La Unidad de Búsqueda determinó que el 13,34% de las personas desaparecidas en Norte de Santander se encuentran en el cementerio de Cúcuta. Este recinto fue el principal receptor de cuerpos no identificados del departamento y ahora las familias están recibiendo la entrega digna de los restos de sus seres queridos.
Por: Juan Carlos Granados Tuta
Las fosas comunes en Colombia son una cicatriz indeleble de la guerra. Montañas, ríos, zonas de desechos, todo tipo de sitios fueron utilizados para esconder víctimas y desaparecer cuerpos.
Esta situación llevó a la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) -entidad creada tras el Acuerdo de Paz de 2016- a tener un registro de 13 mil lugares de interés forense donde presuntamente se pudo ocultar cuerpos durante el conflicto armado. Las investigaciones hablan de más de 130 mil personas desaparecidas en el país.
Uno de los lugares en Colombia que alberga mayor cantidad de cuerpos presuntamente relacionados con la guerra es el Cementerio Central de Cúcuta. No cuenta con la visibilidad mediática del Cementerio de Las Mercedes, en Dabeiba, o La Escombrera de Medellín, pero su situación es más crítica.
Se estima que 695 cadáveres (627 no identificados y 68 identificados que no han podido ser entregados a sus seres queridos) son de interés para la UBPD en el cementerio. Los cuerpos están distribuidos en áreas de inhumación en tierra, fosas colectivas y estructuras como celdas de custodia y columbarios.
La investigación realizada por la UBPD les permitió determinar que el Cementerio Central de Cúcuta alberga el 13,34% de las personas desaparecidas en Norte de Santander. Este hallazgo es clave para los familiares de los desaparecidos, teniendo en cuenta que este recinto fue por décadas el principal receptor de cuerpos no identificados (CNI) y cuerpos identificados no reclamados (CINR) en el departamento, de los cuales una parte importante proviene del Catatumbo.
La UBPD registra 5.193 personas desaparecidas en Norte de Santander y 1.639 solicitudes de búsqueda. En la región del Catatumbo hay por lo menos 2.771 personas desaparecidas y 982 solicitudes de búsqueda. En Cúcuta y su Área Metropolitana hay 2.244 personas desaparecidas y 597 solicitudes. En el centro y sur del departamento hay registradas 178 personas desaparecidas y 60 solicitudes.
Además, la UBPD pudo determinar que un número importante de cuerpos de personas desaparecidas de Norte de Santander, Santander, Meta, Arauca y Caquetá fueron inhumadas en el lugar. Lina Amaya, investigadora de la UBPD a cargo del cementerio, explica que si bien varias personas identificadas en el cementerio eran oriundas de otras partes del país, eso no significa que los cuerpos fueron enviados desde otros departamentos para ocultar el rastro. De eso no hay información.
El gran problema para hallar a los desaparecidos en el cementerio es que hubo tanta desorganización y malos manejos administrativos que los registros de los libros están incompletos y no corresponden con lo que se encuentra en terreno. Rutas documentó esta situación en 2024 en el reportaje El cementerio de Cúcuta se convirtió en la fosa común más grande de Colombia ¿Cómo se llegó a este punto? En este texto se explica que el 10 de octubre de 2021 un muro del cementerio se derrumbó y dejó expuestas varias bolsas negras llenas de restos humanos, saliendo a flote una verdad que estuvo sepultada por décadas en este sitio.
Aura Navas, lideresa de Cúcuta que trabaja con madres buscadoras, le solicitó a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) medidas cautelares para el cementerio, las cuales se adoptaron en el Auto 069 de noviembre de 2021. La JEP prohibió la exhumación y reubicación de los CNI y CINR, así como la inhumación de nuevos cuerpos en áreas donde hay restos para salvaguardar lo que queda de las posibles víctimas de desaparición.
En febrero de 2024, en la sexta intervención al cementerio, la JEP y la UBPD en rueda de prensa comunicaron que fueron halladas 211 presuntas víctimas de desaparición forzada. María del Pilar Valencia, magistrada de la JEP, dijo que de todos los sitios con medida cautelar el caso del cementerio de Cúcuta era el más grave “por la magnitud, la gravedad y el incumplimiento de las obligaciones de las autoridades locales”.
Según datos compartidos por la UBPD a Rutas del Conflicto, a corte del 13 de junio de 2025, hay 48 puntos de interés forense identificados en el cementerio, de los cuales 40 han sido intervenidos. La entidad ha recuperado y remitido a Medicina Legal 592 cuerpos y ha examinado un total de 11.200 cadáveres.
Lina Amaya, investigadora encargada del cementerio, conversó con Rutas sobre el trabajo realizado hasta el momento, los retos para recuperar e identificar los cuerpos y los nuevos hallazgos.
Amaya cuenta que la investigación inició con 22 sitios de interés forense, con base en la información que proporcionó la gente. “Empezamos en lo que se conoce como casitas de custodia, las cuales tenían muchas bolsas y contenedores de segunda disposición, que es cuando retiran restos del lugar inicial de inhumación y los trasladan a otros sitios”, explica.
Uno de los puntos más importantes durante las intervenciones fueron las fosas comunes conocidas como ‘piscinas’. En total hay cinco en el cementerio. Una de estas es conocida como Dos Cruces y fue la que tuvo más impacto en su momento. Este sitio fue el principal lugar de inhumación en el cementerio. No tenía lápidas, había bolsas al aire libre y costales con restos y estructuras óseas esparcidos. Como no tiene puertas, los cuerpos eran arrojados desde afuera.
En 2024, el grupo de trabajo de Norte de Santander de la UBPD le afirmó a Rutas que había tantos restos mezclados en Dos Cruces que establecer una cifra aproximada de cadáveres sería todo un reto. Amaya relata que el equipo forense hizo un ejercicio detallado en las fosas comunes, donde sacaron todas las estructuras óseas y las organizaron.
“Lo que más encontramos fueron cráneos, lo que facilita el proceso de identificación porque estos contienen un poco más de carga genética. Entonces el número mínimo individuos en las fosas comunes se saca a partir de la cantidad de cráneos recuperados”, dice la investigadora.
Amaya explica que no pudieron extraer todo el material de las ‘piscinas’ porque en algunos casos no era posible, no hay ciencia actual para hacerlo. Por esta razón en estos sitios pusieron dos placas para hacer memoria y dejar constancia de que quedó algo con lo que nunca se va a poder trabajar.
La investigadora comenta que en algunos casos se puede identificar si la persona recibió un tiro en el cráneo, lo que permite a la UBPD definir cuáles estructuras óseas son de su interés. “Se enviaron muchos cuerpos al Instituto (Medicina Legal), pero no sabemos si todos corresponden a personas desaparecidas. Puede ser que el individuo murió por arma de fuego, pero en una situación ajena al conflicto”, afirma.
En el cementerio de Cúcuta pueden haber personas no identificadas e identificadas no reclamadas que están asociadas al conflicto, pero también que no. “Hay personas plenamente identificadas, pero que sus familiares no regresaron a visitar su tumba, o que la administración del cementerio, en su afán por desocupar espacio, los trasladó a sitios de segunda disposición”, dice Amaya.
Actualmente hay 48 sitios identificados y 40 intervenidos. Para determinar si un sitio es de interés para la UBPD la entidad tiene en cuenta la información recopilada y los hallazgos en terreno. También tiene en cuenta los testimonios de los sepultureros, quienes relatan que en algún momento les ordenaron mover bolsas o contenedores de un lugar a otro.
“En este cementerio no perdían espacio, en cualquier lugar en el que podían trasladar estructuras lo hacían . El lugar recibió y sigue recibiendo muchísimos cuerpos, aunque por la medida cautelar ya no llegan tantos”, menciona Amaya. Dice la investigadora que al cementerio llegaron más de 1.200 CNI, solo que no todos son de interés para la UBPD. En medio de esto, la comunidad continúa haciendo sus entierros. Sin embargo, están prohibidas las inhumaciones en tierra.
La UBPD comenzó a implementar un proceso llamado verificación de correspondencia post mortem. “Nosotros recuperamos un cuerpo y este tiene una placa asociada, la cual está ligada a un protocolo de necropsia en el que se establecen las causas y formas de la muerte de la persona. Entonces, si tenemos la placa podemos asociar el cadáver a un determinado protocolo y año”, explica Amaya.
La investigadora relata que una gran parte de los cuerpos que están en el cementerio ingresaron por Medicina Legal. “Fueron cuerpos que entraron legalmente y tuvieron un proceso médico. Tenemos información previa de las condiciones en las que ingresaron e información como la edad, el sexo y las lesiones. Esto nos permite identificar los cadáveres de una forma más sencilla”, cuenta Amaya.
Para la verificación de la identidad de un cadáver trabajan en conjunto un médico forense, una odontóloga forense y un antropólogo, los cuales revisan y constatan que los cuerpos que la UBPD seleccionó para la verificación en realidad sí correspondan con la persona asociada a la información de los protocolos de Medicina Legal. Cuando esto sucede se da inicio al proceso de entrega a las familias.
“Este es el procedimiento al que llamamos verificación. Permite que el abordaje de los cuerpos sea más rápido, porque el Instituto está colapsado y de acá enviamos una infinidad de estructuras óseas que no da el tiempo para abordarlas”, sostiene Amaya.
La investigadora señala que por esta razón es necesario que los familiares de las víctimas se acerquen a la UBPD, cuenten su historia y les permitan tomar su muestra de ADN. Amaya dice que esto facilita el proceso de investigación porque permite decirle a Medicina Legal que cruce el material genético de los familiares con el cuerpo que se presume pertenece al ser querido en cuestión. “Esto permite realizar la verificación directamente en vez de cruzar la información con el banco de datos a nivel nacional y revisar si hay coincidencia”, explica la investigadora.
La UBPD ha podido identificar varios cuerpos del cementerio. Sin embargo, ahora debían contactar a las familias y hacerles saber que su ser querido fue encontrado. “Pensamos que esas personas que murieron en épocas fuertes del conflicto en el departamento que terminaron en el cementerio, y nunca fueron reclamados, tenían familiares buscándolos o esperando que lleguen a casa”, afirma Amaya.
Con base en esta idea la UBPD creó la estrategia llamada búsqueda inversa, que actualmente es una plataforma web y también es anunciada en televisión de forma similar a los comerciales del ICBF. “Estamos publicando las fotos de las personas que hemos recuperado. Pedimos una foto y sacamos a la luz la información. De esta manera se nos han acercado varias familias. Ya no somos nosotros buscando sino la familia haciéndonos saber que esa persona publicamos es su ser querido”, detalla la investigadora.
Amaya explica que la cédula de las personas identificadas permite rastrear quiénes eran sus familiares. Las entregas dignas que la entidad ha hecho fueron gracias a este método de búsqueda. La primera entrega fue la de un hombre llamado Raúl Jiménez. Según la UBPD , la última vez que su familia tuvo conocimiento de su paradero fue en 2009. Fue encontrado con heridas de arma de fuego y después fue inhumado en el cementerio como identificado no reclamado.
“Lo habían reportado como un homicidio, a la mamá le habían dicho que lo mataron. Quedaron registrados los datos de Raúl, de la mamá, de la hermana y de los hijos de la hermana”, cuenta. Dice la funcionaria que la mamá de Raúl ya era una señora de edad, por lo que consideró que decirle que el cuerpo de su hijo fue encontrado en el cementerio no sería lo ideal por el riesgo de causarle un sobresalto emocional.
Entonces pensó en la hermana, pero era complejo ubicarla. Sin embargo, los hijos de la hermana eran adolescentes, entonces muy seguramente tenían redes sociales. “Le escribí a uno de los chicos por Facebook, el muchacho sabía la historia de su tío desaparecido, me creyó y me compartió el número de su mamá. Ella me comenta que la Fiscalía les dijo que el cuerpo de Raúl estaba en el cementerio, pero no les dijeron dónde”, cuenta Amaya.
Además, relata la investigadora que la hermana de Raúl quería cumplirle el deseo a la mamá de entregarle los restos de él porque la señora lo buscó, consultó con las organizaciones de desaparecidos. No obstante, la madre de Raúl falleció meses antes de la entrega digna.
A la fecha se han realizado 24 entregas dignas a los familiares de personas desaparecidas durante el conflicto que se encontraban en el cementerio. Hasta el momento la UBPD ha asociado 120 solicitudes de búsqueda en este sitio.
La investigadora cuenta que ha tenido casos donde los familiares de las personas identificadas las daban por muertas porque eran conscientes de que hacían parte de un grupo armado o porque se los hicieron saber. En otras oportunidades los familiares tienen certeza del fallecimiento, pero son reticentes a creer que el cuerpo fue encontrado en el cementerio porque tenían conocimiento de que murió en otro lugar.
“Una vez tuve que explicarle al familiar que si bien la persona murió en medio de un combate en otra parte, recogieron el cuerpo y lo trajeron a Cúcuta, donde está Medicina Legal, lo analizaron y después lo trasladaron al cementerio”, afirma Amaya. La investigadora dice que a las familias se les muestra toda la documentación para que tengan la seguridad de que se trata de su ser querido. Amaya agrega que han enviado cuerpos a distintas partes del país porque en el cementerio hay personas que eran de otras regiones.
Amaya explica que hay familias que saben que su ser querido se encuentra en el cementerio gracias a sus propios ejercicios de búsqueda, pero no lograron ubicarlo al interior del recinto. “En ocasiones la gente se acerca y nos dice el nombre de su familiar. Revisamos los registros del cementerio y la persona aparece, pero por el desorden del lugar no sabemos dónde está, se encuentra perdido dentro del cementerio”, dice la investigadora.
En el cementerio nunca hubo un libro de exhumaciones, solo de inhumaciones. Hay registro de los entierros desde 1990, pero anterior a ese año no hay nada. “Acá se sabe dónde se inhumó el cuerpo por primera vez, pero no lo que pasó después, si fue trasladado posteriormente a su inhumación no hay información sobre a dónde lo llevaron”, relata Amaya.
La investigadora explica que la gran mayoría de los CNI fueron inhumados en tierra, los cuales tienen una particularidad y es que tienen tres niveles: arriba, medio y abajo, y en cada lugar hay un cadáver. “Para recuperar los cuerpos que creemos son de nuestra competencia debemos desenterrar y mirar cada uno de los niveles porque no sabemos si el cuerpo que estamos buscando fue desenterrado e inhumado en tierra”, menciona Amaya.
En los sitios en tierra está lo que se conoce como hiladas y sepulturas. Entre cada hilada hay pasillos por donde se puede caminar hasta la última sepultura. Sin embargo, los CNI también fueron enterrados en los pasillos y no hay claridad de la manera en que se hizo esto. Esta es otra de las particularidades del cementerio.
Por el cementerio pasaron más de 75 sepultureros y la forma en que cada uno de ellos realizó su labor era distinta, nunca hubo una denominación clara de cada espacio para hacer las inhumaciones. “Esto significa que si un cuerpo supuestamente está en la zona 6A, por ejemplo, puede que el sepulturero de turno haya pensado que la 6A era otro lugar porque tenía una manera distinta de abordar el cementerio respecto a su antecesor”, expresa la investigadora. La UBPD está enfocada en las inhumaciones en tierra para contrastar la información que aparece en el libro de inhumaciones.
La investigadora relata que según los testimonios de los antiguos sepultureros muchas veces inhumaban cuerpos en tierra y después se acordaban de reportarlo. Sin embargo, en ocasiones ese registro no era preciso. Amaya explica que administrativamente el cementerio tampoco tenía muchas herramientas y recursos para poder hacerle un seguimiento a los cuerpos. La individualización de los CNI comenzó a regir en Colombia a través de una resolución de 2010. Antes de eso no había ningún manual ni directrices a seguir.
Con el libro de inhumaciones de 1990 al 2000 hay un problema y es que dice que los cuerpos fueron enterrados, pero no hay información de si se encuentra en el nivel superior, medio o inferior. Además, los registros no mencionan el sector. “Tenemos más de 500 CNI que ingresaron al cementerio entre 1990 y el 2000 que no sabemos en qué sector de tierra están. Del 2001 al 2016 sí está la información”, afirma Amaya.
Otra complicación para la entidad es que los cuerpos inhumados recientemente no se pueden tocar, por lo que si la entidad necesita hacer la exhumación de un cuerpo que está en el nivel bajo de una sepultura en tierra primero debe retirar los dos cadáveres que están encima. Sin embargo, si alguno fue inhumado recientemente no se puede extraer.
Después de todo el tiempo que lleva trabajando en el cementerio, Amaya dice que este sitio debe ser considerado como un tema de memoria y reconstruirse a partir de eso. “Este fue el recinto que recibió a los muertos de este departamento por muchísimos años, aún lo hace. Debe entenderse de esa manera”, sostiene la investigadora.
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