capturas de los ‘disidentes’, tres presuntos integrantes del grupo Adán Izquierdo, tras un operativo del Ejército en zona montañosa en el que murió una mujer, de quien se desconoce su identidad, que habría estado con los detenidos. En este artículo se comenta que tras la pista de esta masacre también se relacionó a otras bandas dedicadas al crimen, la extorsión y asaltos en la región.

Para comprender los cambios y el recrudecimiento de la violencia en el Valle del Cauca y el Cauca, hay que remontarse a un punto de partida: la oleada de narcotráfico, paramilitarismo y presencia de grupos insurgentes del siglo pasado. En aquella década de los noventas se dieron unas configuraciones donde el conflicto se degradó radicalmente por la entrada del narcotráfico en todas las esferas de la sociedad civil y armada. Tanto la ciudadanía empresaria, terrateniente o desposeída, pasando por los gobiernos representando y manejando las fuerzas armadas, hasta los grupos insurgentes, paraestatales y delincuenciales, la mayor parte de la sociedad se inmiscuyó directa o indirectamente en el negocio del tráfico y producción del clorhidrato de cocaína.

Como lo menciona Nicole Bravo (2021) en su reporte para el medio La Silla Vacía, el norte del Valle era conocido por el cartel de narcotráfico que llevaba el mismo nombre en los 90 y que operó en Cartago, la ciudad más importante de esa subregión. Además, con la llegada del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en varias subregiones del Valle se dio una alianza entre agentes del Estado (de las Fuerzas Armadas o de Inteligencia), capos de este tipo de carteles y paramilitares, que en ese entonces tenía como objetivo eliminar un enemigo en común: los grupos armados que se auto-denominaban revolucionarios.

Existía presencia de grupos armados de distinta vertiente ideológica, desde el M-19 con una presencia más urbana en las laderas y zonas marginadas de la capital vallecaucana y algunas zonas veredales de corredores estratégicos, hasta guerrillas primordialmente rurales y campesinas como FARC, ELN y EPL. Ese escenario con tanta multiplicidad fue el antecedente de lo que muchos teóricos llamaron “la complejización del conflicto”. Al no haber dos bandos claramente identificados, tenían lugar en diversas partes del departamento disputas territoriales en una guerra de todos contra todos, que puede verse de forma más manifiesta en las fronteras del Valle con el departamento del Chocó.

Era un caldo de cultivo y un revuelto armado, ideológico y de lucro delincuencial que preparó y causó un contexto con unos actores y dinámicas que sirven de punto de partida para entender a los fenómenos de violencia a los que ahora asistimos en la actualidad; unas presencias sofisticadas, clandestinas y fragmentadas de grupos como EPL, ELN, bandas criminales que responden a intereses y disputas locales (por ejemplo, las BACRIM de Buenaventura llamadas La Local y La Empresa), Grupos Armados Residuales o disidencias de los dos acuerdos de paz (tanto el de los paramilitares con el gobierno Uribe, como el de las FARC con el gobierno Santos) y actores que completan una cadena a nivel micro y responden a dinámicas de mercados ilícitos de drogas, armas, extorsión y hurto.

Los municipios en los que estos grupos han tenido incidencia principalmente han sido Bolívar, El Dovio, Buga, Tuluá, Florida, Sevilla, Bugalagrande, Cartago, Buenaventura y Cali con su zona metropolitana (Palmira, Candelaria y Jamundí). La historia demostraría que con las disoluciones y capturas, de los cárteles y sus capos, el narcotráfico no acabaría ni entraría en crisis sino que mutaría, dejando de tener tanta influencia en la zona, pero reestructurándose por medio del microtráfico.

Los grandes carteles u oficinas de delincuentes de hace dos décadas dejaron de ser los que definen el mercado de drogas, ahora hay un mercado interno que depende de una oferta local. Así lo explica el experto en crimen organizado Alberto Sánchez (citado por Bravo, 2021). Y es que la violencia ahora es más selectiva pues no conviene que se demuestre su sistematicidad como se hizo en otras épocas con masacres y hechos victimizantes ocurridos en Sevilla, Trujillo, Buga y Buenaventura.

No, lo que aprendieron los nuevos capos y grupos al margen de la ley, es que no se trata de eliminar a todo contrincante o presunto enemigo para conseguir un monopolio del poder local, sino que se debe sobornar autoridades, asesinar de manera graneada y esporádica intentando vincular los hechos violentos con otras causas, establecer alianzas bajo cuerda con sectores formalmente establecidos (empresariado e industria del Valle) y mantener un bajo perfil. De esta forma, se mantiene más el negocio y no se corren riesgos innecesarios que tomaban en otras épocas los reconocidos y afamados capos del narcotráfico en el Valle del Cauca.

Antes de finalizar, es necesario resaltar varias cosas; aunque se haya transformado la forma en la que operan, siguen siendo los mismos fines: el lucro ilícito y la disputa de territorios estratégicamente posicionados por sus recursos y rutas. También, el hecho de que se haya complejizado y degradado el conflicto no quiere decir que los grupos armados, tanto los que nacen ideologizados y con pretensiones de toma del poder así como los que buscan dominar y mantenerse en un mercado ilegal, no cuenten con aceptación y legitimidad provenga de su actuar político o criminal.

Por todo ello es que se puede concluir que las dinámicas son lo único que cambia, ya que los actores son muchas veces los herederos e incluso los mismos de hace dos o tres décadas, solo que aprendieron y se mimetizaron ante el cambio en la permisividad que el Estado profería tan flagrantemente desde antaño. Ahora las redes, internet y muchos cambios tecnológicos que no responden a una lógica nacional influyen en las formas que se trafica, negocia y produce la droga. Sin embargo, de fondo y principalmente, sigue sin tratarse el tema desde la demanda y se ataca con un enfoque a la oferta, todavía se busca eliminar el producto natural con aspersión o fumigación aérea y todavía se ataca al criminal y no al sistema de falta de oportunidades educativas y laborales que lo genera.

Juan Manuel Torres, sociólogo y coordinador de la oficina Pares Pacifico en Buenaventura de la Fundación Paz y Reconciliación, explica que el Valle del Cauca y el Cauca están conectados primero a nivel regional por el grupo Armado Adan Izquierdo que opera en la cordillera occidental, por la zona de Tuluá, Buga e incluso Sevilla. Además, tienen la conexión del Naya, la conexión de Jamundí con Los Farallones y la conexión con la costa Pacífica caucana. Estas características geográficas favorecen la conexión entre departamentos. También, se debe considerar que Cali, Jamundí y estas zonas del centro del Valle ha sido donde se hacen los grandes negocios del narcotráfico. En el Valle es que viven los grandes capos y además Cali es un corredor importante, no solo para la cocaína, sino que también es un corredor para las armas.

Datos principales

Municipio y departamento: ,

Vereda y corregimiento:

Presunto responsable: Se trataría de dos hombres con prontuario criminal por homicidio, hurto y concierto para delinquir: Alias 'Rojo' y alias 'Carreta'

Fecha: / /

LISTADO DE VÍCTIMAS

Luz Edilma Castañeda, Fabio Alonso Lenis y una tercer víctima sin identificar


Masacre de Cali, 12 de enero de 2021

Actualizado el: Lun, 07/19/2021 - 15:04

El 12 de enero de 2021, en un sector de la Plaza de Mercado Santa Helena conocido como El Planchón —un sector pavimentado a un costado de la antigua carrilera sobre la calle 26 sobre el cual hay una galería—, llegaron dos sujetos disparando hacia dos hombres. Los agresores huyeron de inmediato en motocicletas. Una de las víctimas, de 35 años, sin precisar su identidad, murió en el lugar de los hechos, mientras que el otro hombre, identificado como Fabio Alonso Lenis, de 39 años, fue llevado a un centro asistencial, donde posteriormente falleció. En medio de los disparos, una bala perdida alcanzó a Luz Edilma Castañeda, comerciante de papa amarilla en la galería de 55 años de edad. Ella también fue llevada a un centro asistencial, pero murió debido a la gravedad de las heridas.

'El Planchón' es un lugar dedicado a la venta de alimentos, reciclaje, pero también, según lo que comentan varios vecinos del lugar, allí operan varias bandas delincuenciales dedicadas a la extorsión, robo y acopio de microtráfico. El 17 de febrero, las autoridades capturaron a los agresores, conocidos como alias 'Rojo', de 40 años y con antecedentes de tentativa de homicidio y hurto agravado; y alias 'Carreta', de 51 años, con antecedentes de tráfico de estupefacientes y extorsión. En cuanto a las razones del hecho, la Policía sostuvo que probablemente se trató de disputas internas entre grupos delincuenciales, algo que aún es tema de investigación.

Según afirmó el secretario de Seguridad y Justicia de Cali, Carlos Alberto Rojas, a 6 AM Hoy de Caracol Radio, este hecho de violencia es consecuencia de la disputa entre bandas por el control de las rutas del narcotráfico en la región.

Para comprender los cambios y el recrudecimiento de la violencia en el Valle del Cauca y el Cauca, hay que remontarse a un punto de partida: la oleada de narcotráfico, paramilitarismo y presencia de grupos insurgentes del siglo pasado. En aquella década de los noventas se dieron unas configuraciones donde el conflicto se degradó radicalmente por la entrada del narcotráfico en todas las esferas de la sociedad civil y armada. Tanto la ciudadanía empresaria, terrateniente o desposeída, pasando por los gobiernos representando y manejando las fuerzas armadas, hasta los grupos insurgentes, paraestatales y delincuenciales, la mayor parte de la sociedad se inmiscuyó directa o indirectamente en el negocio del tráfico y producción del clorhidrato de cocaína.

Como lo menciona Nicole Bravo (2021) en su reporte para el medio La Silla Vacía, el norte del Valle era conocido por el cartel de narcotráfico que llevaba el mismo nombre en los 90 y que operó en Cartago, la ciudad más importante de esa subregión. Además, con la llegada del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en varias subregiones del Valle se dio una alianza entre agentes del Estado (de las Fuerzas Armadas o de Inteligencia), capos de este tipo de carteles y paramilitares, que en ese entonces tenía como objetivo eliminar un enemigo en común: los grupos armados que se auto-denominaban revolucionarios.

Existía presencia de grupos armados de distinta vertiente ideológica, desde el M-19 con una presencia más urbana en las laderas y zonas marginadas de la capital vallecaucana y algunas zonas veredales de corredores estratégicos, hasta guerrillas primordialmente rurales y campesinas como FARC, ELN y EPL. Ese escenario con tanta multiplicidad fue el antecedente de lo que muchos teóricos llamaron “la complejización del conflicto”. Al no haber dos bandos claramente identificados, tenían lugar en diversas partes del departamento disputas territoriales en una guerra de todos contra todos, que puede verse de forma más manifiesta en las fronteras del Valle con el departamento del Chocó.

Era un caldo de cultivo y un revuelto armado, ideológico y de lucro delincuencial que preparó y causó un contexto con unos actores y dinámicas que sirven de punto de partida para entender a los fenómenos de violencia a los que ahora asistimos en la actualidad; unas presencias sofisticadas, clandestinas y fragmentadas de grupos como EPL, ELN, bandas criminales que responden a intereses y disputas locales (por ejemplo, las BACRIM de Buenaventura llamadas La Local y La Empresa), Grupos Armados Residuales o disidencias de los dos acuerdos de paz (tanto el de los paramilitares con el gobierno Uribe, como el de las FARC con el gobierno Santos) y actores que completan una cadena a nivel micro y responden a dinámicas de mercados ilícitos de drogas, armas, extorsión y hurto.

Los municipios en los que estos grupos han tenido incidencia principalmente han sido Bolívar, El Dovio, Buga, Tuluá, Florida, Sevilla, Bugalagrande, Cartago, Buenaventura y Cali con su zona metropolitana (Palmira, Candelaria y Jamundí). La historia demostraría que con las disoluciones y capturas, de los cárteles y sus capos, el narcotráfico no acabaría ni entraría en crisis sino que mutaría, dejando de tener tanta influencia en la zona, pero reestructurándose por medio del microtráfico.

Los grandes carteles u oficinas de delincuentes de hace dos décadas dejaron de ser los que definen el mercado de drogas, ahora hay un mercado interno que depende de una oferta local. Así lo explica el experto en crimen organizado Alberto Sánchez (citado por Bravo, 2021). Y es que la violencia ahora es más selectiva pues no conviene que se demuestre su sistematicidad como se hizo en otras épocas con masacres y hechos victimizantes ocurridos en Sevilla, Trujillo, Buga y Buenaventura.

No, lo que aprendieron los nuevos capos y grupos al margen de la ley, es que no se trata de eliminar a todo contrincante o presunto enemigo para conseguir un monopolio del poder local, sino que se debe sobornar autoridades, asesinar de manera graneada y esporádica intentando vincular los hechos violentos con otras causas, establecer alianzas bajo cuerda con sectores formalmente establecidos (empresariado e industria del Valle) y mantener un bajo perfil. De esta forma, se mantiene más el negocio y no se corren riesgos innecesarios que tomaban en otras épocas los reconocidos y afamados capos del narcotráfico en el Valle del Cauca.

Antes de finalizar, es necesario resaltar varias cosas; aunque se haya transformado la forma en la que operan, siguen siendo los mismos fines: el lucro ilícito y la disputa de territorios estratégicamente posicionados por sus recursos y rutas. También, el hecho de que se haya complejizado y degradado el conflicto no quiere decir que los grupos armados, tanto los que nacen ideologizados y con pretensiones de toma del poder así como los que buscan dominar y mantenerse en un mercado ilegal, no cuenten con aceptación y legitimidad provenga de su actuar político o criminal.

Por todo ello es que se puede concluir que las dinámicas son lo único que cambia, ya que los actores son muchas veces los herederos e incluso los mismos de hace dos o tres décadas, solo que aprendieron y se mimetizaron ante el cambio en la permisividad que el Estado profería tan flagrantemente desde antaño. Ahora las redes, internet y muchos cambios tecnológicos que no responden a una lógica nacional influyen en las formas que se trafica, negocia y produce la droga. Sin embargo, de fondo y principalmente, sigue sin tratarse el tema desde la demanda y se ataca con un enfoque a la oferta, todavía se busca eliminar el producto natural con aspersión o fumigación aérea y todavía se ataca al criminal y no al sistema de falta de oportunidades educativas y laborales que lo genera.

Juan Manuel Torres, sociólogo y coordinador de la oficina Pares Pacifico en Buenaventura de la Fundación Paz y Reconciliación, explica que el Valle del Cauca y el Cauca están conectados primero a nivel regional por el grupo Armado Adan Izquierdo que opera en la cordillera occidental, por la zona de Tuluá, Buga e incluso Sevilla. Además, tienen la conexión del Naya, la conexión de Jamundí con Los Farallones y la conexión con la costa Pacífica caucana. Estas características geográficas favorecen la conexión entre departamentos. También, se debe considerar que Cali, Jamundí y estas zonas del centro del Valle ha sido donde se hacen los grandes negocios del narcotráfico. En el Valle es que viven los grandes capos y además Cali es un corredor importante, no solo para la cocaína, sino que también es un corredor para las armas.

VÍCTIMA / Los rostros de las víctimas mortales durante el paro

Elkin Andrés Fernández Vélez

  • Edad:
  • Ciudad: Santiago de Cali
  • Departamento:
  • Barrio, vereda o corregimiento: Andrés Sanin
  • Fecha de muerte: 06.09.2021

Elkin  Andres Fernández Vélez era un adulto de 50 años que fue impactado con un arma de fuego presuntamente accionada por la Policía en disturbios de Cali. En horas de la noche los manifestantes ubicados cerca del sector del Puente de los Mil Días reportaron que luego de que fue alcanzado por un disparo en el rostro, trataron de socorrerlo "casi arrastrado" por el piso y que en ese momento el ESMAD disparó gases lacrimógenos para impedir su atención y traslado a un centro médico. El personal médico del grupo 21N denunció que Elkin fue impactado de bala entre el ojo y el tabique. La bala quedó incrustada en la cabeza debido a la poca potencia que traía el disparo. También mencionaron que en el traslado a la clínica, Elkin sufrió un paro respiratorio y posteriormente murió de un derrame cerebral. En redes sociales, una periodista extranjera logró registrar que en la locución del personal médico que atendió a Elkin, se "vio una escena muy triste", cuando escoltaron a la hija de Elkin de nuevo al hogar por seguridad, salió una persona de tercera edad preocupada y se preguntaba "Me mataron a mi hijo. ¿Quién me lo va a devolver? No tengo nisiquiera para pagarle el entierro". Aparentemente Elkin era la cabeza y la única fuente de ingreso de la familia compuesta por su hija y su abuela de avanzada edad. Rutas del Conflicto sigue documentando este caso. 

VÍCTIMA / Los rostros de las víctimas mortales durante el paro

Carlos Andrés Rincón Martínez

  • Edad:
  • Ciudad: Santiago de Cali
  • Departamento:
  • Barrio, vereda o corregimiento:
  • Fecha de muerte: 06.08.2021

Carlos Andrés Rincón era un miembro de la Policía Nacional que laboraba en Jamundí, Valle del Cauca. Desde hace nueve años, desempeñaba funciones como patrullero en la institución y específicamente, desde que comenzó el paro nacional, Carlos Andrés hacía acompañamiento y operativos a las manifestaciones en el Valle del Cauca. El viernes 4 de junio en horas de la mañana es declarado desaparecido por la institución y su motocicleta de dotación se encontró incinerada en el nororiente de Cali, exactamente en el Paso del Comercio. En dicho lugar, se habían reportado bloqueos y diversos enfrentamientos entre Fuerza Pública y manifestantes en días anteriores, dejando un saldo de varios civiles asesinados y personas heridas. Cuatro días después de su desaparición, la unidad de operaciones especiales de la Policía, PONALSAR, encuentra el cadáver del patrullero en la vereda el Pilez, municipio de Palmira, a orillas del río Cauca. El cuerpo fue encontrado en estado de descomposición y con evidencias de tortura en el cuello y abdomen. El subcomandante de la estación de policía El Hormiguero, Frank Rojas, reconoció la identidad de la persona en el lugar donde fue hallado. Carlos Andrés tenía un hijo de 4 años y su hermano lo recuerda como una persona que "todo el mundo quería en la estación (de policía), en Cali", de acuerdo con una entrevista realizada por el diario El Tiempo.

VÍCTIMA / Los rostros de las víctimas mortales durante el paro

Cristian Javier Delgadillo Sánchez

  • Edad:
  • Ciudad: Santiago de Cali
  • Departamento:
  • Barrio, vereda o corregimiento: Paso del Comercio
  • Fecha de muerte: 06.04.2021

Cristian Javier Delgadillo Sánchez era reconocido por hacer parte de un colectivo informal de ciclistas que se encargaban de manejar mototaxis en el nororiente de Cali, según reportan los medios Infobae y Canal 2 de Cali. El 4 de junio en horas de la noche, miembros del Grupo de Operaciones Especiales de la Policía y del ESMAD llegaron al punto conocido como el Paso del Comercio para levantar un bloqueo y comenzó el enfrentamiento con los manifestantes que estaban las calles. Estos enfrentamientos dejaron dos civiles asesinados y siete personas más heridas, algunas pertenecientes a la Policía. De acuerdo con Caracol Radio, Cristian Javier recibió un impacto mortal en la cabeza en medio de dichos enfrentamientos. La agencia de prensa Infobae reporta que Cristian era una persona "colaboradora y amable, quien vivía solo y había expresado estar preocupado por conseguir el dinero del arriendo". El 5 de junio se realizó un plantón y velatón en memoria de Cristian Javier que fue reprimido por parte del ESMAD, según reporta la Asociación Nomades. 

VÍCTIMA / Los rostros de las víctimas mortales durante el paro

Segundo Jaime Rosas

  • Edad:
  • Ciudad: Santiago de Cali
  • Departamento:
  • Barrio, vereda o corregimiento: Paso del Comercio
  • Fecha de muerte: 06.04.2021

El viernes 4 de junio de 2021, fue asesinado el joven Segundo Jaime Rosas de 21 años, en en el nororiente de Cali, Valle del Cauca, en un sector conocido como Paso del Comercio. La víctima era estudiante de ingeniería de la Universidad del Valle. Los hechos ocurrieron luego de que la Fuerza Pública arremetiera contra los manifestantes que se encontraban realizando una barricada, que bloqueaba la vía, cobrando la vida de Segundo Jaime al recibir varios impactos de bala. Otro joven y siete personas más resultaron heridas: tres civiles y cuatro uniformados de la Policía, quienes fueron trasladados a centros médicos de la zona. El alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina anunció, a través de su cuenta de Twitter, que denunciará lo ocurrido ante la Fiscalía. Así mismo, la Universidad del Valle pidió esclarecer la muerte del joven estudiante. El comandante de la Policía Metropolitana de Cali, Juan Carlos León, informó a Blu Radio, que ya se encuentran adelantando una investigación que permita esclarecer lo ocurrido, junto al CTI y la Fiscalía.

VÍCTIMA / Los rostros de las víctimas mortales durante el paro

Daniel Steven Sánchez

  • Edad:
  • Ciudad: Santiago de Cali
  • Departamento:
  • Barrio, vereda o corregimiento: Siloé
  • Fecha de muerte: 05.28.2021

Daniel Steven Sánchez era un joven de 16 años que terminaba su bachillerato y trabajaba en diversos oficios para apoyar a su familia. Pocos días antes, en medio del paro nacional, había empezado a trabajar en construcción. Rumbo a su casa quedó en medio del caos que se generó el 28 de mayo de 2021, durante las movilizaciones en Cali, en la glorieta de Siloé.

Su familia narra que algunos de los compañeros con quienes se encontraba trabajando, tras salir de allí, se toparon con la movilización. Ellos alcanzaron a escapar, él no. Alzó sus manos para explicar que no estaba marchando, la Fuerza Pública le disparó, y él se tiró al suelo. Fue detenido hasta dejarlo sin fuerza.

Algunos de los manifestantes que fueron testigos de lo ocurrido, y videos que lograron capturar algunos de los hechos, registraron que Daniel Steven intentaba aclarar que no se encontraba manifestando, y que todo esto era un error. Sin embargo, sus súplicas no fueron escuchadas. Hubo personal de salud que intentó auxiliarlo pero la Fuerza Pública no los dejó, sino que disparó contra ellos, así también lo relató su hermana María Paula, quien se dio a la tarea investigar qué pasó con su hermano ese día.

La Policía continuó golpeándolo, y luego lo subió a una de sus tanquetas. Al día siguiente su cuerpo fue hallado entre las ruinas que dejó el incendio de un almacén de Dollar City, el cual había iniciado sobre las diez de la noche. El cuerpo de bomberos trabajó durante más de seis horas para controlar las llamadas, más tarde encontraron el cuerpo. Yurany Sánchez, una de las hermanas de Daniel y amiga de uno de los bomberos que atendió la situación, señaló que él le dijo que nunca les reportaron que habían personas atrapadas en el lugar. Según El Espectador, Yurany Sánchez publicó que "aunque aún no hay un dictamen de Medicina Legal, los testigos afirman que Daniel tenía impactos de bala" . María Paula corrobora esta información y dice que, "además de lo anterior, el forense les dijo que el cuerpo de su hermano también tenía indicios de haber sido torturado"