Pol Stiven Sevillano Perea, joven de 18 años, vivía en el barrio Potrero Grande, se graduó de bachiller de un colegio Industrial en el barrio Decepaz e iba a empezar a estudiar mecánica automotriz en un instituto con la ayuda de algunas tías, quienes apoyarían económicamente a su madre, Yenny Perea. Es a través de su madre que relatamos esta historia, quien acepta contarnos quién era Pol Stiven; dice que es importante hablar para desahogarse. Un día antes de iniciar el Paro Nacional, Pol Stiven planeó con un amigo del barrio ir a la movilización y asistir juntos al punto de bloqueo de Cuatro Esquinas, cerca a Nuevo Latir, motivados principalmente por las actividades culturales. Cuando su amigo llegó a su casa, Pol Stiven dormía. Luego de que su amigo lo llamara al celular y le dijera que ya había llegado, se levantó, se alistó y se despidió de su mamá y de sus hermanos menores, un niño de 10 años y una niña de 10 meses, y salió con su amigo hacia la movilización. Fue a la hora de que Pol salió, cuando unos vecinos llegaron a la casa de doña Yenny y le dijeron que Pol estaba herido, que había recibido unos balazos. Llegando al punto de la movilización, contó su amigo, vieron que venía mucha gente corriendo de frente a ellos, se escuchaba una balacera y se sentía el gas lacrimógeno. En ese momento, Pol Stiven y su amigo se devolvieron y empezaron a correr. En esa estampida, Pol Stiven recibió dos tiros por la espalda, uno que impactó su pulmón izquierdo y el otro un glúteo. Cuando su mamá llegó al lugar a ver a Pol, habían policías, pero ninguno le dio razón de lo ocurrido, solo le dijeron que el cuerpo había sido trasladado a la Clínica de Versalles, pero allá le dijeron que luego había sido remitido por su gravedad al Hospital Departamental del Valle, donde Pol Stiven llegó con muy pocos signos vitales. Trataron de reanimarlo pero no hubo respuesta. Yenny Perea contó que prácticamente al hospital entró a reconocer el cuerpo de su hijo, quien, dice, murió ahogado porque la bala mortal perforó su pulmón izquierdo. Ese mismo día la Fiscalía la entrevistó a la salida y le dijó que debían esperar el dictamen de Medicina Legal para determinar la procedencia de las balas. Hasta ahora nadie se ha comunicado con ella. Pol Stiven fue enterrado el pasado domingo 9 mayo. Asitió toda su familia, incluso su padre, que vive en Chile y que logró viajar y despedirse de su hijo. Se quedará un tiempo para apoyar a Yenny en lo necesario para hacer justicia. "El dolor de parto no se compara con el dolor de corazón que tengo. Tiene que haber un culpable y tiene que hacerse justicia. Si uno deja todo ahí, siguen matando gente y siguen quedando estos casos impunes. Hay que instaurar una demanda. Él iba a una marcha pacifica, estaba ejerciendo su derecho a la protesta, y fue en medio de la protesta que lo mataron. Mi hijo era lo mejor. Pol era un niño y salía con cosas de niño, yo por molestar le decía: Stiven, madurá. Le encantaba jugar con su hermano de 10 años. No se podía quedar quieto, incluso durante la pandemia hizo dos cursos virtuales sobre cosas de carros". En sus tiempos libres le gustaba jugar fútbol, logró llegar a la liga de fútbol del barrio, a la que iba en compañía de su hermano. Experto en desarmar, armar y arreglar aparatos. Mientras esperaba que pasara el tema de la pandemia para empezar a estudiar, trabajaba en un estanco de un tió, ayudándole a vender gaseosas y cervezas. Soñaba con estudiar y conseguir un buen trabajo para ayudar a su mamá y hermanos en un futuro.