Las polémicas cifras del Ministerio de Ambiente: deforestación en Colombia aumentó 1,5 % en 2021

  • El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y el Instituto de Hidrología, Metereología y Estudios Ambientales (Ideam) presentaron las cifras oficiales de deforestación de 2021.

  • Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), cuestiona la forma en que se brindó la información y asegura que se omitieron cifras como que la Amazonía pasó de concentrar el 63 % de la deforestación en 2020 al 70 % en 2021.

Por: Catalina Sanabria. Una alianza periodística entre Mongabay Latam y Rutas del Conflicto

La semana pasada, en una rueda de prensa, el ministro de Ambiente Carlos Eduardo Correa señaló que durante 2021 la deforestación en Colombia aumentó 1,5 % respecto al año anterior. En total, se perdieron 174.103 hectáreas de bosque natural, lo que sería equivalente a casi el área de Bogotá. En 2020 la deforestación alcanzó las 171.685 hectáreas en el país.

Las cifras mostradas por el Ministerio de Ambiente indican que el departamento de Antioquia perdió 2894 hectáreas menos de bosque y fue el que más redujo su deforestación —en 2020 había perdido 12.645 hectáreas—, mientras que Caquetá, en la Amazonía, perdió 5.861 hectáreas más de bosque —en 2020 perdió 32.522 hectáreas— y presentó el mayor aumento en el país. Otros de los territorios más impactados fueron Guaviare (25.021 hectáreas), Putumayo (12.804 hectáreas) y el sur del Meta, los cuales hacen parte de la selva amazónica.

Días antes de la presentación del informe, el Ministerio de Ambiente compartió un escueto comunicado donde no se presentaban las cifras con detalle, lo cual generó fuertes críticas en el sector ambiental colombiano.

 

Entre cifras confusas y falta de información

“Para el ministerio es mejor decir que la deforestación subió 1,5% a nivel nacional que señalar que aumentó del 63 % al 70 % tan solo en la Amazonía”, afirma Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS). Y es que en una de las gráficas, el Ministerio de Ambiente muestra una tendencia de reducción en el Gobierno Duque tomando como referencia el 2017, año en que la deforestación alcanzó su pico más alto con más de 219 mil hectáreas taladas.

Rueda de prensa Ministerio de Ambiente, julio 2022
Rueda de prensa Ministerio de Ambiente, julio 2022

 

Tanto en la presentación como en diferentes comunicados, el Ministerio ha dicho que la deforestación “se redujo en un 34 % frente al modelo de tendencia generado por el Ideam”. Sin embargo, los expertos han dicho que más allá de disminuir, lo que esto significa es que el fenómeno simplemente no ha alcanzado lo proyectado por el Ideam desde 2008, además que tomar como referencia el año con el pico más alto de pérdida de bosque no sería lo más adecuado para los análisis. 

Botero afirma que debería haber acceso transparente a información de calidad y en tiempo real sobre la deforestación en Colombia. “(Esa información) tiene que ser patrimonio público y no de un gobierno de turno, sin limitarnos a sus interpretaciones”, dice. También propone que las acciones para enfrentar este fenómeno no deberían estar en manos exclusivas del Ministerio de Ambiente, pues es un problema transversal a la agricultura, el transporte, la economía, e incluso está siendo impactado por el conflicto armado interno del país.

El ministro Correa expresó que el gobierno ha centrado su atención y esfuerzo en los parques nacionales naturales (PNN) con mayores cifras de deforestación, donde la situación es más crítica y hay grandes parches de pérdida de bosque. Las cifras del Ideam indican que la tala y quema de árboles dentro de los PNN representó el 8,2 % del total nacional. 

De acuerdo con el análisis del gobierno nacional el fenómeno disminuyó en un 6% en el parque Tinigua, al pasar de 5708 hectáreas perdidas en 2020 a 5341 en 2021; un 11 % en el parque Sierra de la Macarena, al pasar de 3629 hectáreas perdidas en 2020 a 3222 en 2021; un 17 % en el parque La Paya, pasando de 1067 hectáreas en 2020 a 888 en 2021. La misma tendencia de reducción se vio en la Reserva Natural Nukak y el parque Cordillera de los Picachos. Sin embargo, en el parque Chiribiquete, área protegida amazónica que además ha sido declarada como patrimonio cultural y natural de la humanidad, la deforestación aumentó un 13 %, al pasar de 1948 hectáreas de bosque perdidas en 2020 a 2207 en 2021.

Casi al tiempo que el Ministerio de Ambiente presentó las cifras de deforestación del 2021, la FCDS entregó su reporte 2021 para la Amazonía colombiana, encontrando que el 14% de la deforestación total que se registró en esta región entre abril de 2021 y marzo de 2022 ocurrió en áreas protegidas. Contrario a lo expuesto por el Ministerio de Ambiente, la FCDS muestra que el PNN Tinigua, en Meta, sí se vio altamente afectado. “La deforestación en este parque pasó de 4.000 hectáreas a 8.216. Se observa apertura de nuevos lotes al margen de los ríos, afectando los corredores de las rondas hídricas de los afluentes entre Caño Perdido y el río Guayabero, junto con consolidación y aparición de vías paralelas a estos afluentes”, asegura en su informe.

Para Botero, es evidente la presión que hay sobre los PNN y la falta de una política agraria que las priorice: “Los parques tienen bajísima gobernabilidad. No se trata solo de la ilegalidad o la presencia de actores armados, sino que ha habido estímulos por parte del Estado para que la situación se mantenga. El Ministerio de Ambiente habla de infraestructura no planificada [dentro de las áreas protegidas] y no aclara que, muchas veces, esta es financiada por los mismos gobiernos locales”.

 

¿Buenas estrategias?

El Ministerio de Ambiente asegura que ha implementado cuatro medidas para enfrentar la deforestación: monitoreo frecuente, inversión social, legislación y control de la ilegalidad. En esta última es dónde se han enfocado los esfuerzos. Según el ministro Correa, la Operación militar Artemisa ha tenido resultados positivos, pues desde que se desplegaron nueve campañas a finales de febrero de este año, la tendencia bajó en comparación con el mismo periodo de 2021.

“Nosotros lanzamos un comunicado con los principales deforestadores, los más buscados, y muchos de ellos se entregaron. La delincuencia se combate con la Policía y la Fuerza Pública. Hay que ir tras los financiadores, porque un parche de 190 o 200 hectáreas no es deforestado por un campesino, sino con recursos de la ilegalidad”, comenta Correa.

Imagen tomada de El Espectador

 

Sin embargo, expertos del sector ambiental tienen sus dudas sobre los resultados y metodologías de Artemisa. De acuerdo con el director de la FCDS, no se ha capturado a un solo delincuente de ‘cuello blanco’ a pesar de que se sabe quiénes son. “Hay grandes inversionistas, propietarios de empresas agropecuarias que incluso cuentan con recursos de fuera del país. No se menciona ni una persona del sector público, ni a los dineros del OCAD Paz (órgano del Sistema General de Regalías que aprueba proyectos de inversión que contribuyen a la paz) destinados a obras en donde hay acaparamiento de tierras, desplazamiento y deforestación. Ninguna investigación habla al respecto”, menciona.

Así, las estrategias militares, como vienen diciendo desde hace varios años los expertos, suelen dirigirse hacia la base más débil de la cadena de la deforestación, hacia aquellos contratados para talar con motosierra y a los pequeños ganaderos y campesinos cocaleros. Según Botero, la justicia está lejos de capturar a los verdaderos responsables de la deforestación pues es un problema estructural que genera impunidad y estímulos para continuar con un modelo económico complejo en el que se degrada el medio ambiente. 

El director de la FCDS plantea que para mejorar el panorama se debe reestructurar la productividad en Colombia y los derechos masivos del uso del bosque. Por ejemplo, es necesario limitar las fronteras agropecuaria y ganadera, empezar a zonificarlas y, al menos en la Amazonía, implementar el silvopastoreo. Además, las zonas afectadas por cultivos ilícitos podrían mudar hacia una restauración del territorio, pero es un trabajo que requiere de mínimo 10 años para recuperar el suelo degradado. 

Adicional a las cifras de la deforestación en 2021, el Ideam y el Ministerio de Ambiente aseguraron que entre enero y marzo de 2022 —los tres primeros meses del año suelen presentar el mayor número de quemas en Colombia— han identificado 16 núcleos de alertas tempranas principalmente en la frontera norte de la Amazonía, en los departamentos de Guaviare, Caquetá y Putumayo. Además, indicaron que la deforestación aumentó en el departamento de Caquetá y se redujo en el departamento de Guaviare.

Según los datos presentados, el 90% de la pérdida de bosque ocurrió entre enero y febrero, y el 10% en marzo. 5300 hectáreas de bosque se deforestaron en el parque Tinigua en el primer trimestre de 2022, de las cuales el 87 % se perdieron entre enero y febrero y el 13 % en marzo, mientras que en el parque Sierra de la Macarena se deforestaron 2500 hectáreas de bosque en el primer trimestre de 2022, de las cuales el 95 % se perdieron entre enero y febrero y el 5 % en marzo. En general, durante el primer trimestre de este año hubo un aumento en la deforestación en los departamentos de Meta y Caquetá y una disminución en Guaviare con respecto al mismo periodo de 2020.

Al consultar el boletín de alertas de deforestación enero-marzo 2021 del Ideam se observa que, con base en las detecciones tempranas de deforestación, se estimó una pérdida de bosque de entre 14.627 y 15.869 hectáreas para el departamento del Meta, 13.249 y 15.796 hectáreas para el departamento de Caquetá y, 10.968 y 11.713 hectáreas para el departamento del Guaviare. Sin embargo, el gobierno nacional aún no ha hecho público el boletín completo de alertas de deforestación enero-marzo de 2022 que permita hacer comparaciones.

“A inicios de 2022 tuvimos uno de los peores trimestres de los últimos cinco años, con gran magnitud de incendios, pero todo eso es lo que están ocultando. Juegan con las estadísticas”, enfatiza Botero.

Finalmente, el Ministerio estimó una deforestación aproximada de 50.400 hectáreas en los siete departamentos de la Amazonía para lo que queda de este año. Sin embargo, los expertos consideran que hace falta conocer los datos con detalle, que resta ver cómo se sigue comportando el fenómeno y si funcionan las estrategias que adelante el nuevo gobierno que se posesionará el próximo 7 de agosto.

Actualizado el: Mar, 07/26/2022 - 12:40

Tras años de luchas se abre un macrocaso de violencia sexual en la Jep.

Tras años de luchas y entregas de informes a la Jep por parte de las organizaciones de víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado, finalmente la Jurisdicción ha decidido dar apertura al macrocaso #11: Violencia sexual y otros delitos relacionados al género, sexo, orientación o identidad.

Hace unos meses, la periodista y escritora colombiana, Jineth Bedoya Lima, alzó su voz ante las Naciones Unidas para señalar la sistemática impunidad en los casos de violencia sexual en Colombia. Del total de estos, el 98% no han sido resueltos ni han obtenido justicia. 

“No podemos pasar por encima de los derechos de millones de mujeres que tienen su fe de justicia puesta en esta jurisdicción” decía Jineth abogando por la justicia en el marco del conflicto armado colombiano. 

Hoy, por primera vez, tras seis años de la creación del Acuerdo de Paz entre las Farc y el Estado, se creará el macrocaso número 11 que investigará y juzgará la violencia sexual y otros delitos relacionados con el género, sexo, orientación o identidad en la Jurisdicción Especial para la Paz (Jep) cometidos por todos los grupos armados: desde exguerrilleros hasta paramilitares y agentes del Estado.

Así lo anunció este viernes 15 de julio el magistrado, Eduardo Cifuentes, presidente de la JEP en la rueda de prensa de la Sala de Reconocimiento en Bogotá. Su motivo principal era anunciar la creación del macrocaso #10 sobre graves crímenes cometidos por las Farc en el conflicto armado. El #11, por su parte, aún está en etapa de agrupación y concentración de la información. 

Este macrocaso no es una decisión aislada, es el resultado de las voces agolpadas alrededor de una lucha por el reconocimiento y la justicia. Es el reclamo de miles de mujeres, personas de orientación e identidad diversa y organizaciones de derechos humanos que a través de los años han construído informes y recopilado los datos necesarios para identificar las violencias sexuales en el contexto de la guerra en razón de estrategia y control social. 

Anteriormente, la Jurisdicción había recopilado estos hechos de manera transversal a todos los macrocasos ya creados, y la razón por la cual no habían considerado la apertura de uno específico se debía a la falta de identificación de un “mismo patrón de violencia sexual: hay violencia cometida por antiguos miembros de las FARC, por agentes del Estado intrafilas; contra soldados por sus propios compañeros; hay distintos patrones contra mujeres civiles ligados a detención y a la tortura” decía la magistrada de la Sala de Reconocimiento y Verdad, Catalina Díaz Gómez, en la Audiencia de observaciones de las víctimas y priorización de nuevos casos celebrada el 21 de febrero del presente año en Medellín. 

Sin embargo, en razón del análisis realizado por el Grupo de Análisis de la Información (GRAI) de la Jep para la apertura del macrocaso #10, se determinó el día 6 de julio que había información suficiente para responder a las solicitudes de las víctimas y  defensoras de los derechos de las mujeres y personas diversas que exigían la investigación del “fenómeno criminal en resarcimiento de la dignidad de las víctimas”.

Algunos de los informes recopilados por la Jurisdicción fueron los de ‘No es hora de Callar’ realizado por la periodista Jineth Bedoya y ‘Violencia Sexual’ por la Universidad Sergio Arboleda. Otros fueron entregados por la Ruta Pacífica de las Mujeres, la Corporación Mujer Sigue Mis Pasos, la Red Nacional de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos, la Asociación Red de Mujeres Víctimas y Profesionales, la Asociación Tamboreras del Cauca, la organización Casa de la Mujer, la Corporación Sisma Mujer y la Red Nacional de Víctimas de Violencia Sexual Entrelazando Confianza. 

Las organizaciones y las víctimas han sido reiterativas en no centrarse únicamente en hechos de violencia sexual, sino también investigar otras formas de violencias contra las mujeres tales como la violencia reproductiva, la explotación sexual y la trata de personas. Así mismo, en su concepto es necesario profundizar en patrones de violencia basada en género que permitan identificar problemas estructurales, no sólo sobre los cuerpos de las mujeres sino de las personas LGTBIQ+. 

El método que hasta el momento había usado la Jep para investigar estos delitos no se consideraba adecuado pues al estudiar de forma individual a los actores armados se puede “conllevar a un fraccionamiento de los hechos y de las víctimas, cuestión que limitaría la posibilidad de establecer contextos y patrones de macro criminalidad”

En los hallazgos recopilados por el GRAI se determinó que en muchos casos las violencias basadas en género eran en contra de lideresas sociales, comunitarias, defensoras de derechos humanos, periodistas, médicas y parteras que ‘debían’ ser castigadas “por meterse en política”, “por ejercer autoridad en una comunidad al ser profesora” y “por estar buscando lo que no se les ha perdido al reclamar a los actores armados”. 

 

 

 

En el Universo Provisional de Hechos presuntamente cometidos por las Farc- Ep se determinó que del total de victimizaciones documentadas, 2.300 corresponden a casos de violencia sexual entre 1980 y 2016, teniendo dos picos considerables en los años 2000 y 2002. De estas víctimas identificadas, cerca de 1.800 son mujeres y 296 son hombres.

A estas cifras se le suma la preocupante realidad de que, casi la mitad de las víctimas (-1.000) eran menores de edad cuando sucedieron los hechos. 

 

Sin embargo, estas cifras siguen siendo consideradas inferiores a la realidad pues hay una invisibilización y normalización de la violencia de género en la sociedad que no sólo se traduce en sevicias sobre el cuerpo sino en la discriminación y el machismo. 

En Rutas del Conflicto publicamos previamente una nota periodística sobre las razones anteriormente expuestas por la Jep, la violencia de género en el conflicto armado y la lucha de las organizaciones por el reconocimiento y la visibilidad. (LEER AQUÍ)

Con la apertura de este macrocaso, las organizaciones y miles de víctimas, junto a lideresas como Jineth Bedoya y Yolanda Perea, esperan que, finalmente, llegue la justicia, la verdad y la reparación a sus vidas. 

 

Actualizado el: Vie, 07/22/2022 - 16:58

Huir para salvar la vida: la historia de una joven agredida por el ESMAD en el Paro Nacional

Sara Valentina Cárdenas tuvo que huir en julio de 2021, junto a su mamá y su hermana, para proteger su vida tras amenazas de la Fuerza Pública por denunciar las agresiones de las que fue víctima en el Paro Nacional. Esta es la historia de una joven de una familia promedio, con un futuro prometedor y que fue obligada a salir del país para salvar su vida. 

Por: Dagoberto Garzón Quevedo

Resulta un tanto irónico que haya sido el 20 de julio de 2021 cuando Sara Valentina Cárdenas empezó a entender a profundidad el significado de la independencia, la victoria sobre el miedo y la libertad, al pisar suelo extranjero. Como víctima de la agresión por parte de miembros de la fuerza pública y luego de intimidaciones y hostigamientos, librarse de esto en un nuevo lugar constituía un elemento indispensable para comenzar su recuperación física y mental. Llegar a Noruega fue para Sara y su familia, un reinicio, la oportunidad de reconciliarse con la vida y con su propia identidad. 

El caso de Sara no es único ni excepcional en el país. La ONG Temblores reveló que 5.808 civiles fueron víctimas de violencia por parte de miembros de la Policía, en el reporte sobre estos hechos entregados a la CIDH en 2021.  Son agresiones que Temblores clasificó en tres grandes tipos de violencia: homicida, física y sexual. Del total de estos casos, 5.048 ocurrieron en el marco del paro nacional. 

Según el informe Tiros a la vista de Amnistía Internacional, la plataforma GRITA de la ONG Temblores registró 103 víctimas de lesiones oculares entre el 28 de abril y el 20 de julio de 2021, durante el desarrollo de las protestas, “es decir, cada 0.81 días hubo una lesión de este tipo en el contexto del paro nacional”.

El reporte de Temblores informó que un 7.61 % de las víctimas de heridas y lesiones oculares son mujeres. Sara Valentina es una de ellas y su historia ejemplifica parte del drama vivido por los más de cien afectados con lesiones oculares que dejó la violencia policial durante las protestas.

 

Todo inició un 5 de mayo

El 5 de mayo de 2021 Sara Valentina se levantó casi a las diez de la mañana, como solía hacerlo desde que la pandemia del Covid 19 obligó a los colegios a la virtualidad. No se imaginaba que ese día su vida daría un vuelco, que ya no volvería a ser la misma. Desayunó poco y tarde, le dio los últimos retoques a las tareas que la habían trasnochado el día anterior y, como siempre, las cargó puntualmente en la plataforma dispuesta para tal fin. Hacia las tres de la tarde salió con su mamá y su hermana menor a almorzar invitadas por un amigo de la familia. 

Las salidas, tan escasas en el último año, eran muy apreciadas ahora que la vida iba volviendo a la normalidad. El lugar favorito para almorzar los fines de semana era ‘La Chingada’, un sitio de comidas rápidas ubicado en la localidad de Suba, en Bogotá. Ese miércoles 5 de mayo de 2021, Sara Valentina estaba feliz de visitar ‘La Chingada’ entre semana y comer una mazorcada en compañía de su familia. Fue un almuerzo agradable, con charlas distendidas, fotos para las redes sociales y una malteada de chocolate de sobremesa para ella. 

De regreso en casa, Sara Valentina se dedicó a hacer fotos y videos de TikTok aprovechando las últimas horas de luz. En la noche quiso una nueva malteada, lo que implicaba ir a dar un paseo al centro comercial Plaza Imperial, a pocas cuadras de la casa. Su mamá la quiso complacer, salir a caminar por los pasillos del centro comercial mientras se tomaban fotos, era un plan habitual para la familia. Su hermanita estaba de acuerdo con el postre, pero prefirió quedarse en casa esperando que le trajeran un helado que le encantaba, un McFlurry que nunca llegó. 

“El centro comercial estaba cerrado y nos íbamos a devolver para la casa […] nos quedamos observando las manifestaciones pacíficas […] entre la Av. Ciudad de Cali y la Av. Suba – vía pública – e hicimos grabaciones de cómo todo estaba pacífico”, relató la madre de Sara, Sandra Milena Pérez, en el formato de Entrevista – FPJ – 14 de la Fiscalía 400. 

Allí detalló cómo de un momento a otro y sin previo aviso escuchó detonaciones y cómo las personas asustadas empezaron a correr. Las manifestaciones contra el gobierno colombiano comenzaron en 2019 y las recurrentes maniobras del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) para disolverlas tomaban un talante cada vez más intenso. Sandra y su hija buscaron refugio en un callejón cercano, suponían que los agentes del ESMAD seguirían caminando derecho tras los manifestantes. No fue así, no del todo.

Tres agentes del ESMAD se quedaron frente a ellas y las intimidaron, insultándolas: “Malditas perras, eche para la casa, no busquen lo que no se ha perdido acá”, contó Sandra Milena. Estaban paralizadas, correr a otro lugar no era una alternativa segura y allí eran objeto de los repetidos ultrajes verbales y las amenazas de miembros de la fuerza pública. Sara Valentina, presa del miedo, empezó a llorar, «cállela, puta», ordenó un agente del ESMAD a la aterrorizada madre. Sandra Milena, lloró en silencio y siguió con la vista a otro miembro del ESMAD, lo vió alejarse unos metros y luego apuntarles con “un arma negra, larga, con una boquilla ancha”. El hombre disparó directamente hacia madre e hija. “En ese momento yo sentí que me quemaba todo el cuerpo, fue un solo disparo”, recordó Sandra Milena, quien cayó desmayada por un tiempo que, aún hoy, no puede determinar.

 

Secuelas de la agresión

Al recuperar la conciencia se enteró de que a su hija la llevaron, desmayada también, al centro comercial El Paso Plaza. Sara Valentina recibió en su ojo izquierdo el impacto de un proyectil de goma, aparentemente. Así lo relató Sandra Milena a los investigadores de Amnistía Internacional en la publicación ‘Tiros a la vista’: “Creo que eran de goma, […] desafortunadamente, mi hija estaba detrás de mí y ella recibió un impacto en su ojito izquierdo, a ella si le [sic] abrieron todo el párpado y empezó a escurrir sangre”. Lo que era una salida habitual al centro comercial, se convirtió en el inicio de una pesadilla para Sara Valentina y su familia.

El informe de la historia clínica de Sara Valentina da cuenta de una evolución negativa en el estado de su salud visual; son más de 200 páginas de un desalentador resumen del intento por rescatar su ojo izquierdo. El proyectil que impactó a Sara Valentina deformó gravemente su globo ocular izquierdo, haciendo que este perdiera funcionalidad. Los médicos recurrieron a una reconstrucción con el fin único de preservar la estética. La visión del ojo izquierdo de Sara Valentina se perdió por completo.

 

Intimidación, ¿la respuesta segura a las denuncias?

Pese al delicado estado de salud de su hija, Sandra Milena no tardó en instaurar las respectivas denuncias virtuales en los portales web de la Personería, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría, la Policía y la Contraloría. Para sorpresa suya, esto le traería más dificultades y angustias. Una serie de hostigamientos y amenazas se sucedían una tras otra, todo con el fin de que guardara silencio. “Me llamaron y me dijeron ‘Calladita se ve mejor’, que yo no abriera la boca, que no denunciara, que hiciera una conciliación generosa. […] Recibo una llamada, teléfono privado, me dijeron ‘Maldita perra, le vamos a mandar a matar a su perra chiquita, soplona, sapa’ […] He sido perseguida, amenazada, intimidada, hostigada, amedrantada por parte de la Policía”, puntualizó Sandra Milena en su relato a la Fiscalía.

En medio de los procedimientos policíacos para aprobar medidas de seguridad especial, recibieron varios documentos para firmar, entre ellos uno con el que pretendían cambiar su denuncia inicial para que, en su lugar, se declararan víctimas de violencia intrafamiliar. El miedo llegó a límites inaceptables cuando notaron seguimientos de carros en sus desplazamientos y luces de láser apuntando a las ventanas de su apartamento. Sandra decidió salir del país junto con sus hijas, el riesgo para sus vidas era ya insostenible.

La madre de Sara Valentina investigó por su cuenta en internet, vio videos con asiduidad y se informó con horas de lectura; con temor y ansiedad decidieron como familia partir a Noruega en busca de refugio. Fue necesario vender todas sus pertenencias en el menor tiempo posible y dejar su ciudad natal y su país con la opresión en el pecho que resulta de un salto al vacío. Unas semanas después con la historia clínica de Sara Valentina traducida al noruego y organizada en una carpeta, unas maletas tan improvisadas como el viaje y una esperanza que trataba de vencer al miedo, las tres mujeres de la familia llegaron al Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá.

El trámite para salir del país resultó ser el nuevo motivo de desconfianza de Sandra y sus hijas. Pese a llevar los documentos en orden, permisos debidamente diligenciados, tiquetes comprados y una justificación médica para viajar a Noruega, agentes de la Policía las retuvieron por un tiempo que Sandra no puede establecer con claridad, pero que se le hizo eterno. Revisaban y volvían a preguntar por el permiso de salida de su hija menor de edad, por el motivo del viaje, por la fecha de regreso. Advirtieron que no podrían ir a Oslo, que los extranjeros no tenían permiso para entrar a Noruega por causa de la pandemia. El proceso se dilataba de tal forma que perder el vuelo se convirtió en un riesgo inminente. 

Finalmente, Sandra pudo articular un par de palabras en privado para pedir ayuda a funcionarios de la aerolínea. La posición tajante de la aerolínea venció la resistencia de los agentes. Todo estaba en orden con la familia, solo faltaban ellas para abordar y, al no tener ningún impedimento, pudieron hacerlo. El peso que se descargó de las mentes de Sara Valentina y Sandra en cuanto el avión dejó la pista solo lo conocen ellas, solo lo puede entender alguien que haya huido por salvar su vida y la de su familia. Fueron días de un viaje intenso que empezó el 18 de julio de 2021 en Bogotá, pasando por un episodio tenso en Turquía y que finalmente las condujo a suelo noruego el 20 de julio.

 

Noruega, un lejano refugio

El miedo seguía a flor de piel cuando desembarcaron en Oslo. Sara Valentina recuerda que al llegar afloraron todas las emociones que habían estado reprimiendo durante tanto tiempo. Lloraba desconsolada y se asustó cuando una pareja de policías se acercaron a tranquilizarla. Los últimos meses la habían predispuesto negativamente, pero esa muestra de afecto desinteresado de una mujer y un hombre policías marcó el ritmo de sorpresas agradables que Noruega traía para ella. 

Los primeros días fueron complejos, pero poco a poco su vida se ha ido reorganizando. En su nuevo hogar la familia ha tenido un acompañamiento psicológico constante. Lina, la hermana menor de Sara Valentina, ha recibido especial atención y mucho de su tiempo está copado con actividades extracurriculares. El aprendizaje del idioma es una barrera que van superando de a poco gracias a las clases de noruego que reciben y a la socialización con la comunidad que las recibió. Aunque se emocionan recordando las auroras boreales que han disfrutado entre diciembre y febrero, el frío frecuente les hace añorar su tierra.

Sara Valentina extraña la comida de Colombia y recuerda con nostalgia a Cloe (su perro) y Greicy (su gata), a los que tuvo que dejar en manos de sus familiares en Bogotá. Ella, su mamá y su hermana ya obtuvieron su estatus de refugiadas y saben que están a salvo, pero la preocupación no cesa todavía. Nuevas amenazas arremeten ahora contra sus familiares en Colombia. Hostigamientos e intimidaciones similares a los que ellas fueron sometidas se trasladaron a las vidas y los hogares de algunos de sus parientes cercanos. Algunos ya contemplan la posibilidad de salir del país, al igual que ellas. Se repite la historia de personas con vidas tranquilas que se trastornan sin motivo ni justificación. 

Vidas como la de Sandra y sus hijas que, con entereza, cruzaron el mundo buscando refugio en un país distante y con una cultura desconocida, un lugar para empezar otra vez. Un nuevo hogar para intentar volver a sonreír. Sonreír, sí, aunque las noticias no siempre sean las mejores.

Los especialistas noruegos le comunicaron recientemente a Sara Valentina que será preciso retirar su globo ocular izquierdo. La carencia total de funcionalidad de su ojo implica el inminente riesgo de atrofia, pérdida de estética, sobreinfección y otros peligros para su salud, por lo cual es necesario reemplazar su ojo por una prótesis. Su ojo izquierdo será para Sara Valentina un recordatorio permanente de la arbitrariedad de la que fue víctima – y que es una posibilidad para cualquier colombiano, aún para quien no esté participando de una protesta, como ella – pero también de su fortaleza, de su valor y de su irrenunciable determinación de volver a ser feliz. 

Actualizado el: Mié, 07/20/2022 - 09:56

Macrocaso 03, Batallón La Popa: El reconocimiento de los “falsos positivos” en la Costa Caribe

Por: Susana Rincón 

El próximo 18 y 19 de julio de 2022 se llevará a cabo la audiencia de reconocimiento por las ejecuciones extrajudiciales de 12 miembros del Batallón La Popa, en Valledupar, Cesar. Se les adjudica el asesinato de 127 personas en el norte de Cesar y el sur de La Guajira, entre el 9 de enero de 2002 y 9 de julio de 2005. Los señalados, quienes fueron imputados por crímenes de guerra y lesa humanidad, ya presentaron su reconocimiento escrito a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

En la audiencia también participarán las comunidades indígenas Kankuama y Wiwa, quienes se vieron gravemente afectadas por estos hechos. Esta es la segunda imputación de la JEP en el macrocaso 03, que investiga los falsos positivos. La JEP priorizó el caso de La Popa teniendo en cuenta que el Cesar es el tercer departamento con más ‘falsos positivos’ en todo el país.

¿Qué sucedió en el Batallón La Popa?

En el año 2019, cuando la JEP empezó a recibir declaraciones voluntarias sobre las ejecuciones extrajudiciales, el Batallón La Popa fue en su momento la unidad militar que más casos había confesado. Según las versiones rendidas de los militares ante la JEP, se lograron identificar 146 casos de “falsos positivos” acontecidos en los años 2002 y 2005.  Las víctimas eran elegidas teniendo en cuenta 10 patrones: eran indígenas, personas indocumentadas, con precariedad económica, habitantes de calle, recicladores o vendedores ambulantes, miembros de la comunidad LGBTI, menores de edad, señalados de pertenecer a un grupo miliciano o guerrillero, supuestos integrantes de la AUC y desmovilizados de algún grupo al margen de la ley.

En el patrón indígena, la mayoría de las víctimas eran comunidades étnicas de la Sierra Nevada de Santa Marta, y los señalaron de ser informantes o trabajar con grupos al margen. Las víctimas de “precariedad económica”, por lo general, no tenían denuncias de desaparición debido a que no se conocía su identidad o no tenían arraigo familiar. En varios casos, según los testimonios de los militares, les cortaban el cabello y los arreglaban para posteriormente ser asesinados.

A su vez, los comparecientes señalaron que existían cooperaciones con los grupos paramilitares que cubrían los mismos municipios que el Batallón La Popa. Estos mismos eran los que entregaban al ejército las víctimas que luego presentaban como bajas en combate.

Recordemos que uno de los imputados por este caso es Publio Hernán Mejía, excomandante del batallón La Popa entre los años 2002 y 2003, quien no aceptó los cargos en su contra y ahora deberá afrontar el primer juicio adversarial en esta justicia transicional. Mejía ya fue condenado a 19 años de cárcel en el año 2013 por sus comprobados nexos con paramilitares, entre los que se destaca el nombre de Jorge 40, comandante principal del Bloque Norte de las AUC

El papel de la JEP en el macrocaso 03, Batallón La Popa

Para el año 2021, la JEP le imputó crímenes de guerra y de lesa humanidad a 15 miembros del Ejército por “falsos positivos” en la Costa Caribe, tres de estos militares no aceptaron los cargos. Entre los imputados había dos coroneles, seis oficiales, cuatro suboficiales y tres soldados, todos pertenecientes al Batallón de Artillería No. 2 La Popa entre los años 2002 y 2005. La JEP determinó que “cada uno de los imputados tuvo un rol esencial en la configuración de los patrones criminales y participó en conductas especialmente graves y representativas, sin las cuales no se hubiera desarrollado y perpetuado el plan criminal”.

Por medio de los testimonios de los militares, de distintos rangos y funciones, que hicieron parte de los crímenes ocurridos en el Batallón La Popa, la Sala de la JEP determinó que estos asesinatos hacían parte de un “plan articulado por objetivos, recursos, roles y modos de operación comunes que estuvo orientando a la consolidación territorial, a mostrar avances en la guerra en contra de las guerrillas y las distintas formas de criminalidad que afectaban a la población de la región”.

En este acto de reconocimiento que se realizará en los próximos días, la JEP resaltó la importancia de la participación de las víctimas, pues el propósito principal de este escenario es dignificar y visibilizar su memoria. En estos puntos que señala la JEP para la audiencia, se contempla una dimensión restaurativa del reconocimiento, donde los imputados deben “reconocer el daño causado, aceptar la responsabilidad individual y dar cuenta de la voluntad de resarcir y no repetir los graves crímenes”, esto con el fin de “rehacer un sentido de la dignidad y nombrar a las personas como seres humanos que debieron ser cuidados y protegidos”.

Actualizado el: Dom, 07/17/2022 - 20:54

Comisión de la Verdad: el papel del narcotráfico en el conflicto armado

Entre sus hallazgos y recomendaciones, el Informe Final de la Comisión de la Verdad (CEV) habla sobre la relación del narcotráfico con la guerra en Colombia: ha sido protagonista y ha tenido fuerte influencia en la política y economía del país. Rutas del Conflicto trae un resumen de las cuatro ideas principales que, según la CEV, giran en torno a este fenómeno. 

Por: Catalina Sanabria Devia

Todos los actores del conflicto armado han tenido que ver con la producción y el comercio de drogas, aunque cada uno de manera diferenciada. Por ejemplo, mientras que para las Farc esto operó como un mecanismo de financiación, para los paramilitares fue la bisagra entre el crimen y el poder. Los narcotraficantes, por su parte, han actuado junto a la clase política y a sectores económicos importantes, por lo que se han constituido como miembros de algunas élites. Estas relaciones han determinado el curso de la violencia y sobre todo su continuación en los territorios. 

 

Economía de la coca 

De acuerdo con distintos estudios, los ingresos por el tráfico de cocaína representan entre el 1% y el 4% del producto interno bruto de Colombia, posicionándolo como el principal país productor para un mercado de aproximadamente 20 millones de consumidores. Así, el narcotráfico promueve un modelo de acumulación de capital, una economía basada en la reproducción del conflicto. Desde los sesenta, ante la falta de una política agraria incluyente y la pérdida de soberanía alimentaria, la coca se convirtió en una alternativa productiva para el campesinado.

A medida que el modelo de acumulación se expandía, la vida en comunidad y el desarrollo regional cambiaron. “Muchos pueblos de Colombia han surgido y son relevantes debido a que estuvieron en contacto con el narcotráfico. Pueblos cercanos a Tumaco, en Nariño, o en Urabá, Antioquia, o San José del Guaviare, en Guaviare, entre otros, pudieron enfrentar una escasa presencia del Estado con los recursos y las dinámicas surgidos alrededor del narcotráfico”, menciona la CEV. 

Aunque las economías locales de la cocaína trajeron consigo oportunidades laborales, también conllevaron formas de explotación al campesino, la mujer y la población étnica. Estas zonas suelen ser, incluso hoy en día, las más violentadas. Allí es donde se ha impactado profundamente a la naturaleza, la tenencia y el uso de la tierra, y se han generado grandes estigmas hacia los agricultores. Pero la cadena de producción y comercialización de drogas va mucho más allá de los cultivos, por lo que ha involucrado a otros sectores de la sociedad.

La Unidad de Investigación de Activos Financieros (UIAF) señala que parte del dinero producido por el narcotráfico se ha blanqueado a través de notarías y sectores como el inmobiliario: fachadas, compraventa, testaferrato, etcétera. La UIAF revisó 104 casos de narcotráfico vinculados a carteles, las Auc, las Farc, el Eln, entre otros actores, y en todos encontró referencias a empresas comerciales, petroleras, de transporte, bienes raíces o contratación pública. 

(Le puede interesar: ¿Qué contiene el Informe Final de la Comisión de la Verdad?)

 

Dimensión política: democracia en riesgo

En los años setenta se dieron debates sobre la infiltración de contrabandistas y narcotraficantes en el Congreso de la República, la DIAN y el DAS. El comercio de drogas se internacionalizó y entabló relaciones de élite que hasta influyeron la infraestructura, pues construyeron pistas de aviones y obtuvieron el control de puertos marítimos para buscar rutas hacia Estados Unidos. También hubo acusaciones de que varias campañas presidenciales fueron financiadas por dinero ilícito. 

Tal como explica la CEV, es difícil precisar quién financió a quién, pero es claro que el sistema político ha promovido el clientelismo, la corrupción electoral y la tolerancia a recursos de dudosa procedencia en el sector público que ponen en riesgo a la democracia, sobre todo a nivel regional. Entonces, la política ha sido la primera en articularse con el narcotráfico, incluso antes de que la violencia por el conflicto armado se viera involucrada. 

En el marco de la ley de Justicia y paz, el excomandante paramilitar Salvatore Mancuso reveló que en 2005 el 35% del Congreso había sido elegido gracias al paramilitarismo, y que los dineros del narcotráfico fueron fundamentales para las campañas. Este vínculo entre actores políticos, económicos, armados y militares, que se basa en la acumulación de capital, no ha sido investigado a profundidad por el Estado y mucho menos desmantelado. Según el Informe, la función pública ha servido al narcotráfico para mantenerse en la impunidad y lavar el dinero a través de la contratación pública o la compra de tierras.

 

El fracaso de la guerra contra las drogas

Las élites enfocan su política antidrogas en las guerrillas y el campesinado cocalero, mientras que mantienen relaciones con los traficantes de cocaína. Esto ha manchado a las entidades competentes, ya que se han vuelto objeto de disputa. “Varias instituciones como el Consejo Nacional de Estupefacientes (CNE), la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE), la Dirección de la Aeronáutica Civil (DAAC) y las áreas encargadas de los bienes en extinción de dominio, han sido protagonistas de importantes escándalos y algunos de sus directores y funcionarios han sido procesados por corrupción, violencia o narcotráfico”, sostiene la CEV.

Por su parte, la fuerza pública también se ha involucrado en este negocio ilegal. Desde los setenta la Policía se empezó a relacionar con narcotraficantes, y las alianzas aumentaron con la formación de carteles, el grupo Muerte a Secuestradores (Mas) y el modelo paramilitar del Magdalena Medio. A finales de los noventa el Ejército se involucró directamente en la lucha contra las drogas, pues se consideró a las Farc como un grupo narcoterrorista. Entonces, esta violencia favorecía los intereses privados de los narcotraficantes y, a su vez, la contrainsurgencia de la fuerza pública. 

En los noventa, al afirmarse que la lucha contra las drogas era la misma que contra las Farc, se ignoró que “los grupos paramilitares eran aliados del Estado en la lucha contrainsurgente y que estaban orgánicamente asociados al negocio del narcotráfico. Esto generó la criminalización del campesino cocalero, considerándolo la base social de la guerrilla y el principal responsable del narcotráfico. Esto ha servido para mantener la violencia contra los eslabones más débiles y diluir la responsabilidad de los actores políticos o institucionales, quienes son los principales beneficiarios del negocio”.

(Le puede interesar: El legado que nos deja la Comisión de la Verdad desde el diálogo social: reconocimiento, convivencia y no repetición)

 

Persistencia

Una de las razones por las que el conflicto se mantiene en las regiones es que los actores armados (insurgencias, paramilitares, narcotraficantes y fuerza pública) aún se disputan el control de la economía de la cocaína. Esto se debe a que, al ser un mercado ilegal, los beneficios del narcotráfico son mayores y lo vuelven más codiciado. Además, de acuerdo con el análisis comparativo territorial de la CEV, los niveles de violencia fueron más altos en lugares con presencia de cultivos de coca.

La economía de Colombia depende en gran parte del narcotráfico: por décadas ha regulado la economía tanto de los sectores populares y campesinos como de los dominantes. El Informe plantea que para hallar una solución, se debe replantear el mismo problema, ya que el discurso de la lucha contra las drogas ha determinado cómo el país ve el conflicto y la idea del “enemigo interno”. Este no es un asunto meramente delictivo o militar, pues como se ha dicho, tiene implicaciones sociales, económicas, políticas e internacionales. No puede seguir atendiéndose como una guerra.

Perseguir a los eslabones más débiles de la cadena, la militarización de los territorios, el prohibicionismo, las fumigaciones y la extradición no han llevado a superar la situación, sino a un callejón sin salida. La historia ha demostrado que son estrategias que no dan frutos, que por el contrario exacerban el conflicto. Mientras el narcotráfico siga siendo ilegalizado, brindará los recursos para seguir con la violencia, corromper a las instituciones y financiar ejércitos privados para sus intereses. “Debemos llegar a acuerdos que permitan la comprensión, regulación e integración de esta actividad”, concluye la CEV.

Actualizado el: Lun, 07/11/2022 - 16:55

La renuncia de Dario Acevedo: entre polémicas, tutela y negación del conflicto armado. 

La renuncia de Dario Acevedo a la dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica está rodeada de polémicas, tal como su trabajo en estos años. Sus críticas ante los Acuerdos de Paz, la Comisión de la Verdad y sus procesos abiertos por la JEP debido a las modificaciones realizadas al guión del Museo de Memoria, muestran la realidad de un gobierno que durante cuatro años puso trabas a la paz. 

Por: Susana Rincón y Natalia Brito

Cuando Dario Acevedo era el candidato opcionado en el 2019 por el Gobierno de Iván Duque para ser el director del Centro Nacional de Memoria Histórica causó polémica su afirmación en el medio El Colombiano al asegurar que “el conflicto armado no podía convertirse en la verdad oficial”. 

Su trayectoria académica junto con posturas en contra de la movilización estudiantil, los acuerdos de la Habana y la Comisión de la Verdad dieron luces sobre lo que sería su gestión, y lo que - más temprano que tarde - sería la posición del gobierno Duque frente la implementación de la paz. Hoy, 7 de julio, en vísperas de un nuevo gobierno, Acevedo radicó su carta de renuncia frente al Presidente de la República y al director de Prosperidad Social, Pierre García. 

Su salida se da en medio de cuestionamientos y polémicas: En julio de este año, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) le abrió un incidente de desacato por presuntamente incumplir con las medidas cautelares que lo obligaban a no modificar el guión del Museo de Memoria. Esto se dio, en primer lugar, por los cambios a la exposición “Voces para transformar a Colombia”, que había sido construida -previamente a su gestión- con las víctimas. Y, en segundo lugar, cuando el medio El Espectador publicó un artículo en el que se evidenciaba la reducción de cifras de los hechos victimizantes cometidos por el paramilitarismo. 

 

 

Todo este lío comenzó cuando en mayo del 2020, el senador Iván Cepeda realizó una petición pública, en donde alertaba una posible afectación a los derechos de las víctimas por “la vulneración a la verdad histórica, la memoria colectiva y la reparación simbólica” debido a las acciones que ejercía Acevedo en cabeza del Centro Nacional de Memoria.

Recordemos que, Acevedo, historiador y profesor jubilado de la Universidad Nacional de Colombia, fue nombrado director del CNMH después de que se consideraran personalidades igual de cuestionables. Entre la lista estaban el periodista Mario Pacheco, opositor a los acuerdos y rechazado por las organizaciones de víctimas; y posteriormente, el profesor Vicente Torrijos, quien incluyó un falso doctorado en su hoja de vida.

Frente a estos posibles nombramientos, escribió dos columnas de opinión en las que señala peyorativamente al Padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, como seguidor de la teología de liberación; y al comisionado Alfredo Molano como un ‘pro fariano marxista’. Además de decir que “la posición de quienes han propiciado el veto a estos candidatos … Han llegado al extremo de exigirle al estado y al gobierno “respetar” la autonomía académica del Centro y negar el carácter controversial de la verdad y la memoria”

Posteriormente, en contexto de la entrevista con El Colombiano, lo que dijo Acevedo a su llegada a la dirección fue lo siguiente: 

“Ese es un tema de mucha controversia, hay quienes sostienen que lo vivido en Colombia fue un conflicto armado, algo así como un enfrentamiento entre el Estado y unas organizaciones levantadas contra él; otros piensan que fue una defensa del Estado de una amenaza terrorista y de unas organizaciones que habían degenerado en su perspectiva política al mezclarse con el secuestro, el narcotráfico y los crímenes de lesa humanidad. Aunque la ley de víctimas dice que lo vivido fue un conflicto armado eso no puede convertirse en una verdad oficial”.

El pasado 5 de julio el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) inició el empalme con los miembros delegados del gobierno de Gustavo Petro. El equipo directivo de las entidades del sector de la Inclusión Social y la Reconciliación conformado por la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Lina Arbeláez; el director de la Unidad de Víctimas, Ramón Alberto Rodríguez; director del Departamento de Prosperidad Nacional (DPS), Carlos García Orjuela, y el hoy ex director del CNMH, Darío Acevedo, realizó una reunión donde agiliza el intercambio de información sobre el trabajo realizado en estos años del gobierno saliente, y así sentar las bases de continuación frente a los retos sociales que asumirá el presidente electo el próximo 7 de agosto cuando se posesione. 


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Actualizado el: Jue, 07/07/2022 - 18:32

Entre el silencio y el estigma de la guerra: el impacto del conflicto armado en la salud mental de las víctimas

En Rutas del Conflicto ahondamos en el impacto del conflicto armado en la salud mental de las víctimas. En el capítulo Hallazgos y Recomendaciones del Informe Final, se habla de cómo viven las víctimas su duelo frente a lo que les sucedió en la guerra, la constante revictimización en su cotidianidad y el estigma que un país les recalca todo el tiempo.

Por: Susana Rincón 

“Las experiencias traumáticas muchas veces son difíciles de compartir, la figura del abuelo que ya no está, del padre del que se habla siempre con dolor o de la hermana que se fue a la montaña, hace que muchas familias se hayan refugiado en el silencio que duele o en el silencio protector de los otros…” Este es uno de los fragmentos que se plasmó en el apartado Las consecuencias del dolor atraviesan generaciones, del capítulo Hallazgos y Recomendaciones del Informe Final. Uno de los tantos ejemplos que guarda esta guerra de más de 60 años en Colombia que marcó la salud mental de sus víctimas. Las cuales han sido re victimizadas, no solo por la sociedad que, a veces no empatiza con su dolor, sino también por un Estado que no va más allá de la burocratización de sus respuestas. Ante este sufrimiento que, como ellas mismas mencionan en el Informe, lo viven muchas veces en silencio.

Daniela Ramírez, psicóloga con énfasis en género, derechos humanos y atención psicosocial, le expresó a Rutas que las víctimas de conflicto armado han sido tan re victimizadas, y se ha normalizado tanto la violencia de su entorno, que por eso se dificulta su trámite del dolor. “Cuando una persona ha sido víctima se generan cambios a nivel personal, familiar, organizacional, comunitariamente, a veces no solo por el hecho que pasó, sino por su revictimización constante”, agregó.

Como sociedad colombiana, ¿Qué realizamos frente a estos escenarios de revictimización? Ramírez señaló que estamos normalizando la imposibilidad de brindar una ayuda y escucha a las víctimas, cerrando los canales que permiten a estas personas una ayuda institucional clara y concisa, puesta al nivel del entendimiento de las víctimas, con profesionales que, a veces, no tienen el tacto para ponerse en los zapatos de quien brinda su desgarrador testimonio de vida.

“Encontramos que las víctimas son absorbidas por un sistema poco empático, deshumanizado. Nos han arrebatado, no solo la capacidad de diferir lo que es violento, sino también poder mirar al otro como un colectivo, no desde la inferioridad. Porque eso también es violencia, y la revictimización que viven todo el tiempo las víctimas en este país”, precisó Daniela Ramírez.

“Las medidas de reparación tienen hasta la actualidad un desarrollo parcial. Han llegado a una minoría de las víctimas (12 por ciento, en 2021) en el acceso de indemnizaciones”, señala el capítulo de Hallazgos del Informe Final, publicado el pasado 28 de junio en el teatro Jorge Eliecer Gaitán. A lo que añade, que en este camino se resaltan los valiosos procesos a pequeña escala de las agencias implicadas, pero se sigue quedando corto el acompañamiento con una visión estatal y social de conjunto. “Durante décadas, las víctimas sufrieron esa situación sin reconocimiento ni apoyo, lo que llevó a una vivencia de desamparo frente al Estado, de no tener a quién acudir, quedar sin salida ante crímenes que nunca tuvieron reconocimiento. Todo esto incrementó el impacto”, puntualiza el capítulo.

Claudia Vásquez, víctima del conflicto armado, cofundadora de la Casa de la Memoria en Santa Marta e integrante del movimiento Hijos e Hijas por la memoria y contra la impunidad, nos habló desde su experiencia. “Hay que hacer un llamado al reconocimiento de la sanación de nuestro pasado. Las víctimas le venimos apostando hace mucho a ese proceso, y la ciudadanía debe involucrarse en la construcción de superar esas diferencias, entendiendo que ese pasado que vivimos en la guerra nos debe impulsar para cimentar el futuro del país”.

La Ruta Pacífica de las Mujeres es una iniciativa feminista creada en 1996 para visibilizar los impactos de la guerra en la vida y el cuerpo de las mujeres. Gina Arias, psicóloga e integrante de la Ruta Pacífica, en entrevista con Rutas del Conflicto resaltó tres puntos importantes sobre este tema, también señalados en el Informe Final de la Comisión de la Verdad: el primero, la invisibilización de las víctimas, promovida por una sociedad colombiana que no converge con este dolor. El segundo, el silenciamiento constante a los procesos de organizaciones de víctimas y de víctimas individuales que encuentran un sentido de vida en ese camino de ser escuchadas o encontrar respuestas a su dolor. Por último, el tercer punto es la negación del conflicto en territorios donde aún es latente la ocupación de grupos al margen de la ley.

Aquí es donde surgen los grandes interrogantes sobre nuestro papel como sociedad colombiana, ¿Qué estábamos haciendo cuando sucedieron todas estas violaciones a los DDHH?, ¿Qué responsabilidad nos corresponde como país frente a estos hechos? Teniendo siempre presente la construcción de un futuro donde no vuelvan a suceder estos crímenes, y donde las víctimas no tengan que pasar en un silencio obligatorio su duelo, ni el estigma de la guerra las persiga más.

 

Actualizado el: Mié, 07/06/2022 - 12:48