“Puedo dar fe de que ninguno de los vendedores a quienes compramos predios tuvieron problemas de amenazas o desplazamientos"

Rutas del Conflicto tuvo la oportunidad de contactar a Carlos Llano, un empresario vallecaucano que participó de manera significativa en el proceso de compra y venta de 16 predios en el Vichada. En un principio esos terrenos fueron adjudicados a campesinos de la zona y hoy son propiedad de la multinacional norteamericana Cargill.

¿Su principal actividad económica es la compraventa de bienes inmobiliarios? Si es así, ¿desde cuando se dedica a este oficio?

Mi principal actividad económica se circunscribe al sector agropecuario. Soy Zootecnista de la Universidad Nacional con posgrado en nutrición animal de la Universidad de California. Toda mi vida he estado vinculado al sector agropecuario a través de actividades como ganadería de leche, siembra de caña de azúcar, porcicultura, cultivo de tilapia, y asesorías nutricionales en el Valle. La venta que se hizo a Cargill surgió como una oportunidad puntual pero no obedece a mi actividad principal.

¿Cuándo, bajo qué circunstancias y con qué propósito llegó al Vichada?

Hace 15 años me vinculé al Vichada y lideré un grupo de 16 inversionistas vallecaucanos de diferentes perfiles profesionales quienes, aunque no tenían conocimiento sobre la altillanura, creyeron en el futuro que esta región ofrecía como una alternativa importante para ampliar la frontera agrícola de Colombia. Así, pudimos hacer unas adquisiciones con el fin de desarrollar proyectos de ganadería, agricultura y reforestación, siempre animados por los planes de infraestructura que anunciaba el gobierno para esta región, y que después de 15 años de presencia en la región no se materializaron. Mi participación en los predios comprados se deriva de un aporte inicial de capital y honorarios que recibía de mis socios, mediante la cesión de un porcentaje sobre los mismos.

¿Cuando llegó a la zona, cómo eran las circunstancias de orden público? ¿Cómo era el panorama de violencia en la región?

Al llegar al Vichada me sorprendió la tranquilidad de la región, particularmente la zona de Santa Rosalía y La Primavera. A diferencia de otras zonas en los llanos, con un historial de violencia ampliamente documentado como Puerto López, Puerto Gaitán, Mapiripán, Serranía de la Macarena y otras áreas del sur del Meta.

¿Cuál fue el criterio para escoger las tierras para comprar?

El criterio de compra siempre tuvo dos fases. Una primera fase de tipo jurídico que consistía en hacer una investigación de toda la tradición de los predios, conocer a fondo quienes habían sido sus propietarios y tener la seguridad de que existiera la intención de los mismos de hacer una venta de manera libre y consciente, libre de cualquier tipo de coacción, y a precios de mercado. El segundo criterio que se tuvo en cuenta, era que los predios tuvieran vocación agrícola una vez se hicieran las adecuaciones demandadas para corregir las múltiples falencias que presentan los suelos de la altillanura.

¿Cómo estableció el precio para ofrecerle a los colonos?

El precio de las compras obedeció como en cualquier otra transacción de bienes raíces a las leyes de mercado que siempre han existido y prevalecen en la zona, toda vez que yo no era el único comprador y debía competir con las ofertas que hicieran otros compradores que por esa época también se vincularon al llano. Aquí vale la pena hacer una aclaración que considero importante, y es que en la gran mayoría de los casos las compras no se le hicieron a colonos, si por colono se entiende la persona a la cual le fue adjudicado inicialmente el predio. Una revisión de los certificados de tradición podrá aclarar que los predios ya habían tenido ventas previas.

¿Cuál era el precio promedio por hectárea que ofreció y pagó?

Para la época de las compras iniciales los precios variaban entre $100.000 y $400.000 por hectárea dependiendo de ubicación, porcentaje de área aprovechable, presencia de serranía y estado de las sabanas en cuanto a limpieza. Todos estos predios carecían de infraestructura y sus mejoras eran muy incipientes, no había divisiones, cercas, ni pastos mejorados, pero ofrecían un potencial productivo si en ellos se hacían las inversiones necesarias para corregir los problemas de suelos propios de la altillanura y que están ampliamente documentados en la literatura. Muchos campesinos cuentan que usted aparecía haciendo las ofertas por las fincas, pero a la hora de firmar las escrituras, aparecen otros nombres.

¿Es esto cierto? Si es así, ¿cómo fue su trabajo en esta intermediación?

Eso es cierto, pues como le comenté en el punto 2, mi función era identificar predios que ofrecieran potencial para actividades agropecuarias y forestales y adquirirlos, labor por la cual recibía unos honorarios representados en participación en los predios adquiridos. La diferencia de precios entre la compra y la venta ciertamente fue importante y obedeció a varias expectativas que se originaron con anuncios que hizo el gobierno hacia 2009 en el sentido de que se le iba a dar un impulso importante a la altillanura identificándola como la gran frontera agrícola del país, mediante la pavimentación de la vía a Puerto Carreño, La inversión en la navegabilidad del río Meta mediante la construcción de 7 puertos entre Puerto López y Puerto Carreño, la electrificación de Santa Rosalía y La Primavera tomando como base la red eléctrica de Casanare etc. Sobra decir que todos estos anuncios fueron un saludo a la bandera y a la fecha el Vichada adolece de los mismos problemas que siempre le han acompañado y la falta de infraestructura e inversión por parte del gobierno es total.

Varios propietarios originales de las tierras señalan que por muchos años soportaron la violencia de los grupos armados y que por esta razón accedieron a venderlas a precios bajos. Revisando los certificados de Tradición y Libertad observamos que algunas fincas en las que, según los colonos, usted fue el intermediario, se vendieron inicialmente por valores que no superan los 100 millones de pesos. Estas propiedades fueron revendidas a Colombia Agro, en menos de dos años, por cifras que alcanzaron los 2.500 millones de pesos. ¿Cuál es su versión de los hechos?

Puedo dar fe de que ninguno de los vendedores a quienes compramos predios tuvieron problemas de amenazas o desplazamientos. De hecho, por aquella época, y supongo que aún está vigente, existía una medida que exigía a los notarios la presentación por parte de compradores de predios en algunos municipios con historia de desplazamientos forzados, de un certificado que expedían las alcaldías municipales acreditando que el predio en venta estaba exento de esa condición. Sé que, para predios comprados en municipios con historia de presencia de grupos al margen de la ley, ese certificado era indispensable para correr las escrituras públicas. Por el contrario, Santa Rosalía y La Primavera nunca fueron considerados municipios con historial de desplazamientos forzados y por eso tal certificación no era necesaria. Esto me animó a invertir en la zona, más aún cuando tenía una responsabilidad con inversionistas que depositaron su confianza en mí.

Su esposa María Catalina Raffo Palau y uno de sus familiares, Andrés Caicedo Raffo, también aparecen como intermediarios en los documentos. ¿Se dedican ellos a la compraventa de bienes raíces? Otros intermediarios de apellidos Builes, Espinosa Larrarte y Riascos Villegas, según registros comerciales, tienen vínculos con usted en varias empresas. ¿Cuál es su relación con ellos? ¿Sabe cómo y por qué llegaron al Vichada a comprar tierras?

Tanto mi esposa como las personas mencionadas participaron en un pequeño porcentaje en algunas de las inversiones de predios que posteriormente fueron vendidos a Cargill. Ninguno de ellos se dedica a la compraventa de bienes raíces y la venta a Cargill surgió como un negocio de oportunidad.

¿Cómo y en qué momento supo usted del interés de Cargill por tierras en el Vichada?

El interés de Cargill por comprar tierras nos fue inicialmente dado a conocer por comisionistas de Santa Rosalía y La Primavera. Esto nos permitió entrar en contacto con representantes de la multinacional y después de un prolongado proceso de negociación vender nuestros predios a esa empresa.

Además del Vichada, ¿en qué otras zonas del país tiene negocios de compraventa de tierras?

No poseo tierras en otras regiones del país y tampoco estoy en la actividad de compraventa de predios. El abandono del gobierno en esta región unido a la inestabilidad jurídica sobre la propiedad de la tierra dio al traste con promisorios proyectos productivos de diferentes empresas que quisieron desarrollar el Vichada. Sin ánimo de polemizar ni defender causas ajenas, siempre me sorprendió que una región que por décadas permaneció en el olvido, curiosamente sólo hasta cuando surgieron empresas que quisieron hacer desarrollos agroindustriales importantes, algunos representantes de la clase política sintieron de repente dolor de patria y con el pretexto de que se estaba amenazando la seguridad alimentaria del país al permitir que dichas empresas nacionales y extranjeras adquirieran áreas necesariamente grandes por las características propias de la altillanura e hicieran cuantiosas inversiones en adecuación de suelos, compra de maquinaria, desarrollo de infraestructura vial y fluvial, contratación formal de mano de obra etc., interpusieron toda suerte de objeciones y enfilaron baterías contra inversionistas que desarrollaban una actividad con apego a la Ley. Si en algún momento hubo compras aprovechando situaciones de debilidad por parte de los vendedores o ejerciendo intimidación o coacción, éstas deben ser investigadas y castigadas por la Ley. Por otro lado, sé de algunos vendedores que en su momento enajenaron libremente sus predios a precios de mercado y aparecieron años después invocando situaciones de desplazamiento inexistentes. Con esto quiero respetuosamente sugerirle que tome con beneficio de inventario acusaciones a las que usted hace referencia en el sentido de que algunas ventas en la región de Santa Rosalía y Primavera obedecieron a presiones de grupos armados, toda vez que como le anoté en un punto anterior, esta región, aunque no ajena a la inseguridad que vivió el país en los años 90 y principios de los 2000, padeciendo incluso una cruenta toma guerrillera en 2001, no sufrió como otras regiones del país episodios de desplazamiento forzado que obligaran a colonos a vender sus parcelas a precios por debajo de su valor real.

Actualizado el: Jue, 10/03/2019 - 00:14

Lo que hay que saber para comprender el conflicto armado en Tumaco

La confrontación armada ha persistido en Tumaco durante más de 35 años. La guerrilla, los paramilitares y el crimen organizado han tenido un gran interés en este puerto de la costa nariñense por ser un punto estratégico para el tráfico de droga y armas, por su cercanía con la frontera con Ecuador y el acceso al océano Pacífico.

*Fotografía: archivo Alcaldía de Tumaco.

Dentro del plan de expansión de las Auc fue contemplado llegar a Nariño. Vicente Castaño le ordenó al jefe paramilitar y narcotraficante Diego Fernando Murillo, alias ‘Don Berna’, enviar un grupo de paramilitares a la zona en 1999. Poco antes, la guerrilla había lanzado dos ataques en la región costera nariñense, donde las Farc delinquían con el Conjunto Comando Occidental desde finales de los años setenta y el Eln, desde los años ochenta. Durante las negociaciones con el gobierno Pastrana, las guerrillas habían aumentado las hostilidades contra la fuerza pública y los pobladores más pudientes de la región.

Según escribió la periodista María Teresa Ronderos en su libro Guerras Recicladas, recién llegados, los ‘paras’ consiguieron respaldo de la Capitanía y de la Alcaldía de Tumaco, el municipio más importante del Pacífico nariñense. Para terminarse el año, los ‘paras’ realizaban ‘limpieza social’ y asesinaban a cualquiera que fuera señalado de tener una condición política de izquierda.

Seis meses después de la llegada paramilitar, Vicente Castaño le cedió el control del grupo al narcotraficante Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’, exjefe del Bloque Central Bolívar, Bcb, como parte de una alianza nacional entre las Auc y el Bcb. ‘Macaco’ puso al mando a Guillermo Pérez Alzate, alias ‘Pablo Sevillano’, hermano de su mano derecha, alias ‘Julián Bolívar’, y le ordenó formar el Bloque Libertadores del Sur.

Después de haber asesinado al gestor de un consejo comunitario y a un periodista, los ‘paras’ anunciaron en agosto del año 2000 su llegada a Tumaco con grafitis y comenzaron las amenazas contra la Pastoral Social. Asesinaron y amenazaron algunos miembros de un grupo de desplazados de Putumayo y de Caquetá asentados en el municipio y durante ese mismo año allí perpetraron dos masacres.

A principios de 2001, guerrilleros de las Farc montaron varios retenes en la vía Tumaco – Pasto, lo que resultó en intensos enfrentamientos por el control del territorio con los paramilitares. En abril del mismo año, los ‘paras’ asesinaron al periodista Flavio Bedoya en una campaña de muerte contra quienes los contrariaban y en mayo se expandieron hacia Bocas de Satinga y El Charco. El 19 de septiembre mataron a la hermana y defensora de los derechos humanos Yolanda Cerón, frente a la iglesia de La Merced.

Los ‘paras’ amenazaron a los periodistas de programa radial que conducía la hermana Cerón, que atendía los problemas de las comunidades, y persiguieron a todos los que tramitaron la creación de consejos comunitarios en la región y buscaron que les fueran tituladas tierras colectivamente.

En los años siguientes, los ‘paras’ perpetraron numerosos crímenes como los asesinatos de los líderes sociales José Aristides Rivera y José Luciano Castillo y una masacre en la que torturaron y asesinaron a 20 personas en junio de 2004, en un corregimiento de Tumaco llamado Llorente. Según documentó el centro de investigación académica Cinep, los integrantes de la fuerza pública que se encontraban en la zona no reaccionaron ante los hechos.

El 30 de julio de 2005, cerca de 690 miembros del Bloque Libertadores del Sur se desmovilizaron en Taminango, Nariño. La Justicia le atribuye cerca de 1.600 víctimas. Este grupo paramilitar estuvo financiado sobre todo por la extorsión y el narcotráfico, delito que tiene a alias ‘Pablo Sevillano’, exjefe del Libertadores del Sur, pagando una condena de 17 años de prisión en Estados Unidos. María Teresa Ronderos también documentó que mientras este grupo paramilitar estuvo en la costa nariñense, las autoridades incautaron cerca de 3.100 kilos de cocaína y encontraron 39 laboratorios en la zona para su producción.

La banda criminal autodenominada ‘Los Rastrojos’ surgió después de la desmovilización de la mayoría de estructuras paramilitares entre 2004 y 2006, cuando narcotraficantes y exparamilitares bajo el mando de los hermanos Javier Antonio y Luis Enrique Calle Serna, alias ‘Los Comba’, se reorganizaron y continuaron delinquiendo en la Costa Pacífica, incluyendo Tumaco. El crimen organizado ocupó espacios que dejó el Bloque Libertadores del Sur y como sus antecesores, los ‘paras’, hizo acuerdos con miembros de la fuerza pública y le disputaron el control del negocio del narcotráfico a las guerrillas, en una guerra que solo en 2009 dejó a más de cien civiles inocentes muertos en Nariño.

En 2011, el Comando Conjunto Occidental de las Farc adoptó el nombre de Bloque Alfonso Cano, luego de que la fuerza pública acabara con la vida del exjefe guerrillero que usaba este mismo nombre como alias.

Hasta el 2013, ‘Los Rastrojos’ manejaron la mayoría de los negocios ilícitos en Tumaco, pero después de la captura de sus máximos jefes y el debilitamiento esta estructura criminal, las Farc pasaron a dominar dichos negocios. El portal Verdad Abierta documentó que en diciembre del año 2015 al menos 27 personas fueron asesinadas en este puerto de la Costa Pacífica, y que aunque la fuerza pública asegure que “se trataba de una pugna entre las redes de apoyo de las Farc”, otra hipótesis apunta a la llegada a la zona de la banda autodenominada ‘Los Urabeños’ o ‘Clan Úsuga’.

En un artículo publicado en el mismo portal en septiembre del presente año, líderes sociales aseguraron que algunos milicianos de las Farc se unieron a las bandas criminales para continuar con el negocio del narcotráfico en la zona. Según el último informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (2015), en zona rural de Tumaco se registraron cerca de 17.000 hectáreas sembradas de hoja de coca, el 18 por ciento de la producción nacional.

Actualizado el: Jue, 10/03/2019 - 00:48

“Ese es el temor, que esto se vuelva un caos como lo vivimos antes”

En Tumaco, uno de los municipios de la Costa Pacífica más golpeados por el conflicto armado, ganó el Sí en el plebiscito del 2 de octubre con cerca del 72% de los votos. Conozca cuál es la percepción de una lideresa tumaqueña en estos momentos de incertidumbre que vive el pueblo.

*Fotografía: archivo Alcaldía de Tumaco.

Elba González, lideresa de la organización barrial ‘11 de Noviembre’, está preocupada porque, según ella, la situación de orden público en Tumaco puede deteriorarse en el corto plazo. “Ese es el temor que tenemos, que vayamos a empeorar si de aquí a diciembre no llega ese acuerdo que tanto necesitamos con las Farc”, dijo Elba. La organización ‘11 de Noviembre’ vela por los derechos de las mujeres en el municipio y fue una de las agrupaciones más comprometidas con las campañas de pedagogía sobre los acuerdos de La Habana en los barrios del casco urbano de este puerto nariñense.


 

“Nos llegó una esperanza cuando escuchamos al señor de las Farc diciendo ‘de aquí no nos movemos porque queremos la paz y queremos el diálogo’”

 


 

Aunque el conflicto armado aún agobia a la región, pues el municipio está parcialmente militarizado y cuenta con la presencia de guerrilla y bandas criminales, Elba no pierde el optimismo. “Tumaco lo que tiene es una esperanza de que aquí a diciembre se logre ese acuerdo entre el No, el Sí y las Farc. Eso es lo que nosotros esperamos, por eso es que este sábado estuvieron muchos jóvenes en la Iglesia marchando y pidiendo la paz”, aseguró esta lideresa.

Escuche acá el primer fragmento de la entrevista a Elba González:

“Nosotras decíamos, decían las compañeras, si en Colombia hubiera ganado el Sí, habrían habido muchos proyectos para nosotras, para la Costa Pacífica y especialmente para Tumaco”, señaló Elba. Tumaco tuvo una tasa de abstencionismo del 71,87 por ciento en la votación. La lideresa tumaqueña aseguró que los resultados del plebiscito evidenciaron la actual polarización política en Colombia, que no tuvo en cuenta a las víctimas.

Escuche acá el segundo fragmento de la entrevista a Elba González:

Estos son los resultados de votación del plebiscito en Tumaco:

 

Mire acá la lista completa de todas las masacres ocurridas en Tumaco

Conozca acá un recuento de la historia del conflicto en Tumaco

Actualizado el: Jue, 10/03/2019 - 00:47

“No pudimos salir a votar, teníamos el agua en el techo”

Con una cifra del 94,16 por ciento, Aracataca, Magdalena, fue el segundo municipio que presentó el mayor porcentaje de abstención en el plebiscito para refrendar los Acuerdos de Paz. La representante de la Asociación de Desplazados de Aracataca, Mabel Cecilia Escorcia, aseguró que el desbordamiento del Río Aracataca, ocasionado por el huracán Matthew, fue el causante de la ausencia de votantes en las urnas.

Aunque el Sí ganó con el 63,41 por ciento, las urnas del plebiscito no se abrieron en gran parte de las poblaciones rurales de Aracataca, debido a que las familias damnificadas tuvieron que ser trasladadas a las escuelas que iban a funcionar como puntos de votación.

Desde 1999 el pueblo no vivía una creciente de agua tan grande como la del último 2 de octubre. Según Mabel Cecilia, muchas víctimas estaban dispuestas a salir a votar, pero les quedó casi imposible por la tragedia. “Yo me achicopalé bastante por no poder ir a votar por el Sí, nosotras las víctimas queríamos que la paz se diera”, dijo Mabel.

Escuche al audio completo de la entrevista a Mabel Cecilia Escorcia:

El pueblo natal de García Márquez, al igual que toda esta región del Magdalena sufrió de la violencia guerrillera y paramilitar. El Frente 19 del Bloque Martín Caballero de las Farc, llegó a las zonas rurales de Aracataca como parte de una estrategia para dominar el territorio de Ciénaga Grande y de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde se financiaron de extorsiones a empresarios, ganaderos y campesinos. El 19 de enero de 1992, en la vereda de El Torito, Aracataca, miembros del Frente 19 asesinaron a seis agricultores, al parecer, por ser colaboradores del Ejército.

Entre 1993 y 2002, al menos cinco masacres fueron perpetradas en Aracataca, la mayoría por paramilitares a cargo de las Autodefensas de El Palmor y del Bloque Norte, dirigidos por Salvatore Mancuso y los hermanos Castaño. En el 2002, estos ‘paras’ crearon el Frente William Rivas del Bloque Norte, bajo el mando de José Gregorio Mangonez, alias ‘Tijeras’, quien está postulado a la Ley de Justicia y Paz.

En mayo de 2015, una jueza de Justicia y Paz ordenó la libertad de ‘Tijeras’ tras haber cumplido ocho años de prisión. Este paramilitar confesó ser responsable de cerca de 600 asesinatos y más de 2.100 hechos violentos por línea de mando.

El Bloque Norte, a cargo de Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’, no solo absorbió a las Autodefensas de El Palmor, también a las del Sur del César, que pasaron a llamarse Frente Héctor Julio Peinado. Entre las Autodefensas de los Rojas, como también se conocían a las de El Palmor (1978-2000), y el Bloque Norte, perpetraron más de 15 masacres.

Para los habitantes de Aracataca es necesario que la paz llegue pronto, para que no se cometan más crímenes atroces en la región. “Yo siento que si la paz se da, los que van a vivir libremente son los nietos y los hijos de uno”, afirmó Mabel Cecilia Escorcia

Estos son los resultados de votación del plebiscito en Aracataca, Magdalena:

Mire acá la lista completa de todas las masacres ocurridas en la zona de Aracataca

Actualizado el: Jue, 10/03/2019 - 00:45

Lo que hay que saber para comprender el conflicto en el Urabá

La región del Urabá representa un ícono dentro de la historia de la violencia en Colombia. En 1988, las primeras incursiones paramilitares dejaron a su paso una serie de masacres como antes no se había visto en el país.

En diez meses, ‘paras’ de Fidel Castaño y Henry Pérez perpetraron nueve masacres en Córdoba y en el Urabá y el nordeste antioqueño, como la de Honduras y La Negra, en Turbo, donde murieron 20 personas y Punta Coquitos, en San Pedro de Urabá, en la que asesinaron a otras 16.

Estos asesinatos hicieron parte de una persecución contra líderes y simpatizantes de movimientos políticos de izquierda, llevada a cabo por una alianza entre militares, narcotraficantes, paramilitares, empresarios y políticos locales.

Antes había presencia de las guerrillas de las Farc y del Epl en la región, pero no fue hasta la llegada de ‘Los Mochacabezas’, como los pobladores reconocían a estos grupos paramilitares, que la violencia se disparó. Según Arnoldo Escobar, presidente de la Junta de Acción Comunal del corregimiento Nueva Granada en Turbo, para la época el abandono del Estado en la zona era total y los grupos armados ilegales eran la ley de las comunidades. “La ley de ellos era ‘el que la hace la paga’ y cuando querían convocar a la gente organizaban reuniones y decían vamos a matar a tal por esto o lo otro. Antes había muertos, pero no sembraron el terror que sembraron los paramilitares cuando llegaron”, recordó Escobar.

Desde entonces, Urabá se convirtió en un territorio de disputa entre grupos guerrilleros y contrainsurgentes. La persecusión política no era el único interés, esta zona es sumamente estratégica para el tráfico de armas y narcóticos por tener salida directa a los océanos Atlántico y Pacífico.

Entre 1988 y 2002 Urabá sufrió 103 masacres en el marco de la guerra, según documentó el Centro Nacional de Memoria Histórica. Estos hechos ocurrieron en su mayoría en el Eje Bananero, compuesto por los municipios de Turbo, Apartadó, Chigorodó y Carepa.

En la memoria del país aún se recuerdan masacres como La Chinita, en Apartadó, que dejó un saldo de 35 personas asesinadas, y el Aracatazo, en Chigorodó, que sumó otras 18 personas a la incalculable cifra de víctimas del conflicto en el Urabá. También son recordadas las de Bajo del Oso, Los Kunas, Punta Coquitos y La Galleta, entre muchas otras.

Después de la parcial desmovilización paramilitar (2004-2006), grupos neoparamilitares, hoy conocidos como ‘bacrim’ o ‘bandas criminales’, se reorganizaron en la región tras la alianza de exintegrantes de las Auc y narcotraficantes. Actualmente bandas como las autodenominadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia, también conocidas como ‘Clan Úsuga’ o ‘Los Urabeños’, continúan aterrorizando a la población.

Vea acá el especial titulado 'Seis semanas de dolor en Urabá' realizado por Rutas del Conflicto:

 

Actualizado el: Jue, 10/03/2019 - 00:43

“Nosotros estábamos acostumbramos a vivir en la guerra, entonces cuando sentimos la paz ya es muy difícil volver a lo mismo”

Varios líderes y organizaciones de víctimas del Urabá antioqueño, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado, han expresado la necesidad de que se firme el acuerdo entre el gobierno y las Farc. Después de hablar con líderes en Apartadó y Turbo, esto fue lo que encontramos.

Carlos Blandón, líder de la organización de víctimas Asocodea del municipio de Apartadó, afirmó que su región vivió un gran cambio durante los diálogos de La Habana, por lo que el resultado del plebiscito dejó a la comunidad con una gran incertidumbre frente al futuro.

“Yo no puedo hablar a nivel regional del Urabá, ni desde la opinión de todas las comunidades, pero desde Apartadó lo que puedo decir es que ya no se estaban presentando hostigamientos, todo estaba mucho más tranquilo. Nosotros estábamos acostumbramos a vivir en la guerra, entonces cuando sentimos la paz ya es muy difícil volver a lo mismo” contó Blandón.

El triunfo del No en el plebiscito que buscaba refrendar los acuerdos de la Habana ocasionó una gran movilización nacional de la población civil y de las organizaciones de víctimas que buscan la firma de los acuerdos. Urabá no fue la excepción.


 

De los 11 municipios del Urabá antiqueño, el No únicamente ganó en Carepa

 


“Todos queremos la paz, estamos organizando una marcha para que por fin se puedan firmar estos acuerdos y nosotros podamos descansar. De igual forma estamos muy contentos, porque el Eln se está uniendo a las negociaciones. Lo que no queremos que vuelva a pasar es que cuando vayamos a otra parte nos sintamos estigmatizados, ‘ah tú eres de Apartadó, de Urabá, ¡qué miedo! Entonces tú eres paramilitar o guerrillero’. No queremos que se nos estigmatice más y el acuerdo es una oportunidad para esto, dijo Blandón.

En Apartadó ganó el Sí con el 52,32 por ciento de los votos frente al 47,67 por ciento del No.

Estos son los resultados de votación del plebiscito en Apartadó:

Mire acá la lista completa de todas las masacres ocurridas en Apartadó

 

“No queremos que la guerrilla tome de nuevo las armas y regrese, no sabemos qué pueden estar pensando”

Ana Lucía Contreras es una de las ocho fundadoras de la Comunidad de Mujeres Las Marías, una organización de víctimas en Turbo que lleva más de 20 años velando por los derechos de las madres víctimas cabeza de hogar. En este municipio también ganó el Sí en la votación del plebiscito. Ella responsabiliza el triunfo definitivo del No a la ausencia de socialización de los acuerdos de La Habana con las comunidades.


 

"Teníamos la esperanza del proceso de paz, pensábamos 'habrá reconciliación con las víctimas', pero ahora no sabemos para dónde caminamos"

 


Esta mujer líder ha sido amenazada en varias oportunidades por actores armados y, como otras víctimas, expresa su preocupación por la incertidumbre del futuro. “La preocupación mía, en mi comunidad, es que quedamos muy fríos, quedamos neutralizados totalmente, porque al ganar el No muchos planes quedaron plasmados, hay muchos desacuerdos. No queremos que la guerrilla tome de nuevo las armas y regrese, no sabemos qué pueden estar pensando”, dijo Ana Lucía.

Contreras tiene familiares víctimas de la masacre de La Chinita y reconoce que ellas ya perdonaron a los guerrilleros de las Farc que asesinaron a 35 personas en ese 23 de enero de 1994. A finales de septiembre del presente año, los jefes de las Farc ‘Iván Márquez’ y ‘Pastor Alape’ se desplazaron hasta el barrio de La Chinita de Apartadó para pedirles perdón.

Ella continuará trabajando por las madres víctimas de su pueblo y refiriéndose a los votantes del No: Le diría a los del No que piensen muy bien las cosas para que lleguemos a un pacto y consigamos un acuerdo de paz. No queremos más masacres, secuestros y extorsiones. Queremos que las cosas sean bien para todos”.

Estos son los resultados de votación del plebiscito en Turbo:

Mire acá la lista completa de todas las masacres ocurridas en Turbo

Conozca acá un recuento de la historia del conflicto en el Urabá antioqueño

Actualizado el: Jue, 10/03/2019 - 00:42

“Queremos paz pero eso va muy atrasado y no se ve nada que nos conforte a nosotras las víctimas”

En Ciénaga, uno de los municipios más afectados por el conflicto en el departamento del Magdalena, el resultado del plebiscito estuvo muy dividido. Aunque ganó el No con 50,11%, la votación fue muy cerrada, con una diferencia mínima frente al Sí que obtuvo 49,88%. Amarilis Martínez, líder de la Fundación de Víctimas Campesinas de Ciénaga (FUNDAVICAM), expresó la preocupación por la desinformación y la abstención en las votaciones debido al huracán Matthew.

Durante los últimos diez años Ciénaga ha sido uno de los municipios con mayor número de acciones armadas en el departamento. Paramilitares del Bloque Norte de las Auc y guerrilleros del Frente 19 de las Farc, continuamente estaban en enfrentamientos por el control territorial.

Con la incertidumbre que dejaron las votaciones, algunas víctimas ven los avances del acuerdo a paso lento. “Aquí mucha gente quedó triste y estamos asustados de todas maneras porque si no se llega a un acuerdo, el temor es que ya uno sufrió un atropello a los derechos y como para volver a comenzar de cero es muy desastroso. No queremos seguir en esta zozobra”, dice Amarilis Martínez, representante de víctimas en Ciénaga.

Según Amarilis, la mayoría de la población víctima no salió a votar debido a la lluvia. El departamento del Magdalena fue una de las zonas más perjudicadas por el Huracán Matthew que tocó las costa Caribe durante las votaciones, con vientos de más de 250 kilómetros por hora. “Hay muchas personas que viven en veredas, en corregimientos y no pudieron salir a cumplir. Nosotros así, lloviendo y chapaleando barro salimos a votar.”

Escuche el audio completo de la entrevista a Amarilis Martínez:

Los primeros vestigios de violencia paramilitar surgieron en los años setenta cuando llegó al municipio de Ciénaga Adán Rojas, alias el ‘Negro’, quien durante seis años se había armado para pelear contra la guerrilla de Manuel Marulanda alias ‘Tirofijo’ y vengar la muerte de su padre.

Rojas creó las autodefensas no sólo para combatir a las Farc y al Eln por las extorsiones que recibía sino también para tener control de la ruta de narcotráfico en la Ciénaga Grande. Su aliado, Hernán Giraldo, alias ‘El Patrón’, controlaban el negocio de la droga en cercanías a la Sierra Nevada.

En la misma zona, en 1983, el Frente 19, perteneciente al Bloque Martín Caballero de las Farc, fue creado para tomar y controlar el territorio del sur del Cesar y el Magdalena, específicamente en Ciénaga Grande y la Sierra Nevada de Santa Marta, donde lograron subsistir por medio de las extorsiones a empresarios, ganaderos y campesinos. El 23 de octubre de 1994 en la vereda La Mojana, jurisdicción del municipio de Ciénaga, guerrilleros de las Farc asesinaron a cuatro personas, de las cuales dos no fueron identificadas. Las víctimas fueron acusadas de ser colaboradores del Ejército. Según los boletines diarios del orden público del DAS, más de la mitad de las acciones armadas durante el periodo 1990-2003 fueron perpetradas por miembros de las Farc.

En 1997, los ataques contra la población fueron más fuertes con la llegada de un grupo de paramilitares a cargo de Salvatore Mancuso y los hermanos Carlos y Vicente Castaño a los municipios de Ciénaga, Fundación, Zona Bananera y Aracataca, sembrando el terror en la población con masacres, homicidios y desapariciones.

En 2002 estos ‘paras’ crearon el Frente William Rivas del Bloque Norte, al mando de José Gregorio Mangonez alias ‘Tijeras’, quien está postulado a la Ley de Justicia y Paz.

El Bloque Norte, a cargo de ‘Jorge 40’, no solo absorbió a las Autodefensas del Palmor, también las del Sur del César, que pasaron a llamarse Frente Héctor Julio Peinado. Entre las Autodefensas de los Rojas o El Palmor (1978-2000) y Bloque Norte (1997-2002) se cometieron aproximadamente 15 masacres.

Ciénaga ha sido un municipio que más ha sufrido con la violencia del conflicto armado. Preocupados por el futuro de las negociaciones, víctimas y líderes de organizaciones sociales insistan en la aprobación definitiva de un acuerdo de paz de una manera pronta y urgente. “Nosotros queremos es la paz pero eso va muy atrasado y no se ve nada que nos conforte a nosotras las víctimas.”, dice Amarilis.

Estos son los resultados de votación del plebiscito en Ciénaga, Magdalena:

Actualizado el: Jue, 04/07/2022 - 17:46

“Nosotros esperábamos que ganara el Sí porque era la oportunidad de tener la paz”

Dos líderes de víctimas de Buenaventura, Valle del Cauca, uno de los focos de la violencia reciente en el país, expresaron lo que generó el resultado del No en el plebiscito que buscaba refrendar los acuerdos entre el gobierno y las Farc.

"Gracias a Dios ganó el sí en Buenaventura. Se notó que la sociedad civil hizo su aporte, a pesar de que la iglesia católica y los partidos políticos que apoyaban el Sí no hicieron pedagogía", asegura Albeiro Cundumí, representante de Pastoral Afrocolombiana Buenaventura.

"En este puerto comercial ganó el Sí con un 70,66%. A pesar de lo anterior, en la comunidad están asustados porque es claro que el que dijo que no era el que había sufrido el peso de la violencia o no ha querido asumir que es algo que puede tocar fácilmente. Quienes han sido víctimas dijeron que sí. Le apostaron a la desmovilización de las Farc", aclara Albeiro.

Escuche el audio completo de la entrevista a Albeiro Cundumí:

 

Buenaventura, Valle del Cauca, ha sido uno de los focos de violencia en la historia reciente del país. En este municipio los paramilitares cometieron al menos 15 masacres y las Farc han hecho presencia desde mediados de 1970.

La violencia en Buenaventura se disparó con la llegada del Bloque Pacífico, que surgió como un frente del Bloque Calima, la representación de la Casa Castaño en la región del Pacífico. Aunque las Farc hicieron presencia en el municipio desde mediados de la década del 70, los niveles de violencia que se vivieron fueron muy bajos hasta 2000, cuando entran los 'paras'.

Se han registrado en Buenaventura 475 desapariciones forzadas: el 95% en la última década. Además, a raíz de la violencia, 152.837 personas fueron víctimas de desplazamiento forzado.

La llegada de los paramilitares marcó un antes y un después respecto a las dinámicas de la guerra en el municipio. Con la ayuda de la Fuerza Pública y los narcotraficantes, ese reducto del Bloque Calima logró posicionarse rápidamente en el territorio.

Los 'paras', a diferencia de las Farc, no atacaron a las bandas criminales locales con el objetivo de hacer 'limpieza social'. Al contrario, hicieron alianzas con estas y coptaron miembros. También hubo cambio de bando por parte de algunos miembros de las Farc a los paramilitares.

Entre su conformación y desmovilización, el Bloque Pacífico cometió al menos 15 masacres en Buenaventura. “Nosotros esperábamos que ganara el Sí porque era la oportunidad de tener la paz”, asegura José Graziano Casas, indígena representante de Aciva RP.

Escuche el audio completo de la entrevista a José Graziano Casas:

 

Estos son los testimonios de Albeiro Cundumí, sociólogo y representante de la Pastoral Social en Buenaventura y José Graziano Casas, representante de Aciva RP, organización indígena de Buenaventura.

Actualizado el: Jue, 04/07/2022 - 17:44

“Nos preocupa que ya vamos más de ocho días del plebiscito y no hay nada claro”

Varios líderes y organizaciones de víctimas de Barrancabermeja, una de las ciudades que más ha sufrido la violencia del conflicto armado, han expresado la incertidumbre luego de más de una semana del triunfo del No en el plebiscito que buscaba refrendar los acuerdos entre el gobierno y las Farc.

Algunos representantes de víctimas de esta ciudad del Magdalena Medio, que inclusive hicieron parte de las delegaciones que viajaron a La Habana durante los diálogos, señalan que se debe actuar rápidamente para salvar los acuerdos y evitar que se termine el cese al fuego bilateral. “Fuimos las víctimas de la guerra las que decidimos decir Sí a la paz, hay que salir a protestar y a movilizarnos para dar nuestro respaldo a toda la convergencia de movimiento a nivel nacional”, dice Jaime Peña, padre de un joven desaparecido en 1998, luego de una masacre paramilitar.

Escuche el audio completo de la entrevista a Jaime Peña:

 

Aunque en este puerto petrolero ganó el Sí con un 50, 54%, al igual que los resultados a nivel nacional, la votación fue muy cerrada, con menos del uno por ciento de ventaja sobre el No que obtuvo el 49.45 de los votos. “Duele mucho que en este momento, por un empate técnico, se considere que los acuerdos son improbables de aplicarse”, señala Ubencel Duque, lider del Programa  de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio.

Escuche el audio completo de la entrevista a Ubencel Duque:

 

La violencia en Barranca se disparó con la llegada de los primeros paramilitares, conocidos como “masetos” a mediados de los ochenta.  Según lo han determinado varias investigaciones judiciales y académicas, miembros de la base de la Armada en la ciudad, se aliaron con los ‘paras’ para conformar la llamada “Red de inteligencia 07”, responsable de múltiples masacres contra líderes sindicales a principios de los años noventa.

Años después, en 1997, la violencia empeoró luego de la llegada de los paramilitares de Guillermo Cristancho, alias ‘Camilo Morantes’, que cometió varias masacres y desapareció a decenas de pobladores.  El 16 de mayo de 1998, los ‘paras’ perpetraron una de las matanzas más recordadas en la ciudad, en la que asesinaron a 7 personas y secuestraron a otras 25, para luego desaparecerlas.  Casi 20 años después familiares de varias víctimas aún buscan sus cuerpos.

La guerrilla también cometió varios abusos, incluso perpetró una masacre contra presuntos miembros del Epl, en la que murieron 12 personas en 1999. Según cifras de la Unidad de Víctimas, al menos 10.500 personas fueron asesinadas en la ciudad desde 1985 y más de 36 mil personas salieron desplazadas de sus casas y fincas.

Las cifras son una muestra de la magnitud del conflicto que se vivió en Barrancabermeja. Esta realidad ha llevado a que víctimas y líderes de organizaciones sociales insistan en la aprobación definitiva de un acuerdo de paz. Después de que ganara el no, las víctimas han reflejado su preocupación y señalan que quieren hacer parte del debate nacional que hoy divide la opinión del país.

Estos son los testimonios de Jaime Peña, padre de un joven desaparecido por los paramilitares en 1998, y Ubencel Duque Rojas, director de la Corporación de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (CDPMM), quienes nos han compartido su posición frente a la situación del proceso de paz con las Farc.

Mire acá la lista completa de todas las masacres ocurridas en la zona de Barrancabermeja

 

Actualizado el: Jue, 10/03/2019 - 00:33

Chequeando el mito del collar bomba

Rutas del Conflicto y Colombiacheck investigaron uno de los mitos de la guerra más recurrentes a la hora de poner en evidencia la crueldad de las FARC. Aunque esta guerrilla es la responsable de varios delitos atroces, la justicia comprobó que no fueron los autores del crimen del collar bomba.

Actualizado el: Jue, 10/03/2019 - 00:21